Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

domingo, 29 de abril de 2018

Fondos bravos



  A ver si consigo demostrar que se puede escribir casi de un tirón una frase como ésta que, aunque no dice nada, muestra cómo realizar un texto corto para alegrar a los auspiciantes, que piden producción. Pero no, no caeré otra vez en esa trampa del lenguaje que es hablar del lenguaje. Quiero resucitarme para alegría de una viuda alegre. La compondré abajo, en otro párrafo, así tengo lugar y no se chocan unas ideas con otras. Preparados...

  Ésta no fue hecha con ojos claros. Los tiene marrones, aunque bastante suaves. Un marrón verdoso, tal vez. Pelo castaño, como un rubio muy oscuro, dormido, apagado. Linda sonrisa, dientitos perfectos. Te dibujo para interpelarte. A los demás no les cambia mucho la descripción de una escala cromática. La clave del misterio es la siguiente: vivís lejos. Eso te molesta un poco. Otra clave: sos la novia de alguien que quiero. Por esta razón, me abstuve de hacerme el loco. Cosa moral. Además, el sujeto de tu amor puede matarme con apenas dos golpes. Pero no se trata de temor la causa de mi respeto a vos. Simplemente evito dañar lo poco que me queda de honorabilidad.

  Me parecés linda chica, vos que vivís lejos, tan lejos como la Mierda. Me lo dijiste hace un tiempo, que el viajar a Capital te cansa. ¿Me equivoco? Tal vez me equivoque yo y no estés leyendo estas líneas. Solamente digo que tengo gran concepto de vos. Quería que te llegue este saludo respetuoso y alegre. Ya volveremos a conversar sobre la vida, las mujeres, las pasiones y los sueños que revientan a la juventud. 

Muros bravos



  Una concepción de la escritura creativa me impuse de un tiempo a esta parte: "A veces menos es más". Textos siglo XXI. Hibridez entre prosa y poesía. Algunos finales con sabor a cuentito. Principios de novela. Una totalidad que conforme una gran obra. Una variedad de temas que van de la política a las relaciones de pareja. Y, por supuesto, la reflexión sobre la producción de uno. En definitiva, escribo para ser leído con facilidad. No sea cosa que los escritos más extensos espanten a lectores vagos.

Mundos bravos



  Veo a mis viudas reclamar algo a la distancia. Ellas me matan a lo siglo XXI: eliminación virtual. Black Mirror. Pero luego corren detrás de las sombras de mi holograma. ¿Será que no se puede resucitar a nadie del cementerio ficticio? Una me envío a la papelera de reciclaje por mis panfletos en contra del aborto y del feminismo de pañuelos verdes. Otra me congeló por la simple razón de que no correspondí su cariño. También hay una piba monto que me bloqueó en Facebook, pero, misteriosamente, me rehabilitó, aunque ya no figuro en su lista de contactos. Raro. Tal vez quiera seguir mis publicaciones más por odio que por amor. No sabría decir. Veo nomás que no conecto con ninguna. 

  Algunas tienen novio, novios que son mis amigos; amigos que son liberales, pero no al extremo. Otras directamente ni me registran. Están también las femiabortistas que sienten atracción por uno, pero que me abortan de su mente por mi profesión de fe. Otro capítulo las que me siguen y no sigo, las mismas constituyen un tema doloroso. Así, en una falta casi absoluta de entendimiento, las nuevas tecnologías poco ayudan a conectar. Antes, en el tiempo de la presencia, una mirada sincera podía resolver un conflicto. Ahora, el ver a alguien en persona parece una utopía, cuando siempre fue lo más natural del mundo.

Tiempos bravos



  El Oso Rojo me reveló una gran verdad. Ahora, no sé si podré reproducirla con su misma maestría judía. Convengamos que el pasaje de la oralidad a la escritura implica una transacción en la cual las palabras pueden perder fuerza (o ganarla). Sin tanta entrada, sirvo el plato fuerte: Rosen afirma que cualquier joven de una comunidad no urbana del África vive aventuras muy intensas, aventuras cercanas a las que protagonizaron nuestros antepasados. Nosotros, en cambio, bichos de ciudad, ratones de biblioteca, conejillos de Indias del marketing político. Guardamos el instinto de nuestros padres primitivos, de nuestros pares del África profunda. Pero nos desenvolvemos en una dictadura de barreras varias que nos estresa. Sí, el estrés ha de explicarse como el desajuste entre tendencias naturales, heredadas, y el entorno actual que nos supimos conseguir, que nos supo conquistar (el combatiente capital).

  En un rapto de exageración humorística, el Oso Rojo dice que nuestros hermanos del África última corren animales salvajes. O corren de ellos. Nosotros, en cambio, nos movemos entre obstáculos varios. O nos dejamos transportar en una quietud casi antinatural. Desde ya, nadie reivindica una vuelta a ningún origen ni se hace culto al mito del buen salvaje. Rosen se llama Rosen, no Rousseau. Simplemente, se intenta mostrar ciertas tensiones que existirían en el sujeto contemporáneo. 

  Tal vez, sin querer, he falsificado las tesis de abril del Oso Rojo. Me hago cargo y pido disculpas si falto a la verdad. Esté errado o esté bien, quiero seguir construyendo texto sobre lo anterior. 

  En base a las consideraciones precedentes, entiendo que somos la posibilidad de un hombre. Una variante sofisticada. Tal vez por ello pagamos el desfasaje hormonal de no matar ya a los golpes, sino de matarnos en los mercados, evolución de las junglas que nos dieron el ser. Nuestros mayores asesinaron, fallecieron y copularon a mansalva en un período que no excedió los veinte años. Nosotros estamos en la franja en torno a los treinta, más o menos, y todavía nos seguimos masturbando. ¿Cómo no vamos a estar locos? 

  Dedicado a N. R. 

Puntos bravos



  Un salto de calidad que termina en el vacío no vale más que un quedarse que no dice nada. Al menos eso piensan algunos. Difícil saberlo.

  Las imágenes se me repiten siempre las mismas en noches iguales a otras noches: trenes que escapan a Oestes robados al imaginario popular; subtes que se internan en lo hondo de ciudades que no existen; autopistas nunca construidas que se adentran en un Sur siempre virgen y misterioso.

  Las recurrencias dicen algo una y otra vez. Entiendo un movimiento hacia límites inciertos, un caminar casi circular que iguale a la luna y el sol en el fondo de una laguna fría. 

  Así, entre reediciones de fantasías añejas, cierro este episodio de un nuevo canto al futuro y la libertad. Porque el tiempo de mi escritura reside en lo venidero, no en la biblioteca de lo pretérito.

sábado, 28 de abril de 2018

Puertos bravos



 Hay margen para imaginar un paseo por Avenida Gaona una tarde de sol. No muy lejos del Cid Campeador, el mismo que galopa mi sangre. O puede que de una semana a otra estés en Europa, continente de mendigos y lágrimas. Y nosotros no estamos en ningún lado, rubia de espada llevar (y no hablo de la Virgen Atea, esgrimista fatal que despierta las vigilias de justos e injustos). 

  Hagamos un ajuste: salimos a caminar entre paredes cómplices de abrazos repentinos y árboles amigos de novios furtivos, falsos, puros e impuros. Vamos por Honorio Pueyrredón sentido Norte. Te señalo una nube y otra porción de cielo tatuada por un avión blanco. Reís. Te hablo de mi experiencia atroz como empleado de limpieza en el Jumbo de Almagro, templo de las ratas en Buenos Aires. "La pasé mal, pero hoy trabajo de lo que me gusta. Gano dinero con el blog. Y hago otras cositas más. La vida tiene eso. Hace un tiempo, andaba solo. Ahora estás vos". Te brillan los ojitos. Te hago sentir que sos el milagro más poderoso del siglo XXI. 

  Vemos pasar los colectivos llenos de votos, necesidades y derechos. Los autos pasan también, manejados por votantes supuestamente calificados. No creemos en el entorno inmediato. Nos miramos. Desconfiamos de la vieja que no levanta la mierda de su perro. Sabemos muy bien que no tiene autoridad moral para elegir nuestro destino. Tampoco un Sísifo que levante infinitos de excremento es un santo por emprender semejante empresa por toda la eternidad.

  Me resisto a creer que soy solamente cuerpo. Te hago silencio con mi silencio. Sentís lo que deseo expresarte. Hay confianza. No tenemos la aguja del reloj metida en el culo. Caminamos tranquilos, lentos como tortugas jubiladas con la mínima. Se cruzan las miradas. Te tomo de la mano. Me apretás. Pasa un amigo por la misma cuadra. Buen pibe. Una vez creyó que le robé un frasco de café el muy obse. Terribles cosas le hice. Pero nunca le sustraje un fucking frasquito. Me hago cargo de lo que erré, no de lo que no (¿suena feo "no de lo que no", no?). Te presento al muchacho, te cae simpático, no siento celos. Él está apurado, así que rechaza ir a tomar algo. Pero, antes de irse, dice de ir a cenar mañana. Le decimos que sí.

  La marcha sigue. Te sentís muy viva, llena de sol, de calentura, de energía cósmica. Desplegás un discurso medio raro, te desconozco. No entro en los portales de ninguna era nueva. Te muestro una casa en una calle que corta. "Ahí vive un tipo que vende libros a muy buen precio". Asentís. Bruscamente, instalás un cambio de agenda: "¿Vamos a mi casa? Tengo ganas de coger". Viajamos en taxi porque andás apurada y tu casita es lejos. 

La gestación de un yo



  Una frecuencia amplia, lejana, que se pierde con yerros propios y ajenos. Eso antes. Hoy, la construcción de un yo propio, no de otros, que juega a gustar y degustar. 

Verosimilitudes


  Pregunten, pregunten que yo contesto. O pidan tema, que me encargo de desarrollarlo hasta que sea del Primer Mundo. Jorge Asís, el Genio de Avellaneda, se define como "profesional de la palabra". Yo soy un barrabrava de la prosa, un fundamentalista del párrafo provocador, un loco de la oración subordinada, un asceta de las frases descontroladas...

  Con Macri o sin Macri, la vida sigue. La vida sigue ciertas mezquindades de hombres violentos, mujeres falsas, niños caprichosos, viejas pelotudas, cornudas resentidas, zurdos reventadxs, estatistas trasnochados, liberalotes enojados, fachos bolastristes, anarcogidas, porrerous, perros, hippies verga quesuda, vecinos chotazos, policías abusivos, ladrones de vidas inocentes, feministas de conchas olor a mierda, militantes de la nada, barriobajeras traficantes de ternura y tres puntos suspensivos...

La mujer policía del premetro



  Blanquita, el cabello castaño oscuro en una colita prolija. Ojitos también castaños. No la típica chica marrón de tierra adentro. Tampoco no europeidad excesiva en los rasgos. Digamos que vi una señorita policía argentina: mediterránea, oliva, algo mestiza, toda perfecta.

  Ella, la policía, arriba del premetro. Viaje a Plaza de los Virreyes, el subte olvidado de Flores Sur. 

  Cunto más al Sur, más olvido, más desesperanza. Y pienso que un ladrón puede aprovechar un descuido de la mujer policía para quitarle el arma, herirla y robarle a todos los pasajeros. Dios no lo permita. Ahora bien, o ahora mal, pregunto: si un varón ejerce violencia contra una uniformada, ¿hay una cuestión de "género" en ello? Cuando una polichica recibe castigo en una manifestación, las feministas se desentienden. Anyway.

  Valiente la policía de la Ciudad, ella con la remera bordó y los pantalones negros igual que los borcegos. Así, tan bonita como luce, puede fusilarte de un disparo en la frente. Puede hacer infeliz a tu madre. Puede fabricar viudas en minutos. Dudo de que una muerte sea capaz de perturbarla. 

  Decía, o no, que me miró. ¿Qué habrá pensado del sujeto de barba y pelo largo que la asaltaba con la vista? De buenas a primeras, y de malas a últimas, el decir de hippie, zurdo, boludo y el coche en mar. Aunque podría haber visto a un colega, pero de la brigada. Poli de civil, de esos que la pasan mejor que Dios. Porque reciben todos los beneficios del gremio sin padecer la marca de la gorra, el yugo del uniforne infamante.

  Luego de barrios pesados, como Villa Lugano y Villa Soldati, llegué a Plaza de los Virreyes, también conocido como Intendente Saguier. Al bajar del premetro, toqué el vidrio que cubre a Nuestra Señora de Fátima y me persigné. Luego pasé el molinete y encaré para bajar las escaleras. Pero antes del descenso, la vi a la polichica: me miraba con un dejo de deseo criminal. O con ira. No sé. Pero me miraba. Y yo la miraba a ella. 

martes, 24 de abril de 2018

Adelante por siempre




 Huida hacia adelante. Siempre de frente. No dar la espalda. Tampoco quedarse a morir. Pasar por encima de todo. Agarrar la pelota y correr y correr y correr. Nada de pisar el balón y recalcular. Todo ir, todo ir, con el riesgo menor de que el esférico termine afuera. 

  Ir adelante. Llevar la cabeza de cuero, la de millones, en una corrida memorable. El sueño de pasar la línea del gol. La marcha triunfal del que rompe un cerco que amenaza muerte. 

  ¿Quién es más valiente en la lid de la vida? ¿El torero, que planta bandera roja frente a la muerte, o el toro, que a suerte y verdad, sabedor de que ya nada existe, embiste y embiste? 

  Dedicado a N. M.
  

lunes, 23 de abril de 2018

Solcito de la Patria



  Una chica del Conurbano - me gusta decir Conurmalo - arroja una clara mirada holandesa a este pasajero de un colectivo sin frenos. Quiero bajarme de mi viaje, de mi fuga al fin, pero no consigo excusas que me arrojen a su dorada presencia. Me voy, se va. Ella me va. Le vi magia. Aunque no creo en ningún Happn que me la resucite a otros días. Entonces la dejo muerta en el cajón de recuerdos literarios. Reformulo, a ver si se ofenden con mi expresión, que viene de "matar la pelota"; digo, pues, que alguna damita bonaerense habrá de preguntarse "¿era yo?" al leer estas líneas.

  Minutos después, ya en Ciudad Autónoma del Desaire, el transporte proletario, prolebus, me internó muy cerca de un subte. Debajo de la tierra, vi el sol de la bandera pintado en un vagón. El rostro resplandeciente de la Patria me quemó el pecho de orgullo, de argentinismo limpio y folclórico, casi como ese ser imaginario que le vendemos a los turistas. Porque el país nos inventa, los políticos lo revientan y nosotros lo reinventamos. Inventar, reventar y reinventar. El verdadero ciclo de la vida. En otras palabras, nacer, morir y resucitar.

  Y la chica del Conurmalo, como dijo el imaginario novio inglés de Lisa Simpson en el futuro, es "la flor que crece en el pántano". 

domingo, 22 de abril de 2018

Dominguito de abril



 El abril más caliente en seis décadas. Domingo de sol. Caminé desde Villa Crespo a la Biblioteca Nacional. No son tantas cuadras como parece. Pero las caminé yo, no la lengua negadora de otro. Y sí, hoy dejo la abstracción, la vaguedad y la indefinición y doy lugares precisos, estado del tiempo, actividades...

  No me quiero dar de galanazo fatal, pero siento que me miran las mujeres por las calles de Buenos Aires. Alimento para el ego. Será por esa vanidad que no hago demasiado por tener sexo con alguien. Mejor dicho, no hago nada. No invito nunca a salir a nadie (tampoco suelo tener mucho dinero). Rara vez le mando algún mensaje a alguna (escribo unas líneas en Facebook, comentario sobre bueyes perdidos, y si no arranca, me pierdo yo también como un buey bueno para nada). 

  En la semana, trabajar y estudiar. Y cuando da, caminar como loco un millón de cuadras y mirar todo: casas, chicas, murales, pintadas, árboles, bebés, flores, nubes. 

  "Cuadras como cuadros" definiría mi manera de vivenciar la ciudad. 

jueves, 19 de abril de 2018

Londres por Alan




  Un sol contra otro sol. Soles. Los cuadros raros que se venden en la peatonal Florida. Pirámides en la luna, una mujer de verde que mira al espacio infinito, una nave al lado de una palmera, un fondo de estrellas. Imágenes imposibles. No sé por qué me acordé de esta locura. Ya que estamos, armo el paisaje que me gustaría para mí, en otro párrafo, el de abajo...

  A ver, me gusta Londres. Pongamos por caso Westminster, o Camden, dos subdivisiones de la capital británica. Lugares caros, obvio. Sigo. Salgo a correr todas las mañanas por Primrose Hill. Me lleno de energía para tener un buen día. Trato de robarme las pocas jornadas de sol que pueda tener el año. Termino de entrenar. Elongo desde lo alto de la colina, de cara al Eye of London. Saludo a la gente que pasa, que ya me conoce. Desciendo lentamente, mientras miro al cielo con alegría. 

  Por la tarde, enseño español en una academia o universidad. O voy a oficinas de personas de negocios. Me gano la vida con mi lengua patria. Converso sobre Argentina. Sigo con la explicación de los verbos. Doy la clase de pie, siempre. Transmito energía, recorro el espacio, interpelo a los estudiantes. Los hago repetir frases. Aprenden rápido. No dejo de sonreír. Cada tanto, suelto algún chiste. Tal vez, por qué no, soy profesor de literatura en algún lado, aunque parezca más complicado.

  A la noche, para ganar un poco más, trabajo unas horitas en un hostel. O un bar. O cuido a un anciano, del cual me hice amigo. Obvio que no soy rico. Tampoco me interesa. Sí me gustaría una novia. Me cuesta consolidar vínculos durables. El país donde nació Black Mirror. Lo bueno es que tengo una vida íntima más rica que en Buenos Aires. Ser extranjero ayuda. La calidez sudaca cotiza en bolsa.

  Desde ya, esto tiene más de delirio que de realidad. En verdad, Londres no es para todos. Una ciudad cualquiera del Reino Unido tiene alquileres y transporte más accesibles. Confieso que una vez me colé en el subte para poder comer. Salí de la boca de subte de Swiss Cottage como si el Underground fuera un monstruo del cual escapé. En criollo, me sentí Maradona luego de hacerle el gol con la mano a los ingleses.

  Cinco días estuve en Londres. Desde ya, lo mío no sirve como parámetro. Sin embargo, opino. Hay gente que habla y nunca salió del país. En mi breve estadía, fui excesivamente feliz. Cuando esperaba el Flixbus en Victoria Coach, una terminal de micros desde donde me fui a Bruselas, me sentí muy triste. En 33 días en Europa, solamente en la bella capital inglesa sufrí por la partida. 

  Desde ya, las Malvinas son argentinas. Una cosa no quita la otra. Siempre se ha dicho que las relaciones entre ambos países van del amor al odio con pocas escalas. Sin ir muy lejos en el tiempo, fue durante la gloriosa época de Menem que, en mi infancia, recibí, por parte de mi padre, dos alcancías de metal con motivos típicos londinenses: cabina de teléfono roja y buzón de correo, también rojo. Desde ese momento que algo rondó en mi cabecita. Si mi niñez se hubiera dado en la era kirchnerista, con el canal de televisión Paka-Paka, probablemente sería un adolescente con ganas de conocer Machu Pichu. Da para cuestionar el así llamado "eurocentrismo".

  Anyway. En un par de añitos, si Dios quiere, me veo en el Reino Unido. Si se da Londres, mejor. Obvio que éstas son cosas que uno dice. "Una golondrina no hace verano", suele repetirse. Podría decirse que un turista no deviene necesariamente en emigrante. No lo sé. Sí puedo afirmar que llegué a caminar más de doce horas seguidas en la otrora capital del mundo. Conocí las tiendas baratas, como Iceland, el DIA inglés. Me colé en el subte, lo dije. Me congelé al lado del Támesis. Compré alimentos en las tiendas de los caballeros simpáticos de tez marrón y aspecto oriental. Hablé con hispanoparlantes expatriados. En síntesis, hice un viaje de exploración, no de turismo clásico, pese a haber cometido el pecado capital de pagar 27£ para subir a esa ruedita tan loca. Y bueno, ingresé al British Museum, lugar gratis ya que los anfitriones se cobraron todo con conquistas bélicas.

   Me cuesta cerrar el texto. Simplemente dejo estos retazos de pasado y futuro a disposición del mundo. Para el que pueda ir, le digo que vaya. Londres es una ciudad cara, pero Buenos Aires tampoco se caracteriza por ser muy barata que digamos. Vale decir que el sol porteño, molesto en verano y salvador en invierno, cuenta como algo que extrañaría en una eventual estadía prolongada en el país del cielo nublado. Obvio que también echaría de menos a mis afectos. Pero veo allá un porvenir que acá no. Seguridad y oportunidades laborales no abundan donde se mata por un boleto de colectivo. Alguno me dirá que los británicos han asesinado a muchos. No lo niego. Pero contestar semejante burrada comunista no sirve para tapar la inseguridad infernal que se vive - "vive" parece ironía - en la Argentina.

Medida sin medida



  Como un falso cielo, como una tierra de mentira y verdad. Alegría sin sustento, miradas miradas sin aliento. Miradas miradas que queman el viento, que iluminan los porvenires y las cabecitas de las chicas inteligentes de Orangeland. 

  Dicho de otra manera, 

miércoles, 18 de abril de 2018

Medida de



  Vuela sobre la ciudad. Las chicas no ven al ángel, que se cree simple mortal. La imposibilidad de unir dos planos. La oración que nunca falla me la dijo un cura de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Parque Chacabuco: "Señor, hacé algo por mí". Dios me ama demasiado y yo no lo merezco. Mis alas se queman en vano. Pero Cristo me perdona mirar la tierra y sus flores. Las almas que llevan consciencia de ser almas corren con ventaja, aunque arrastren la carga de muchas sonrisas.

En la medida de



  Los que se inventan, los que se reinventan y los que se revientan. Los vos, los yo, los ellos. Una posibilidad remota de configurar la escena a voluntad. Entonces, sale el ultraje de mil galanes devaluados e ingresa tu mirada sensible, iluminada por tus ganas de poner amor en señorita buena que ande dispuesta (lo mismo da si va por indispuesta). 

Creer sin medida



  Que se trata de creer. Eso decía. Creer que todo se trata de un desafío, que no hay muerte después de la muerte, que amarse uno resulta tanto o más importante que te ame una otra, otra mirada y admirada por muchos. Porque oír las frivolidades de la gente de oficina te deja sordo y te quema los testículos.

domingo, 15 de abril de 2018

Comentario pendiente



  Pierdo un poco los ojos y tengo la locura del lunes. Temo la mañana con el alma e imploro la misericordia de una noche silenciosa y quieta. Escribo como un loco. Veo lo que no veo y participo de una calma general que habla de otros tiempos. Regateo lo concreto por aspirar a consolidar una masa amorfa de nubes, ensayos, discursos y formas alternativas.

  Dejo de abstractear un rato y juego al pato. Digo que veo una premiación en un momento de esto. Me creo explicando toda esta chifladura producida en serie. Aunque haya algo de artesanal en mis relatos de impronta casi latina, tengo la veta industrial de imprimir e imprimir e imprimir. Cumplo con el contrato. Otro cantar el de la demora al pagarme. Dios se los pague y a mí me dé el triple de lo que me quitan en impuestos. Vuelvo a lo central, disculpen el reclamo salarial. Decía que en los países desarrollados valoran mi capacidad de hacer en medio de un mundo deshecho, desechado. El Tercer Mundo se me propone como desafío. Entonces hago una personalidad entre tantos rostros iguales en la desgracia de ser comunistas.

  Profundizo lo anterior: veo un coloquio con uno como centro. Pero no centro del mundo sino centro de miradas. Conejillo de Indias. Fenómeno de circo. Caso clínico. Sujeto de análisis y objeto de laboratorio. Me preguntan por todo. Me esfuerzo en responder con claridad. Sonrío siempre. Vos me traducís a la perfección, yo escucho y entiendo, pero pronuncio pésimo. Me festejan los chistes. Me río. Deliro. Salgo del lugar del observado y paso al frente como observador. Conservo la posición. Invento algo mejor. Me desvío. Me hago con el señorío. Me aplauden. Invento una deuda por mi presencia. Me facilitan un vale por una cena y un pasaje en tren. Agradezco el gesto. Se admiran de mi humildad. Voy a la puerta y no regreso nunca más como freak. 

Estás leyendo como...



  ¿Cómo estás leyendo? Bueno, pasemos a otro tema. Pongamos al sol como garantía de color a la vista y evitemos amargarnos por amargarnos. Ahora pensemos qué frase queda bonita como estado de WhatsApp. A mí me gusta una que me pediste prestada: "Buenos Aires, capital del siglo XXI". Dimos un Papa. Parimos un Alan. No seré Messi, pero. 

  Pero creo que podemos seguir subiendo las fotos del viaje a Europa para que no nos baje la moral el horror de las páginas policiales. Veo cómo se matan los unos a los otros en las calles del Conurmalo y siento ganas de emigrar. Te digo, rubia diosa provincianita, que ni vuelvas a tu tierrita de parcos, parquitos. Quédate allá, del lado de los consumidores. E invitá un poco, para que pueda explorarte con otra sensibilidad de lengua. Che, en serio que veo con gusto una raya en tu rayita. Ahora que lo pienso, ¿estás depilada? Ya tengas una selva, un desierto, o una placita bien podada, tengo ganas de adentrarme en territorio tuyo.

  ¿Me fui a la banquina? No importa. Hoy juego otra vez a ser malo para que vos te sientas buena, querida obsesión que me inventé. Una interlocutora lejana va mejor que una vecina. Ya te dije hasta la locura que la meta no es meta y ponga sino escribir. Te escribo a vos. El otro día me hice letras para la señorita de Amargo. Pero, en general, suelo tenerte muy presente en mis prácticas de escritura. A la Virgen Atea, mi mejor amiga, la tengo abandonada porque me trata con amor perfecto, católico, santo. Lo mismo que la Piba Troska. Quedaste vos como la mina del derrumbe, del no excelente, del fallido sublime, de mi condición patética. La mina que me explotó la cabecita una semana. Te traigo nomás porque me pagan por generar contenidos. Si no comparto algún escrito con el mundo, no hay cheques. La vida del Profeta Proletario, Proleta-Profeta para mis amigos.

  Me leerán llenos de alcohol, o marihuana. Y yo les escribiré con algo de Dios, con alguito de vos. Entonces, entre nosotros dos se dará una comunidad imaginaria de besitos, abrazos, miradas, silencios, mordiditas, risas y olvidos múltiples. En verdad, y esto lo digo en serio, creo haber hecho méritos suficientes como para que me concedas un café y tu bendición. Al igual que mi amigo Francisco, creo en los buenos deseos de los unos a los otros. Si no me querés ver porque pensás que soy un loco, cosa que es cierto, te pido simplemente que, en un gesto de grandeza, mires al cielo del Norte y digas "lo mejor para Alan". Muchas gracias por tu amable atención y perdón por las molestias.

sábado, 14 de abril de 2018

Alan




  Hombre en soledad. Coleccionista del no femenino. Amigo de las letras. ¿Qué más? Puedo decir mucho sobre mi humilde persona. Y eso haré...

  Pienso en el sexo como algo lejano, imposible. Sin ser selectivo en exceso, no acepto darme a cualquiera. Entonces, entre las rechazadas y las que me rechazan, se me va la vida en contemplar vaginas que nunca podré tocar. 

  También pienso en el amor. En este campo, recojo las mismas flores que en el sexo: hay algunas que sienten algo por mí. Pero yo no me entrego a ellas. Otras, en cambio, son admiradas por mis sentimientos, los cuales no hallan eco en sus destinarias. Así se me va la vida en contemplar bocas que jamás podré besar. 

  Además de escribir, actividad no remunerada en mi caso, trabajo, estudio, salgo a correr, visito a mis amigos, voy a caminar, leo los diarios en internet. En verdad, admito que poco tiempo le dedico a la faena de buscar sexo, novia, amigovia o amigarche. Tal vez sea un error el no empeñarse más en la búsqueda. Soy de la creencia de que "todo llega". Pero con 29 años, siento que hay días en que pierdo el rumbo, días en los que mi suerte aparece sellada en la marginalidad  afectiva y sexual. 

  Hace muchos años que vengo con estos trastornos. He probado ser de diversas maneras, cambiar el vestir y el peinado y siempre terminó frustrado. Por eso, de un tiempo a esta parte, elegí ser yo, que tampoco resultó en ganancia. Me dejé el pelo muy largo y me recorto la barba una vez por semana. En otra época, andaba afeitado y con el cabello corto y lo mismo me rechazaban. Así que me dije: 《Voy a darme el gusto de hacer la mía si total, haga lo que haga, no me van a dar bola》.

  Cualquier desprevenido que lea la columna anterior puede imaginarme como un cavernícola. Primero, me baño todos los días y hago abuso del perfume. Otra: mi barba no es larga. Algo más: salgo a correr a diario y procuro tomar algo de sol ya que, por naturaleza, tengo la piel racistamente blanca, uniforme biológico que no me da orgullo portar.

  Parece banal hablar de afeitarse o no, o del perfume y el cabello. Pero detrás del narrador que he sabido construir, existe un autor inmerso en un mundo que, las más de las veces, le resulta ajeno. La austeridad y cierta cosmovisión católica me llevan a ser lo opuesto al personaje de Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street. Oveja no soy. Pero no me interesa ascender a Hitler de las finanzas y tener una guarida o un búnker en Nueva York, Londres, Hong Kong o Buenos Aires.

  Algo del Papa Francisco, un poco de Houllebecq, una pizca de Jorge Asís; el optimismo de Daniel Scioli, la agresividad de un Guillermo Moreno, el humor de Donald Trump; la melena y la barba de Jesús, la sonrisa perfecta de un gringo cualquiera, el rostro de un europeo meridional; la lujuria de un hombre sudaca, la caballerosidad de un londinense, la fuerza moral de un musulmán, la alegría de un negro, la devoción católica de un mexicano y la soberbia de un porteño. 

  Podría escribir más. Pero prefiero que me describa mi obrita. Simplemente quería dar una semblanza sobre mí ya que un amigo, el Rusito, me hizo acordar de unas palabras memorables que escribí en una oportunidad. En este blog, anexo captura de pantalla con el mensaje universal de San Alan. En caso de que lean en formato libro impreso, habrán visto el texto en el recuadro que antecede a este capítulo. Dios los bendiga.

viernes, 13 de abril de 2018

Si tinta pinta



  Lo mismo por lo mismo. El mundo es uno y miles de millones. Mientras alguien delira en su blog, otro pelea por sobrevivir en un campo de refugiados. No descubro la pólvora, pero tampoco la escondo, maldita costumbre de nuestros días omitir todo atisbo de decadencia.

  En efecto, tuvimos miles de genocidios a lo largo de la historia. Cada persona vale por cientos, incluso por los hijos que no pudo tener, o las vidas que no pudo salvar. Vale mencionar que, como enseña Jesús, odiar a alguien equivale a matarlo en el corazón. Con esto digo que los muertos fueron muchos más que los de las cifras oficiales. Podríamos haber tenido una humanidad mejor. Pero, junto a esos millones de desaparecidos, se fueron oportunidades increíbles.

  El gobierno del futuro tiene que basarse en darle alegría al individuo, no dolor. La instancia suprema de poder de nuestros Estados es la muerte a manos de la policía. El día de mañana, los premios deberán tener más fuerza que la sociedad del castigo. Hoy hay muchos más presos que personas galardonadas por las autoridades, ¿o no? Tenemos más policias y carceleros que premiadores, si existe ese trabajo. En síntesis, más plazas de juego y abolición de todos los campos de concentración.

jueves, 12 de abril de 2018

Sueños locos CXVII (Embajador argentino en Francia)



  Tuve la dicha de ser nombrado embajador argentino en Francia. Luego de 16 años de desaciertos amarillos, Macri y Vidal, fue un gran honor representar a mi país en el extranjero, en el marco de un gobierno peronista, obvio. De todas formas, mi designación no estuvo exenta de problemas. A causa de mi identificación con la Iglesia Católica, los sectores duros del progresismo, y del kirchnerismo residual, exigieron mi remoción. El Presidente me mantuvo en mi puesto contra viento y marea. El espíritu de Francisco hizo el milagro. Por otro lado, y no va por fanfarronear, ninguno de los "intelectuales" de izquierda posee mis credenciales. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero algunos han afirmado que soy una mezcla de Houllebecq con el Turco Asís y que, solamente por ello, me hago merecedor de todo cuanto obtuve en mi larga vida. 

  Volví a Buenos Aires a los tres años de mi nombramiento. Se especulaba con mi renuncia por motivo de la escritura de esa novela cuyo nombre no quiero recordar. Ni bien llegué a Ezeiza, dije, en una improvisada conferencia de prensa, que no iba a abandonar mi cargo y que, como si fuera poco, tenía pensado acompañar a la gestión en un nuevo mandato, que lo daba por hecho. Un grupo de curiosos me aplaudió al escuchar mi discurso soberbio. No quiero hacerme el popular, pero solamente los ultras de izquierda me odian. Pese a esos sentimientos tan negros, tan rojos, ellos me leen. Aunque afirmen que lo hacen para burlarse de mí. No les creo.

  Llegué a la Argentina una mañana fría de junio. Recuerdo que me alegré al ver el sol, casi siempre ausente en París, Pagrís para los que la padecemos todo el año. De Ezeiza, fui directo a un hotel en Retiro. Quise pasar por mi barrio de pibe, Villa Lugano, pero la custodia no me lo permitió. "Señor, usted no puede ir a un barrio conflictivo sin avisarnos con dos horas de antelación. Si quiere, planificamos un operativo y lo llevamos. El Presidente nos encomendó que no haga de las suyas." Definitivamente, no me gustó la actitud de los cuatro hombres que me llevaban casi prisionero. Uno de los agentes, Walter Rossi, no paraba de reírse y de hacer bromas con el chófer. Sentí rabia en ese momento. Pero gracias al Tano, estoy vivo para escribir estas memorias que ustedes leen con pasión (eso espero).

  Ya saben de mi ideario católico (y caótico). Bueno, la gente de San José de Flores me organizó una recepción. Yo me bauticé allí, a los 16 años. Guardo un grato recuerdo en mi corazón. Convertirme al Catolicismo fue lo mejor que me pasó en la vida. Ya lo dije en muchas entrevistas. Desde ya, acepté con gusto el agasajo. Pero esa noche quería dormir, luego de tan largo viaje, y con el cambio de horarios a cuestas. En el hotel, no pude gozar de la siesta.

  Fui con mi señora, la Gringa, y mi hijo más grande, Miguelito. Mucha gente en la Basílica San José de Flores. Todos de traje. Ingresamos por la nave central y estiramos las manos hacia los costados. El nene no entendía mucho. Cinco añitos, pobre. Mi mujer se sentía feliz, pese a no hablar castellano y pese a ser mitad anglicana y mitad judía. Ella odiaba lo social, la exposición pública. Pero en Argentina se soltaba, se transformaba, se dejaba admirar. 

  Luego de veinte minutos, saludamos a casi todos los presentes. Cientos de personas. Muchos no me leyeron jamás. Sin embargo, me consideraban un genio. Me saqué fotos con todos y conversé con los curas, que nos recibieron muy bien. Me acuerdo que Miguelito quería salir corriendo al altar. Menos mal que la Gringa lo paró. El nene jodía con ser cura. Se ve que Dios le marcó de muy chico el camino que habría de seguir.

  Nos sentamos al fondo de todo, por humildad real, no demagogia. Pero la gente nos obligó a ir a la primera fila. El cura párroco abrió el acto con un discurso donde citaba a Cristo, a Perón, a Francisco. Se escuchaban aplausos y aplausos. "El hermano Alan nos demostró que se puede ser católico, argentino, peronista y culto. La erudición no es patrimonio de la izquierda, al contrario. Además, ustedes saben que este varón se hizo de abajo, creció en Villa Lugano, barrio históricamente olvidado del Sur de la Ciudad. Nos tenemos que mirar en este obrero de la palabra, que padeció el martirio en vida, cuando mucha gente de la política lo quiso callar al Juan el Bautista moderno. Nunca se rindió. Por eso mismo, por su perseverancia en el signo de la cruz, venció a la muerte. Gente, yo estoy orgulloso de que este santo se haya convertido a la fe verdadera en este templo". Se me soltaron algunas lágrimas. Le traduje al oído a mi mujer lo que el sacerdote dijo. En verdad, un exagerado total. Pero su testimonio me llegó. Algo de verdad había. La Gringa, muy emocionada, le contaba a mi nene lo que decía el señor de la fe. Miguelito lloraba, pero lloraba por ver a sus papás conmovidos, no entendía todavía del Peronismo, el Papa Francisco y el martirio en vida. Y no sabía qué es Lugano. Nació en Londres, pobrecito. La escuela de la calle no habría de tenerla nunca. 

  Se me acercó el jefe de mi custodia, el Tano Rossi. Pensé que quería mirar a la Gringa. Todos se enamoran de mi mujer a primera vista. Pero no. Me venía a dar un mensaje: "Señor, tenemos información de que lo quieren matar. Ahora van a hacer un baile, como un vals, antes de que hable el obispo. Tenemos que aprovechar para salir por la puerta lateral izquierda. De ahí, escapamos por Ramón Falcón." Desde ya, tuve que obedecer a "mi jefe". País de vigilantes, me dije. Tomé al nene a upa y le dije a mi esposa que había alguien afuera que tenía que ver...

  Llegamos a la puerta lateral izquierda del templo, muy cerca de un confesionario. Antes de salir, miramos hacia arriba, hacia el lado de Plaza Flores, frente al altar, y nos sorprendimos con la presencia de unos músicos y un coro de niños increíble. Me pareció extraño, sí, lo de los antifaces y las máscaras: como si fuera el Carnaval de Venecia, los hombres y mujeres, elegantemente vestidos, escondían sus rostros de forma picaresca. Sinceramente, una iglesia no está para eso, pero bueno. Medio masónica esa onda. Me acordé de la película Eye Wide Shut. Muy recomendable. Uno, como embajador y hombre de mundo, ha visto muchas cosas raras, cosas del demonio. Aunque semejante aquelarre en el sitio de mi nacimiento en Cristo... 

  Le pedí al Tanto Rossi que nos lleve al coro, que tiene pasadizos laterales que van a la cúpula, la cual a su vez tiene aberturas que van hacia la casa parroquial. "Tano, te pago si querés, pero me tenés que sacar de acá, por favor". El rubio, orgulloso, me rechazó el dinero: "Señor, su vida está en peligro. Posiblemente, el loco que quiere matarlo está en el coro. Vámonos, por favor". 

- Tano, cerca de la sacristía hay una tarima en desuso, con una tela negra que la envuelve. Mi don de clarividencia me dice que ahí hay alguien. - 

  Efectivamente, fuimos y encontramos a una mujer escondida ahí. Tenía dos escopetas y varias molotov. Los presentes en el templo no se dieron cuenta de la detención porque los custodios y policías de civil rodearon a la terrorista con gran maestría. Yo quise darle dos buenas trompadas en el mentón por meterse con mi familia. Me banco las balas traicioneras de los zurdos, pero nadie toca a mis hijos, a mis nietos y a mi mujer. Me contuve porque no podía caer por una denuncia de "violencia de género". Los marxistas son expertos en provocar. Y a mí no me van a cachar, eh. Esto me recuerda cuando dije, en una reunión en Casa Rosada, que estuvo bien el fusilamiento de los que quisieron copar La Tablada...

  Vuelvo a mi infierno personal. La terrorista terminó esposada en la sacristía. El cura le echó agua bendita y ella se retorció y gritó como posesa, que de hecho tenía mil demonios adentro. Mi señora le metió un bife. Averiguación de antecedentes mediante, nos enteramos de que la tipa estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en la misma época que este servidor. Me guardaba bronca de aquellos años. En fin. Dios nos salvó de un atentado digno del Estado Islámico. Semanas después, las fundamentalistas de la ideología de género intentaron quemar iglesias, matar sacerdotes, asesinar a médicos provida y muchas cosas más. Pero fracasaron en todo y cada uno de sus intentos. Las locas esas se ganaron el odio de la sociedad entera. Todas esas amigas de Satán todavía están en prisión, o en el manicomio. 


miércoles, 11 de abril de 2018

Dulce desesperación



  Tomar el control remoto y adelantar lo peor de la película de la vida. O rebobinar a los momentos mejores. Ya se dijo lo anterior. Casi todos hemos querido escapar con ciencia, tecnología, magia, arte o milagros de las situaciones más mierdas. En cambio, en las horas perfectas, quisimos quedarnos, pero ellas se fueron antes de que supiéramos sobre su final. Evidentemente, no dominamos el tiempo. No podemos pausar el juego de los días. La partida se desarrolla con nosotros adentro. Personajes y jugadores a la vez. A veces, tengo la sensación de que lo bello se queda en una foto, mientras que lo malo se estira en una serie de Netflix con varias temporadas. Por el contrario, hay ocasiones en las cuales lo desagradable desaparece, como ese mensaje que eliminamos para que no ocupe nuestra memoria. Puede ocurrir también que lo bonito se extienda, como la imaginación del que posee la ciencia, la tecnología, la magia y el arte en cantidad necesaria para regalar milagros.

Ciudad Love



  Todas las rubias habidas y por haber, cervezas y mujeres. Y uno, con su bolsillo estrecho y casto, en la estrechez de calles medievales copadas por lujuria milenaria. Sí, Barrio Rojo, donde la profesión más antigua del mundo no asombra a los propios, pero sí a la mayoría de los extraños. Al segundo día de la estadía, la puta ya forma parte del paisaje, lo mismo que la marihuana o los sex shops (que no están ocultos en el fondo de galerías oscuras, como ocurre en Buenos Aires). En cuestión de horas, el visitante, el extranjero, el extraño, se hace local, nativo, propio. Amsterdam, no te extraño, pero volveré y seré miles de euros en el cuerpo de tus damas.

lunes, 9 de abril de 2018

La obsesión de mí



  Obsesión de mí, de mi arte, de mirarte, de mi versión de vos...

  Mujer del Norte. ¿Qué hay de ti? Te veo andar en esos desiertos imposibles donde hombres valientes, o desesperados, ensayan un Medio Oriente como medio de vida en un Occidente caro. Al mismo tiempo, en ese mismo estado de arenas atómicas y sol, te hago soberana de los mares, los puentes colgantes y las cárceles eternas defendidas por el tipo que siempre vuelve.

  Te imagino con auto. No hay otra posibilidad. Aunque extrañás la bicicleta. Llegás a tu trabajo y el mundo te sonríe. El cielo te quema la vista. Te acomodás las lentes porque la luz grita tanto que hasta penetra el edificio. No se puede escapar a tanta claridad. Vivís en un Londres a la inversa, a la adversaria de nubes y fríos.

  Decile a ellos, los hombres de tu harén, que digo yo que el lugar de ustedes es "un Londres inverso". Desde ya, omito el nombre del sitio. Pero se entiende con facilidad dónde apunta mi brújula. Cosa de pensar un poco. Porque tenemos el pacto no escrito de evitar datos concretos que te evidencien como musa. 

  El desdén que me has propinado por correo redobló mi estima y admiración a vos. La difícil. La que vive en Marte. La que se fue. La que nunca se fue. Y alguien, uno, que escribe porque no desea rozarse la piel con fantasías sobre vos.

  ¿Será que el abandono forma parte de la lección superior, la última? Dios nos enseña todo para luego dejarnos en la nada. El mundo muestra infinitos caminos, pero muchas veces se encuentra la persona frente al punto único de un aquí y ahora ineludibles: ver la cruz de la cúpula de una iglesia y sentir que por ese signo vencerás a la muerte, al pecado, al siglo y a la corrupción del sueño. Somos Constantinos de nosotros mismos.

  Destino cruel el mío. No quiero ser santo, pero no puedo prosar en tu piel. A falta de ella, buenas son estas humildes páginas que te loan desde el Sur. Voy a ser franco: si me hubieras aceptado como amante, me habría suicidado de puro amarte. Se ve que querías que escriba. ¿Erro si afirmo que te sobran hombres que te llenan de vida y vigor? Yo, en cambio, te dejo el semen negro de estas letras imborrables. Porque poca obra para la eternidad esas gotas de humanidad que se ahogan en un globo que yace en el fondo de un basural... ¡Terrible! ¡Grosería! Abismos. 

  Te agradezco el impulso vital que me diste al no darte a mí. Muchos hay que retozan en alfombras voladoras junto a sus amigovias, verdaderos soles de Oriente que perfuman la alcoba con incienso y besos fuego, besos flor. Amigo de llevar la contraria, este escriba desarrolla una reescritura de muchos relatos desperdigados en el inconsciente colectivo. Mientras el orbe gime, el hombre lo redime de olvidos e ignorancias.

  Te confieso que la asimetría entre ambos me cegó en tu favor. De haberte visto en una condición igual, como obrera y no como jefa de una multinacional, te habría acorralado sin padecer dilemas éticos de ningún fragor. Pero te me viniste envuelta en títulos de nobleza y eso me fabricó distancias, miedos, idiotez.

  Ahora, para ponerle fin a este escrito pobre en ingenio y rico en cariño, te digo que me generás mucha violencia a nivel hormonal. Porque la erección puede ser catalogada como una reacción agresiva. Al día de hoy, a dos años de que te vi por última vez, sigo con ganas de que seamos amigos que se regalan los cuerpos. 

domingo, 8 de abril de 2018

La señorita de Amargo



 Cambio de recuerdo y voy directamente a las tetas grandes de alguien que cometió el error de acostarse conmigo. Musa local. Argentina. No diría de pura cepa, pero argentina al fin. Porteña porteña muy. Como tal, cosmopolita. Y yo, como dice la canción de Nelson Fistolera, "provinciano soy en la gran ciudad". Porque Lugano es un cacho de patria profunda que, con descaro, se mete en la Ciudad de Buenos Aires, más cercana a París que a La Matanza. 

  Pese a mi condición fronteriza, palabra la última que rima con "mestiza", cumplí con el ritual iniciático y burgués de hacer el viaje a Europa. No fui al Mediterráneo familiar. Conocí París, la ciudad cliché, y München, un pueblo grande de cielo chico. También anduve por Budapest, casi tan oriental como tu rostro. Como si fuera poco, padecí la depresión de Bruselas y comprendí a Baudelaire y su Pobre Bélgica. Admito, sí, que Brujas me hechizó con encanto medieval. Por cercanías nomás, caminé Amsterdam y lamenté no haber podido ser amado por sus mujeres. Palabras aparte merece Londres, donde sueño vivir si me lo permite Dios.

  Vos, que me conociste de la época en que limpiaba pisos por la zona del Abasto, no podrás creer esto que te digo. No me hice rico. Simplemente mejoré alguito en mi escala social a fuerza de estudio. Siempre con fe, con esperanza, con optimismo, con power, con amor propio. Nada, ahorré y viajé un poquito. Al estar lejos de casa, confirmé mi amor por la ciudad donde vivimos. Más allá del flagelo de la inseguridad, y de la gente sucia y maleducada, uno ama lo suyo, sin por ello cerrarse a las importaciones de gratos recuerdos del Viejo Continente.

  No te vi más. Cosas de la vida. Pasa. Pasa mucha agua debajo del puente. Pasan muchas aguas debajo de los puentes del Sena, del Isar, del Danubio, del Támesis. Vos viajaste más que yo, sabés de que te hablo. Dicho sea de paso, pasé por tu Praga amada, pero no encontré hospedaje. Me fui en micro a París con un enojo bien criollo. Uno no acepta la frustración. 

  Vos, chica de Amargo, barrio sobrio, te acordarás de los besitos en Little Horse, en Parque Centenario, para ser precisos. O tal vez no te acuerdes de nada. Mejor. Yo no valgo ni un lugarcito en tu memoria. La papelera de reciclaje me corresponde por destino.

  Ni sé por qué viniste a mi mente, porteñita. Tengo que escribir nomás. Me pagan por esto. Genero contenido. Despliego formas. Vendo memorias y elimino olvidos. Tal vez, si recibo un buen cheque por todo este verso turco, te invite a comer algo en el Barrio Armenio. Mejor dicho, escribí y vemos. Yo no te voy a decir nada. No olvidemos que hoy todo intento de revival, así sea un café de pura nostalgia, se considera, a los fines prácticos, "acoso". No creo que me juzguen "inimputable" sólo por vivir en un barrio periférico, con otra cultura (que vos llamarías "patriarcal"). Habiendo conocido Europa, no puedo hacerme el pelotudo: nuestra época estila, además de ver series en Netflix y viajar en Flixbus, tener una actitud pasiva para con el género femenino, ¿no? Anyway, el free walking tour ha terminado. 

  

Barrancas de Belgrano



  Una día agonizante en Barrancas de Belgrano. Ver caer la tarde en las caras de esos chinos. Sentir la magia que hay en los ojos de las mujeres ajenas. Fantasear con dar vueltas en los autos de los otros. Soñar con un campeonato de River. Caminar una avenida de ricos. Mirar el cielo, que sí me pertenece.

Un árbol nuevo



  ¿Será que no hay dos destinos iguales? Tal vez hay quienes copien la suerte ajena en uso de su libre albedrío, ¿no? Sendas de triunfo o decepción. Hacer el camino ajeno siempre tiene algo de resignación, aunque se gane.

El sueño de mis sueños



  Último texto de esta serie relativa a los sueños. ¿Qué más decir? Digo, pues, que soy consciente de lo que hago, escribo, siento y pienso. Sé bien que trabajo una escritura que muchas veces habla de la escritura. Soy un edificio que deja ver sus cimientos. No pretendo esconder mi proceso de redacción como si fuera una cocina sucia de un restaurante que se vende como elegante. "Elaboración a la vista". 

  Mi modelo no requiere de gran complejidad: oraciones con algún dejo de yo, párrafos no muy extensos y una casi constante invocación a una lectora que desea preservar el anonimato. También suelo incluir insultos a un lector real que desea golpearme, pero no se anima.

  El fondo último de mi producción se basa en la idea de la existencia de un dios bueno y milagroso: Dios. En general, mi tono intenta transmitir optimismo. No concibo la escritura como una prótesis en torno a una carencia. La soledad, las necesidades materiales, o la coyuntura política, no constituyen, para mí, un fin al cual deba tributarle todo mi esfuerzo escritural. Festejo estar vivo ante todo. Lo literario como catarsis no me parece un camino bello. Busco exteriozar el vitalismo, la línea del aire y el sol. Descarto de plano la cultura del suicidio, el reviente, la mugre y la mutilación.

  En otro orden de cosas, veo más el futuro que el pasado a la hora de escribir. El pretérito tal vez sea el tiempo por antonomasia de la redacción. Todo lo que fue brinda mucha tela para cortar. Lo venidero quizás contenga pocos elementos para pasar a los papeles. Sin embargo, se me da por especular con mujeres por conocer, calles por recorrer, peleas por ganar, días por vivir...

  Hoy, tarde lluviosa de domingo, pienso en vos, mujer lejana. Aguardo un encuentro fugaz -no se entienda esto como eyaculación precoz - o un paseo por alguna ciudad extranjera. Y para vos, sujeto komunista que pretende acabarme - y esto de "acabarme" sí tiene que ver con eyacular -, tengo un golpe recto al mentón. 

  Che, rubia de mi vida, ¿qué decís vos? Te veo uno de estos días en algún bar bien porteño, ¿no? Les cuento a mis otros lectores y lectoras que mi versión del Corán está llena de camellos...



  

El sueño de mil sueños



  Creo en las señales. Estoy pensando en algo, caminando por la calle, y de golpe veo algo asociado al objeto de mis preocupaciones. Por ejemplo, me pregunto por Dios y su paradero y, repentinamente, contemplo el paso santo de un sacerdote. O hallo, en algún muro de la ciudad, de casualidad, alguna frase relativa al Señor. Como eso, varios casos.

  Hoy pienso en vos. Hace mucho que no tengo alguna señal tuya, algún comentario en inglés, o alguna frase relativa a que siga con la escritura como forma de vida. También sería lindo algún correo electrónico. En fin. Sé que resulta muy pretencioso lo mío. Confieso que soy adicto a las sorpresas, a las apariciones inesperadas de la musa que nunca se fue (traducir la última frase para darle un sabor mejor).

El sueño de tus sueños



  Pienso mucho en vos. Y eso que no pasó beso alguno entre nosotros. Ya decir "nosotros" resulta exagerado. Uno o dos meses en que te vi en un verano lejano de 2016. Sin embargo, me saliste genial como musa, como excusa de escritura. Una modelo perfecta. 

  Yo te siento. Don de clarividencia. Veo venir tus visitas desde el Norte. Y sé que no estás sola. Tus amigos/amantes se ríen de mí y te dicen que me quieren golpear. Y tus amigas, feministas, buscan algún pretexto para denunciarme por delitos imaginarios.

  Anyway. Quería que sepas que yo sé que estoy loco. Pero también sé que te honra todo lo que escribí por vos y para vos. Algún día tendríamos que tomar un café. Buenos Aires siempre estuvo cerca.

El sueño en que te sueño



  Tengo pensado utilizar una foto de tus ojos para ilustrar alguno de mis humildes trabajos. ¿Tengo tu permiso? Creo que te homenajearía en buena forma al proceder así. Sin embargo, no me animo. Temo una denuncia por acoso. Jamás usaría una imagen tuya que te muestre por completo. Prueba de ello ver qué material visual acompaña mis textos en el blog. Ahora bien, el recorte de tu mirada clara, distinta y soberbia me resulta tentador.

  Dicho sea de paso, podrías invitarme a conocer la tierra de la libertad. Pero te imagino, ardiente, a puro sexo en el hogar de los valientes. Colgada de unas barras, unos tipos te hacen ver las estrellas.¿Ando errado? 

  Más allá de este escrito humilde y torpe publicado originalmente en internet, concibo el proyecto casi retrógrado del libro impreso. Una deuda de uno con uno y muchos más. Amigos que leerán mis páginas en el baño. Amigas que mezclarán mi prosa con marihuana y alcohol. Extraños que llegarán a mí de casualidad. ¿Y vos?

El sueño de un gran sueño



  Paso a explicar algo de mi mundo textual: intento crear la sensación de que todos mis escritos son iguales, pero hay infinitas variaciones entre un trabajo y el otro. Me obsesiona la idea de repeticiones imperfectas, que dan lugar a otros modelos. Esa derivación hace a mi creatividad. En base a unas muy pocas palabras, construyo casi un infinito de combinaciones posibles y hasta imposibles.

  Sé que puede caer mal el análisis literario de la propia obra. Si fuera realmente bueno, otra gente me estudiaría, en lugar de uno suicidarse para practicarse la autopsia. Así y todo, les comento que he dado tema de debate en círculos universitarios de Sudamérica, Europa y los Estados Unidos. Por ahora, no puedo revelar más información. 

El sueño de un sueño



  Te escucho. No decís nada. Sigo esperando tus palabras, que no llegan. O que mueren en tu boca. Abortos. Pasa el mundo y queda la mancha pesada de tus silencios. Aguardo algo de vos. Pero en vano seguir. Entonces me retiro. Camino hacia algún norte. Creo sentir tu mano en mi hombro, pero me engaño. Al darme vuelta, solamente veo una sombra que se marcha. 

viernes, 6 de abril de 2018

Sueños locos CXVI (Dormir en la calle)





  En la calle, rara vez se duerme bien. Mejor dicho, casi no se duerme. Yo, por lo menos, suelo mantenerme con un ojo abierto. Siempre tuve miedo de ser pateado por algún caminante. Hay gente que cree que los indigentes somos culpables de nuestro destino. Por esa razón, nos atacan o, lo que se da a menudo, llaman a la policía para sacarnos de las puertas de sus casas. Temen que las mismas pierdan valor por nuestra presencia andrajosa. Sospechan que podemos obrar como "entregadores", es decir, aquellos que pasan información a delincuentes para que roben propiedades cuando sus dueños no están. Y bueno, tenemos fama de borrachos y drogadictos, muchas veces con justa razón. En lo personal, no gasto las pocas monedas que me deja la mendicidad en vicios. Tampoco hago mis necesidades en cualquier parte. Y hasta me las rebusco para darme una ducha diaria, ya sea en los baños de una iglesia, o en algún lugar del Estado. Intento no abandonarme. Así y todo, no consigo trabajo. Me cuesta. Pero no me doy por vencido.

  Habrán notado que el grueso de los que dormimos en la calle paramos en zonas céntricas, o donde hay estaciones importantes de trenes. El espacio público, aunque parezca extraño, resulta menos conflictivo que cualquier barrio residencial. No hay dueños que exijan nuestra retirada. Obvio que a la mañana dejamos que los comerciantes comiencen su labor. Para ello, levantamos campamento rápidamente. Muchos locales nos guardan las frazadas y el colchón durante el día. Y así pasamos las horas de vigilia hasta bien entrada la noche, cuando afloran las peores miserias ciudadanas.

  Todo lo anterior a modo de panorama general. Yo hace menos de tres meses que empecé a contar ovejas a cielo abierto. No tengo mucha experiencia en esto. Me cuesta adaptarme. Prefiero caminar toda la noche y dormir durante la mañana en algún parque, si el día acompaña. Si llueve, me refugio en alguna biblioteca. De paso, leo un poco. Intento que el encierro de vivir sin techo no me gane la cabeza. Se hace lo que se puede.

  Lastimosamente, el otro día me tocó perder. Me quedé dormido en un rincón, a eso de las tres de la madrugada. Hacía mucho calor, una noche húmeda de mosquitos, sin nada de viento, insoportable. Había caminado mucho y ya no aguantaba más. Quería una "siesta" hasta el amanecer, que no estaba tan lejos. Dos horitas y algo y listo. Cerré los ojos ni bien me eché en la vereda. Las baldosas seguían calientes por el recuerdo del sol de la tarde. Me había tumbado de costado, casi en posición fetal. No necesitaba almohada. Unos veinte minutos después, desperté abombado, transpirado. Como si estuviera borracho. Siempre me entristece darme cuenta de que no tengo casa. Mientras duermo, me olvido de todo. Pero bueno, uno se incorpora de repente y se da cuenta de que le falta la mochila con todos sus papeles. Me toqué el bolsillo y sentí que vibraba el celular, menos mal. Pero perdí mi mochilita, con lo poco que tenía. Ahí guardaba documentos valiosos, como mi título secundario. En el pasado, estudié. Pero la vida me fue empujando a la banquina. Si hago trámites engorrosos, puedo tener de vuelta mi analítico. Con eso, puedo presentarme a una entrevista de trabajo. Pero mi cuaderno de poesías ya no lo voy a poder recuperar nunca más. 
  

jueves, 5 de abril de 2018

Alguna de ciudad




  Norte, arriba. Avenida del Sol y unas cuantas calles que cruzan y que bajan al río. Algunas plazas por ahí, cerca de las vías.

  Pasan miles de mujeres. Las miro a casi todas. Me pregunto si alguna de ellas estará conmigo alguna vez. Me pregunto esto y más cosas, pero no consigo responderme. Camino, confuso, a algún lugar para perderme.

  Me doy cuenta de que no conozco todas las calles de la ciudad. Recorro los barrios residenciales y me dejo asaltar por el olor a comida caliente que se dispara desde las casas bajas. Siento envidia y hambre. 

  Camino confuso hacia algún lugar. Camino de caminos. A ambos lados de la calle estrecha, los plátanos custodian las veredas de la gente linda. Observo, feliz, a mis árboles favoritos. 

  Colecciono la imagen de hembras divinas montadas en autos de lujo. Hembras o diosas, también mujeres. Van en el aire, llevadas por los poderosos en carros igualmente poderosos. Digo, lo animal y lo divino mediado por algo de lo humano. Y el artificio, siempre presente entre los que mandan a la gente que va a pie.

  Sigo. Me hago ausente de otras cuadras. Me presencio total unos pasos adelante. Me río solo. No temo la mirada condenatoria de ningún potencial denunciante. Procedo con mi marcha.

  Entre tanto andar, el atardecer pinta de repente un cielo más y más opaco. Cada vez que miro arriba, oscurezco un poco. Tal vez mis ojos sean los autores de la noche.

  Buenos Aires es la prostituta más linda y cara del mundo.

miércoles, 4 de abril de 2018

Enemigos del otro lado


  
  Yo no olvido jamás que del otro lado hay algunos que me quieren mal. Estimo que son comunistas y kirchneristas, que es más o menos lo mismo. Siento, con mi don de clarividencia, que aguardan la hora en que este autor calle para siempre.

  Sepa aquel que quiere que calle para siempre que yo soy la calle por siempre...

Tinder Buenos Aires



  Un amigo, Rigoberto Borofredo, me ha contado cómo funciona Tinder en Buenos Aires, Argentina. Para empezar, las mujeres tienen más éxito en el levante que los varones. Basta que una ponga un par de fotos para que reciba miles de "likes". El hombre común, en cambio, por muchas horas que se pase en esta red social, tendrá muy poquitos "likes". Ni hablemos de un "match". Se hace difícil que se dé una coincidencia. Y si se da, no garantiza chat, intercambio de WhatsApp y ni hablar de un encuentro.

  Creo que esto que me comentó Rigoberto Borofredo no es novedad. Sí me interesa ahondar en la "fauna humana tindera", según terminología de mi amigo. Hay algunos tipos bien definidos de perfiles, por lo que me cuenta él. Por ejemplo, "la madre luchona": chica de los barrios bajos de la Ciudad y el Konurmalo que busca urgente un papá para su criatura. Rigoberto es rigor puro a la hora de elegir. Por eso está solo el muy fachito. Pero seguimos con el macaneo que me transmitió cerveza de por medio. Dice que también aparecen muchos travestis. Los hay confesos y ocultos. Pero debemos presentar más espécimenes...

  Las que se quitan edad, pero cuyas caras delatoras las entregan al ridículo. Se ven varias. Quieren retener una juventud que se les fue hace mucho. Esto me dijo con crueldad espartana el loco malo de Rigoberto Borofredo. 

  Las peores de todas son las lindas, esas pocas que andan dando vueltas. Generalmente, tienen su cuenta de Tinder como anexo de Instagram, red en la que quieren popularidad y seguidores. Estas chicas solamente buscan aumentar tráfico en sus redes, tener un rebaño de babosos para reforzar la autoestima. No suelen desear encuentros ni nada. Usualmente, están en pareja con un chongo de San Isidro que tiene auto, un buen trabajo y mucha guita. 

  Perfiles falsos, a patadas. Ponen fotos de famosas, dibujitos, mensajes con insultos a Macri. Nunca una imagen real. Se desconoce la identidad de quienes tienen esas cuentas. Posiblemente se trate de curiosos, "bots" de empresas, hombres aburridos o tipas muy muy feas.

  Rigoberto me cuenta que muchas veces la política se cuela en las descripciones de los perfiles. Hay mucho de "MMLPQTP", "no me escribas si sos k" o "aborto legal ya". Otra fauna muy común es la marihuanera: suelen escribir "420" para mostrar identificación con el vicio ése

  Desde ya, la configuración que permite seleccionar distancias en kilómetros para la búsqueda constituye un elemento muy influyente en cuanto a perfiles. Rigoberto me cuenta que, si está por Zona Norte, aparece mucho el nicho de la linda de Instagram que busca seguidores en Tinder. Por el contrario, Borofredo afirma que en ciertos sectores del Konurmalo y la Ciudad proliferan las "turras" y las "madres luchonas", "las cazapadrastros que viven de planes sociales y que copan todos los asientos del colectivo con sus críos".

  Creo que Rigoberto es exagerado y malicioso. No comparto sus apreciaciones, pese a no tener yo una cuenta en Tinder. Simplemente transcribo lo que él me ha contado porque respeto la libertad de expresión, aunque afloren frases poco felices, que condeno de manera enérgica. Justamente, en este texto denuncio el pensamiento misógino, racista y clasista de mi vecino.

  Sigo con la cosmovisión borofrediana. Según él, los tipos humanos enumerados, que no son muchos, agrupan a la casi totalidad de la comunidad tindera. Las "independientes", las que no pertenecen a ninguna de estas especies, son bastantes, pese a encontrarse en inferioridad numérica. Sin embargo, entre estas chicas "comunes" suelen repetirse frases como "que fluya", "me gusta viajar", "amo los animales" u otras parecidas. Pareciera como que faltó la categoría de las "hippies con OSDE". Está muy de moda irse de viaje a Europa y postear fotos al lado de la Torre Eiffel (¿consecuencias de un tipo de cambio planchado?).

  Rigoberto Borofredo dice que se ven "pocas minas normales". Intento que reflexione, que piense que "normal" viene de "norma". Pero no hay caso. Él insiste con que existen culturas urbanas muy fuertes que operan a modo de reglas de las tribus. Explica que "hay ejércitos de aborteras con pañuelos verdes que putean a Macri y que fuman porro", o "legiones de modelitos que buscan likes para su cuenta de Instagram". 

  En lo único que coincido con Borofredo es en el rechazo a las que se exhiben junto a sus hijos menores de edad. Considero innecesaria esa práctica social de mostrarle los chicos a desconocidos.

  Bueno, cuestión que Rigoberto Borofredo está solo. No le gustan las feministas que escriben "todxs", pero tampoco es aceptado por mujeres "normales", que, según él, suelen buscar tipos con auto. 

Mi voz



  Simplemente decir que puedo escribir con mi voz todos aquellos pensamientos que revuelven mi mente, como si la misma estuviera siendo atravesada por un huracán.

  Aprovechó la ocasión para saludar muy efusivamente a todos los lectores, a todas las lectoras y aquellas personas que se toman el trabajo de leerme a menudo. Les agradezco la compañía que me hacen y la motivación que me dan día a día para seguir escribiendo. Pese a que estén en el anonimato, puedo ver las visitas que me regalan y eso me resulta muy satisfactorio. Saludos.

Lado y largo



  Se ofenda quien se ofenda, muy bien veo decir que la soledad... No, empecemos de nuevo. Se ostenta contra mí una tierra de la soledad... No, tampoco. Quería ver qué me dice un teclado predicativo...

La rubia inalcanzable




  Una rubia de cuerpo plástico se ostenta contra mi tablet. Se deja amar por un simulacro de hombre. Bueno, una parte de hombre. Ella me mira, pero no me ve. No sabe que la observo. No me conoce. No me pensó si quiera. No hubo nada que haya sido mentado para mí. Mujer de mundo, mujer del mundo. 

  Un desnudo para hombres cuya desnudez nada vale. Hablo de sujetos como uno: perdedores. Tipos que se tocan en la soledad de las grandes ciudades. Y eso. 

  Una sin nombre. "Blonde bitch". Nada que decir. Y el yo mismo, el sujeto no protegido de toda masturbación. Eso y. 

  Eso y lo mismo. Círculos infinitos de adicciones corporales. Perder el mundo un minuto, acabar la fábula con un suicidio momentáneo e instantáneo de mano. Volver más tarde con alivio, algo de muerte cerebral y con un dejo de culpa por desperdiciar latidos en pasiones insensatas. Eso.

 Y lo mismo desde hace años. Matar algo de uno antes de que ese fuego lácteo mate algo de algún semejante. No sea cosa de salir a la calle y pelear de verdad por hembras de carne y hueso, a la salida de un baile mortal.

  Y escribir para que quede testimonio de que alguien pasó por una tierra de sombras, confusión e ilusiones.