Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

lunes, 29 de octubre de 2018

Tinder en Argentina



   Chicas especiales, muy especiales. Casi todas dicen eso de sí mismas. A esta altura, ¿ser especial no es ordinario? 

  La gran mayoría dice que ama viajar. ¿Será que buscan salir con Marley?

  ¿Y qué querés que fluya? ¿El agua del inodoro? Vos me hablás de devenir y mis huevos devienen rotura e inflamación. En cambio, cuando hallo damitas inteligentes, mi cerebro se hace bomba y estalla en esta pantalla de textos e intentos. Intextos nomás.

  ¿Por qué tantas frases hechas? ¿Aprendieron Lengua y Literatura con Belén Franchese? Tal vez.

  El auge de Instagram quizás sea otro signo de la tendencia a la imagen en desmedro de lo escrito. Millones de millennials pelotudennials incapaces de redactar un párrafo. Después votan y piden legalizar el aborto. Lo más gracioso es cuando te dicen "andá a leer". Todo el día joden con Bolsonaro, Bolsonaro, Bolsonaro. ¡Bolsonaro existe por ustedes! ¡Vayan a estudiar! 

viernes, 26 de octubre de 2018

El Ninja y la Argenvilla (por Ignacio Drubich)





Con la cara completamente destrozada, las manos temblorosas, los pelos formando rastas de sangre, se arrastró tres metros por el suelo. El Ninja lo había cagado a trompadas: estaba en cuero, los enormes pectorales se expandían en una lenta respiración; las manos en pose de rezo, un tigre con la boca abierta se agigantaba en su pecho con cada exhalación; descuidado y victorioso, le agradecía a alguna deidad oriental. Los 20 años de experiencia en las artes marciales se habían vertido sobre la figura de Alan, al cual no le bastó una dieta estricta y meses de entrenamiento. ¿Una lluvia, un tornado, un terremoto? de patadas, piñas, reducciones, trabas y ganchos habían desfigurado ese rostro que brilló en Europa, que amó en la Argentina, que veía el horizonte bermejo todas las mañanas en Lugano, ese reflejo arquitectónico tenebroso, lienzo tétrico del populismo peronista. Pero se arrastró de forma pertinaz y logró agarrar el chumbo que le había dado Arce y que por honor no peló al inicio del combate. "Por Argenvilla, macho loco", masculló. Y retumbaron, secos, tres tiros. Una bala entró por la boca del tigre; la otra, por la perfecta tabla de abdominales y la tercera le atravesó los testículos. El Ninja puteó y respiró por última vez: un manto de oscuridad invadió su campo visual; lo último que vio fue la sonrisa roja y desfigurada de Alan; lo último que escuchó, una sonrisa sardónica que le daba endemoniada sepultura en la Ciudad de Buenos Aires.

jueves, 25 de octubre de 2018

Nuevos ruidos y vos



  Va a generar sorpresa este texto. Sé que no suelo manifestar estas cosas. Feminismo y Alan no congenian. Sin embargo, nobleza obliga, debo decir algo: el rechazo que sufren las mujeres de más de 50 demuestra la cosificación y sexualización padecida por el género femenino. Solamente se valoran a las jóvenes y más si se adaptan a los valores estéticos vigentes. Fíjense cómo "vieja" funciona como insulto, como descalificación a personalidades de la talla de Beatriz Sarlo (ver comentarios en redes sociales). Yo mismo incurrí miles de veces en esta forma de discriminación (especialmente con Dilma, Bachellet, Malcorra y Hillary Clinton). Vale reconocer que muchas veces el hombre, con el paso del tiempo, gana otra aprobación. Casos como los de Trump, AMLO, Bolsonaro y los Rodríguez Saá exhiben la chispa del maduro ganador, interesante, provocador. Para Macri vale la misma categoría. Incluso Néstor en su momento recibió gran respeto. En síntesis, ¿a qué político varón se le dice "viejo"? Quizás a Pepe Mugica y a Sanders. Si vemos la situación de ellas, notaremos la edad casi como un estigma.

  La sociedad, machista, rechaza a la mujer que pasó los 50 porque, en su construcción de valor intersubjetiva, las maduras no son sexualmente atractivas. Alguno podrá hablar de biología evolutiva. No desdeño las ciencias duras. Pero me parece que no se puede soslayar lo cultural en la formación de nuestras apreciaciones. Dicho sea de paso, la problemática se vuelve más cruel en mujeres no blancas, obesas, pobres y discapacitadas. No es por robarle el léxico a la izquierda, pero sí: hay una invisibilización de millones de sujetos, de millones de cuerpos. El discurso hegemónico actual, en muchos aspectos, honra bastante al ideal ario de los nacionalsocialistas, salvo por la inclusión de "bombas latinas" en el arsenal.

  No llamo a buscar novia en los geriátricos. Pero sí sería bueno empezar a pensar en un colectivo que carece de militancia, de voz. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

Reino de tormentas




  ¿La soledad es una forma de nihilismo? Mejor obviar palabras que pueden sonar pretenciosas. Pregunto más y mejor ahora: ¿qué va a hacer el humano del futuro sin Dios, familia, nación ni ideología sacralizada? ¿Qué será del hijo del puro no? Sí o sí, esta revolución se consumirá a sí misma. No habrá continuadores del mal legado. El 2100 tendrá mucho más de amish que de estúpidas universitarias especializadas en estudios de género.

lunes, 22 de octubre de 2018

La invención de un proyecto alternativo



  Lejos y en silencio. Provisto de lo justo, lo bueno y lo perfecto. El tiempo de las asambleas incendiarias quedó atrás. Uno vale por todos, pero ninguno vale por uno.

viernes, 19 de octubre de 2018

Leyenda alternativa



  Un joven rico en palabras. Rechazado por las mujeres, odiado por los hombres, pero lleno del misterio de la literatura. 

  Escalera de libros que lleva al sol. El tiempo inventará un lugar en la historia, un nombre, una justificación y un discurso absolutorio para la generación que desestimó a su profeta.

  La verdad vuela.

El agua sobre la piedra



  ¿Qué hay de cierto en eso de que una gotera tiene la capacidad de vencer a una roca con el paso del tiempo? Una gota tras otra. ¡Glup! ¡Glup! ¡Glup! 

  Desconfío de la idea izquierdista de transformar la realidad a través del lenguaje. No obstante, siento que mi palabra puede agujerear un corazón de piedra.

Ciudades para después



   Una ciudad que sea el después, el orbe, el Norte. Un nuevo nacimiento. Otra lengua. Otro yo. Pero siempre y en todo lugar, el mismo dios: Dios.

Retexto



  En la calle o en la cama. En el mar o en el campo. En riquezas y pobrezas. Tiempo de hacer tiempo y de mirar cómo transcurre lo que no se puede cambiar. Los culos y las tetas que pertenecen a damas que no desean compartir. Imaginar vaginas en soledad y esperar hasta mañana y hasta mañana y mañana y mañana nunca de un beso que jamás llegará. 

jueves, 18 de octubre de 2018

Tardes en mi ciudad



  Cuando celeste se hace el cielo y los miedos no alcanzan - no me alcanzan -, prendo un fuego nuevo y miro con satisfacción la obra de Dios en el rostro de esas mujeres que me observan con curiosidad y algo de lujuria. Pasiones que nunca se consumarán. Cruce de millones que no podrán conocerse. No hay Happn ni Tinder que venzan la soledad de la gran ciudad.

  

martes, 16 de octubre de 2018

Capaz de todos los colores



  El sol, siempre el sol. El cielo, inmenso misterio capaz de todos los colores del universo. Todo perfecto, en orden sucesivo de estrellas, nubes, lluvias y ciclos cósmicos. Celebro la belleza del mundo, la gracia de la naturaleza, pero lamento que ninguna chica bonita me preste su vagina para chupar un buen rato...

lunes, 15 de octubre de 2018

La crisis de la soledad y la soledad en la crisis



  Hablé varias veces de la crisis de la soledad, de mis 6 años sin sexo; hablé sobre la falta de cariño cerca de cumplir los 30 años. Hoy quiero profundizar un poco respecto de los días de tocar fondo.

  Lo del suicidio nunca estuvo en mi menú. Tal vez por otros motivos, como dormir en la calle y no tener para comer. Pero matarme por la soledad no pasó nunca por mi cabeza. Exageración literaria de mi amigo y biógrafo Juan Tierradentro. Siempre pensé que el castigo eterno del suicida pasa por contemplar lo que hubiera pasado si... Capaz que alguien desiste de ultimarse y, sin embargo, sigue en las malas. Digo, lo de mirar por siempre qué habría ocurrido si uno no se hubiese fugado obedece a una burla divina, a un misterio de la Divina Providencia. Pongo un ejemplo: de haberme arrojado bajo el tren hace diez años, ahora estaría en un infierno especial cuyo tormento es ver una y otra vez lo bien que me iba a ir en el amor. Evidentemente, no me maté. Tampoco tengo éxito con las mujeres. A esto vamos a ponerle Teoría del Efecto Alan. Tomen nota en los Estados Unidos, que sé que hay gente rubia de la universidad que me sigue. Como diría el gran Leo Mattioli, "presten mucha atención porque ésta es la última vez que les enseño".

  Lo de "la última vez que les enseño" apareció a modo de homenaje a un gran cantante santafesino. Santa Fe, tierra de grandes valores (y valoras, ahora que estamos con la mierda feminista). Sigamos con la crisis de la soledad y la soledad en la crisis (macrista).

  Suicidio, definitivamente no. Yo les seguiré enseñando. A mí me van a bajar a los tiros. Amén de eso, hay días en los cuales me siento para el culo. Mal mal. Lamento mi pobreza, pero más lamento la imposibilidad de seducir. Sufro y me resigno. Me masturbo muchas veces, como un enfermo. Círculo vicioso que acaba con mi vida. Mi cerebro libera sustancias sedantes. Luego, duermo toda la noche como un muerto. La masturbación tiene algo suicida, de puñalada a uno mismo. No hago estas reflexiones desde una culpa religiosa. Soy un alma liberada. Confío en la misericordia divina. Mi punto de vista tiene una raigambre espiritual, pero va más allá incluso. Piensen conmigo los goces vanos: un orgasmo de mano y las sábanas chorreantes de semen. En días de baja temperatura, una sensación molesta en la punta del glande y ganas de orinar durante varios minutos. Otro ejemplo de los engaños de la carne: alguien toma cocaína. El corazón, bien arriba. Minutos después, viene lo malo con estornudos, sed, diárrea, deseo de más y angustia al ver el plato vacío. Parecido a comer como una bestia y, acto seguido, lamentar el terremoto digestivo. Como ven, los placeres mienten. ¡Pero ay de nosotros si prescindimos de ellos! Ah, otro ejemplito, para vos, linda: noche de pasión y luego estás llena de los jugos del otro, que se te caen por la entrepierna. Vas corriendo al bidet (si es que hay un ejemplar de tamaño lujo argentino).

  Hoy lamento mi sequía sexual. Algún día, tal vez lamente otros asuntos. Como aquel miembro del cuerpo social que entró por la cloaca a la casa y luego chilló por estar cubierto de mierda. Abundan los ejemplos. No doy todas estas explicaciones a modo de autoconsuelo. Simplemente muestro la cara de la marginación sexual y afectiva y la contracara de los grandes fornicarios que, pese a su jactancia en redes sociales, no son realmente felices.

  En fin. Parece que deberé seguir a paja y agua, como los caballos...

domingo, 14 de octubre de 2018

Conversaciones de la nada



  Vamos con la prosa conversadora. Propongo que tengamos una conversación de la nada: "Hola, ¿cómo te va?" No te voy a tratar de usted porque no. Creo que tenemos confianza. ¡Decí algo! ¡Y no vale decir "algo"! Acá cualquiera puede decir cualquier cosa. Fíjate lo que publica Juan Tierradentro si no me creés. Bueno, ahora no sabría bien qué preguntar ante tu silencio. ¡Ah! Pienso en voz alta: me gustaría leer diálogos de otros en redes sociales. En vez de un programa de radio o televisión, un intercambio en vivo. Pero con cierto nivel, no una "sala de chat" o grupo de WhatsApp. Ya haremos una selección para una Masonería 2.0. A no desesperar.

  ¿Qué decís? Sigo hablando entonces. Mirá, otro tema que me obsesiona son las mujeres: ¿en qué piensan? ¿Qué quieren de un hombre, si lo quieren? ¿O quieren a varios? Si pudiera elegir un poder, me quedaría con el que obtuvo Mel Gibson en What Women Want. ¡Mucho mejor que ser invisible! 

  En fin. Me voy a dormir.

Reflexiones malsonantes



  ¿Seré un recuerdo o parte del olvido? Imagino una tarde en que haya gente que diga, con nostalgia, que me ha conocido. Concibo una época donde me transforme en referencia de lejanía.

  Veo también un regreso breve, sin aviso. Las manos llenas de toda la justicia poética que no pude dar. Personas a mi alrededor me harán muchas preguntas. No querré devenir centro de mesa. Pero la curiosidad me llevará a esa posición.

  Podré ver con ojos más grandes a los hijos y nietos de Fulano, Zutano, Mengano y Perengano. Las anécdotas brotarán en una atmósfera de fútbol, sueños y arrabal. 

  La esquina verde de la Ciudad.

  

sábado, 13 de octubre de 2018

Diálogo con un peronista metafísico (Juan Tierradentro)



Diálogo con un peronista metafísico

La noche fluía con mansedumbre, el aire estaba impregnado con la fragancia de mil flores invisibles; en el cielo, la luna plateaba el fondo oscuro de estrellas primaverales. El Peronista, empotrado entre el asador y la pared. El piso, lleno de cenizas. Una cerveza a mitad tomar transpiraba al lado de la silla en la que el Peronista leía, absorto, una novela policial. Me senté en un banquito y lo comencé a mirar. El cabello blanco revuelto, la piel cobriza, chaleco, pantalón de gabardina y zapatos castigados; leía mientras aspiraba el humo del cigarro. Dejó el libro de golpe, me miró con sus ojos turquesa apagado y empezó a comentar la situación del país desde la perspectiva de lo “nacional”, “popular”, desde un aparente sentimiento patriótico inigualable. Dadas las cosas, al espanto de las circunstancias actuales, a pesar de mi repugnancia por todo lo ideológico, me vi obligado a congraciarme con su forma de ver (además, en esa hermosa noche, no tenía la mínima intención de polemizar con nadie). Luego de denunciar el caos del presente, con el país tomado por un “gobierno cipayo”, el pájaro peroncho, enigmático, con contornos proféticos, voló hacía el pasado. Habló del Cordobazo y casi lagrimeó al recordar el acoplamiento entre trabajadores y estudiantes para derrocar a Onganía,; habló del ERP, Montoneros, las FAR y FAP, aduciendo que no eran gente pobre ni lúmpenes, sino pequeños-burgueses ilustrados, universitarios y con tiempo de sobra para intentar la Revolución. Él había estado en la EAS, una especie de centro de estudiantes en la escuela secundaria, y no tomó el camino de las armas porque se vio obligado a trabajar a destajo por su situación desfavorable. Pero si hubiese tenido los medios, no habría dudado un segundo en sumarse a la fiebre revolucionaria: los efluvios de la actividad del Che enloquecían a las mentes jóvenes. Cada diez minutos metía la mano en el bolsillo de su camisa, hacia saltar el atado de puchos, sacaba uno y lo prendía. Me habló de las operaciones de los “medios hegemónicos”, de cómo presentan los hechos, de cómo manipulan los sentimientos de la gente y de cómo, finalmente, crean una realidad paralela, ilusoria, mientras los capitales multinacionales saquean a las naciones pobres. Todo era denunciado de forma correcta, precisa, detallada. El diagnóstico de la enfermedad era muy claro: el médico que ofrecía la cura, debería ser, claro está, peronista. Celebré sus denuncias, pero advertí que omitía, al igual que los medios que a él lo espantaban, parte de la verdad: es decir, la corrupción de los suyos. Se refería al peronismo como “nosotros”, de la misma forma en la que un padre habla de su clan familiar, un hincha de fútbol de su club, etc. El nosotros era “yo y los míos versus los otros”. Nosotros, la encarnación de la verdad, lo bueno y lo justo y los otros, la representación del mal. Maniqueísmo ancestral: malos y buenos, ángeles y demonios. El hombre formaba parte del plantel de funcionarios políticos de la ciudad: estaba comprometido con el partido desde su juventud, era parte de un movimiento y la energía de su vida estaba enfocada a defender una causa, en luchar por las banderas, las verdades del grupo. Al igual que un sacerdote, un militar, un abogado, al igual que cualquier hombre que no es libre porque su existencia se agota en las tenazas de la frenética lucha humana. 

La potencia de sus gestos, el vigor y el brillo de sus ojos, los gestos bruscos de toda su contextura cada vez que enunciaba un verdad se fueron desvaneciendo como se desvanece la realidad de un sueño. “Son las once y media”, dijo, en clara señal de retirada. Le estreché la mano y me despedí. Aprendí mucho de aquel peronista casi sobrenatural, que fumaba en la oscuridad.

Divagaciones acerca de la sexualidad (por Juan Tierradentro)




Divagaciones acerca de la sexualidad

Hay algo de impuro en el sexo, es verdad. El sexo no es lo que dice el diario Clarín o Alesandra Rampolla: no es como comer, ir al baño, ducharse o salir a correr. Es un acto de intercambio energético, fluídico, donde nuestra energía experimenta una alquimia y las defensas de nuestro yo se derrumban, dejando afluir un sinfín de impulsos, imágenes, intenciones y conductas animalescas inconcebibles e inhallables en otros planos de la vida. La pureza y la inocencia del no sexo está clara en los niños, o en los animales, que lo hacen de forma mecanizada, con fines reproductivos. No estoy apelando a los ridículos pretextos religiosos que buscan aniquilar los instintos y reducir al ser humano a un despojo de represiones brutales y fantasías peligrosas: ese sexo clandestino y subterráneo que ocurre en un escenario enfermizo donde se desata una verdadera batalla simbólica. Pero una vez que hemos ejercido el sexo por primera vez, hay algo que se corrompe dentro nuestro y la mente comienza a cultivar pensamientos conspicuos, a desear más relaciones, formas, personas y la variedad erótica que la imaginación concibe a veces llega a fantasear lascivias hasta con seres extraterrestres. Tengo un amigo, muchacho sensato que disfruta del sexo, que dice que en las temporadas ausentes de orgasmos la pasa mejor, está tranquilo, tiene más energía, etc. Luego, cuando retoma el raid "orgasmal", se siente perturbado, distraído y falto de ánimo para emprender otras actividades. El problema aquí, quizás, no sea el sexo en sí, sino cómo lo expresamos, sublimamos o reprimimos, es decir, lo que pensamos que el sexo es, lo que pensamos antes y después del sexo.

Cuando el deseo brota de la conflictividad, seguramente el acto será conflictivo, confuso; deje una sensación de vacío espiritual, culpa e insatisfacción. Porque la dirección del deseo es la mera satisfacción y solaz de su propia fruición. Esa agitación conecta con alguien en la misma sintonía y uno termina frotándose con un cuerpo: una especie de masturbación encubierta e inconscientemente pactada con un ser extraño y pasajero. Aquí el placer es asustadizo, se sacía el desfogue, pero no pasa mucho tiempo hasta que extrañas sensaciones suben por el ascensor de nuestra psique y nuestra consciencia se plaga de nuevas insatisfacciones. Cuando el deseo se manifiesta y expresa ligado a sentimientos más profundos, de afectividad y conexión en otros niveles, la resultante es menos conflictiva, y, culminado el acto, los amantes se regocijan en la miel de una dimensión más elevada y aquiescente. Pero hay más: esto último, los impulsos eróticos básicos en consonancia con el "amor" mutuo, no bastan para que yo deje de pensar que hay algo corrupto, impuro y hasta deleznable en los jadeos, la agresividad, las caricias, las palabras y el orgasmo final (no me puedo desapegar de un sentimiento de rechazo que a veces roza con la repugnancia). El elemento de corrupción e impureza en la primer forma de sexo es más letal y perceptible. En el segundo, menos visible, más desdibujado. Pero el niño, el árbol y el animal siguen presentando ese halo de pureza que no está presente en el adulto humano activo sexualmente. ¿Qué es, pues, eso que se "ensucia", que se "pierde" cuando maduramos en el arte del erotismo y en la necesidad recurrente e imperiosa de tener relaciones sexuales? Dejo la pregunta abierta, porque aún no he podido dar con la respuesta.

Pesca en Tinder (por Juan Tierradentro)



Pesca en Tinder.

No es fácil separarse, pero Lucrecia me dijo que si nos divorciábamos, ella no iba a perder tiempo: ese acicate me estimuló a buscar alternativas y probar cómo andaba, después de tanto tiempo, en el inframundo de la seducción.

Los primeros meses intenté dominar y sublimar el deseo a través de el asectismo, el orden, el deporte y la pintura. Pero la líbido presionaba incontenible. No había actividad que logre reemplazar al orgasmo, todo lo contrario: después de la tortuosa represión, venía la masturbación. La calle estaba jodida: en esta enorme ciudad es difícil filtrear con alguien en plazas, calles, avenidas y bares; la bulliciosa humanidad se te viene arriba como un torrente descontrolado, pero nadie te mira la cara. Por consejo de mi amigo Alan Christian, me bajé la aplicación Tinder y salí de pesca. Había de todo: mamás luchonas posando procaces con sus bebés en brazo, como advirtiendo que para montarlas había que hacerse cargo del huerfanito; mujeres obesas de ojos saltones, poseídas por una necesidad obsena de ser serruchadas; estúpidas instragrameras que tenían Tinder por mera expansión de su infinita red de histeria asexuada; veteranas que en vez de fotos atractivas subían memes de frases orientalistas y berretamente panteizantes; maricones desvergonzados que se hacían pasar por mujeres, universitarias mojigatas en busca de nerds solteros, mamás burguesas y veteranas en a la caza de jóvenes de la edad de sus hijos: un extraño maremágnum de voluntades en busca de encuentros eróticos que nunca ocurren. En fin... Tiré un par de "matchs", recibí otros, pero decidí retirarme de ese corso enloquecido de levante estéril. Prefiero seguir con la faena sublimatoria que ser un payaso copulador de ese circo de soledades penosas.

Lleva en el viento



  Se valoran todas esas omisiones que nos han facilitado la vida. Lo que no dijiste ayudó mucho en mi andar, quizás también en el tuyo.

  La tierra, el sol y el viento. Entre el cielo y el pasto, en una ciudad que no me quiere, miro hacia dentro y te veo, otra vez, con la paciencia de ayer. Sí, me renuevo en tu recuerdo.

  Nada nuevo. Frases tontas amontoné recién. La sinceridad y la sencillez no hacen arte, no llenan. Este escrito surgió simplemente como expresión de desahogo. 

  Me pregunto dónde estará la Damita del Porvenir. ¿Y si ella solamente existe en mi torpe esperanza? Quizás me inventé una excusa para ir al frente. Admito que muchas veces no tengo el valor para ser yo solito en el mundo. Cada tanto, la soledad me quiebra y me entrego por entero al sueño de que un día todo lo malo acabará.

  No solamente de pan vive el hombre...

viernes, 12 de octubre de 2018

Observaciones ciegas



  Lo último, que me abismo en un ocaso de mil mañanas, mañanas de mis noches, noches de mis noches y acá se corta por ahora. Pero vuelvo sobre los pasos de antes y hago, una vez más, el dibujo imposible de stop and go. Juego, mundo frenético de corridas, sueños locos, tiros, barrios monobloqueros del Sur e inasibles tipos que entregan su reino por una felación estrella.

Mis trampas



  Hablar de bueyes perdidos puede hacerte rico. Porque los animales de la conversa bien llenos podrían estar  de algo prohibido. Drogas. U otras cosas. El lenguaje como disfraz.

  Tal vez pueda yo generar bronca con mi jueguito de párrafitos pálidos. Pero hay constelaciones por descubrir en mi textualidad vacilante, degenerativa, temblorosa e inmoral.

  No existen bueyes perdidos sino gente que no sabe buscar...

Oscilaciones para variar



  Me sigue viva la pasión por la frase evasiva, vacía. Hago discurrir las palabras sin esmeros ni planes. Aburro. Pero repentinamente dejo entrever un pene erecto, una vagina depilada, una boca húmeda, un ano roto, una nariz blanca, un corazón verde, una cabeza hueca.  

jueves, 11 de octubre de 2018

Un discurso que se repite



  ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde oí que el artista no ama en la mujer más que el reflejo de su propia obra, previamente ejecutada en su cerebro? Digan ustedes, ustedes mundo, quién dijo tamaña verdad hecha para mí, verdad finita, verdad personal...

  ¿A qué viene este torbellino de ideas fuertes? Hace unos días, alguien me comentó, a través de estas páginas, lo siguiente: "Acaso pasaa tu vida enamorado y contemplativo??? Buscas mucho Alan.".


Respondo a lo que me escribió esa personita, probablemente mujer, probablemente una rubia del Interior que vive afuera: no paso mi vida enamorado. Y, contrariamente a lo escrito en el primer párrafo, no proyecto mi obrita en chicas que veo ni busco correspondencias entre mis gustos y virtudes ajenas. Funciono con un esquema clásico: las musas motivan mi creación.

 No sé por qué, pero mi don de clarividencia me dice que me comentó la Rubia de Kill Bill. La saludo entonces, te saludo entonces. Habrán visto ustedes, vos, cómo cambio de tiempo y persona con bastante fluidez, aunque esta última palabra no me simpatice por ser la heroína que se inyectan los posmo.

  La mujer fundamental en mi vida, la que me salvó de la muerte, es la Virgen Atea. Junto a ella, ha obrado la Piba Troska, versión más terrenal y accesible de la primera, que ha tomado muy malas costumbres de Europa, construcción cultural decadente en muchos aspectos. Digo, ella sigue siendo la misma. Pero parece francesa a esta altura. Destino fatal de los expatriados olvidar el acento de su patria.

  Bueno, la Virgen Atea se fue a Europa. Ya la hice trabajar demasiado en mi obra. Descansa. La Piba Troska vive en Argentina, no es cosmopolita. La tengo cerca. Pero descansa también. Me queda, entonces, la Señorita de Amargo, pero no sale de un pasado lejano, de un amor precoz  de 2012. Y de la Rubia de Kill Bill no supe más nada. Murió ahí, en una orgía con tipos bellos que no la quieren como la quise yo, castamente, en ese glorioso verano porteño de 2016.

  Ahora conocí a Azul Schlimberg. Hay una amistad incipiente, tibia. No creo que el tiempo, la vida y Dios jueguen en mi favor. Como era de esperarse, tiene novio, condición que ostentan las mujeres que me gustan (no sé por qué, pero las solas no suelen atraerme físicamente ni desde el trato y la conversación).

  Vuelvo al comentario que suscitó todas estas reflexiones: no vivo enamorado, pero sí soy muy contemplativo. Eso sí: yo no busco mucho sino que encuentro poco y nada. Pasan los años y estoy cada vez más solo. Voy a llegar a los 30 sin contar aunque sea con una amiga "con derechos", como se dice hoy.

  Como le dije a mi amigo Juan Tierradentro, columnista de este humilde espacio, cada tanto sufro la crisis de la soledad. Me angustio y me siento mal. Más de una vez no le hallé sentido a la vida. En sí, tuve una trayectoria afectiva y sexual muy desgraciada. Me inicié con una prostituta a los 14. Volví a tener relaciones a los 18 recién, también dinero de por medio. Hasta los 21, todos los meses, cada vez que cobraba mi magro sueldo, iba a algún prostíbulo a reventar mi bolsillo y mis testículos, llenos de frustración. Meses antes de cumplir 22, pude tener mi primera vez con una no profesional, una amateur, "lo normal". Dos años después, una relación fugaz con la Señorita de Amargo. En síntesis, tuve intimidad no rentada con dos chicas nada más. Fracaso total. Como si fuera poco, llevo seis años sin sexo. Me desafié a no ir con rameras. Lo considero "trampa". El problema estriba en que no consigo el éxito ni en persona ni a través de medios como Tinder, donde se reproduce la gloria de los machos alfa y el infierno de los pobres miserables como uno.

  No digo, a todo esto, que tenga esperanzas en desarrollar un vínculo íntimo con la señorita Schlimberg. Pero me consuelo al verla. Me hace bien. Ella no sabe nada de estas miserias humanas que cuento aquí. Creo que ni siquiera en un estadío de mayor confianza le participaría todas estas penas. Me basta la gracia de verla y de escucharla. Mi soledad se apacigua en compañía de Azul.

martes, 9 de octubre de 2018

Plan de chamuyo



  ¿Y si me convierto en un musulmán de la seducción? El creyente islamista guerrea sin importarle si gana o pierde. Cumple su cometido. ¿Qué pasaría si avanzo en la conquista sin cálculos de por medio? Jihad afectiva. 

  A ver: no habrá avances contra la voluntad de nadie. Lo del párrafo anterior fue circo para estorbar a los progresistas. Realmente, sólo quiero conversar con alguien que me agrada. Crear confianza. Dejar pasar el tiempo. Obrar a conciencia.

  Debería mantener el pulso durante meses. Preservar las intenciones. No entregarme a la resignación. Veremos...

Tu turno



  Feliz fatiga. Más que mirar los principios del partido, de la secta, mirar los finales. En el medio se tergiversa todo, ¿no? 

lunes, 8 de octubre de 2018

Otra de



  La historia de mil fracasos ha resultado todo un éxito. Fracasar bien, bien redundante: fracasar de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Honrar a Churchill, que ganó por amar la derrota. Del otro lado, un perdedor inmundo que se obsesionó con una victoria final sobre los no arios, los discapacitados y los disidentes.  ¿Muy loco, no? El que ofrezca lágrimas, sudor y sangre, obtendrá la recompensa. En cambio, miseria sufrirá el que prometa acabar con la pobreza. Y poco durará el loco que profetice un reino de mil años.

  El único que viene ganando todas las partidas es Donald Trump. ¿Por qué? Porque el que se humilla será exaltado. El mundo lo despreció. Sin embargo, Dios quiso castigar a los izquierdistas de todas las naciones. Bolsonaro fue otro que triunfó contra el odio de millones. No se puede subestimar al adversario sin padecer las consecuencias.

  Sea como sea, una nueva era ha comenzado...

domingo, 7 de octubre de 2018

De un texto nuevo



  Vamos a encomendarnos a la magia de Azul Schlimberg. Dejemos descansar a la Virgen Atea, que ya bastante hizo por haberme salvado la vida. También le damos sus merecidas vacaciones a la Piba Troska, esa mujer piadosa que me dio techo y comida cuando el mundo me daba palo, burlas y consejos de mala muerte. Desde ya, la Rubia de Kill Bill quedó allá lejos y hace tiempo. ¿Qué otra? Han desfilado algunas, pero me debo al presente y al futuro. De la Señorita de Amargo hubo mucho but no más, no más. Fue y ya fue.

  Hola, Azul Schlimberg. O Limberg. No me acuerdo cómo mierda escribir tu apellido, guiso terrible de consonantes. Me quedo con el nombre de tus ojos potentes, fuegos árticos que me encienden lujuria y amor en mi pecho poderoso de hombre pija parada.

Perdón. Estuvo de más el comentario de la parada. Jugué fuerte para sorprender, pero no. A vos te quiero bien. Es más, debo confesarte algo: te tengo miedo sexual. Creo que puedo sufrir impotencia ante tu presencia. Me cuesta explicar el temor reverencial que me llena de inseguridades.

  Tal vez lo anterior también estuvo de más. ¡Como si fueras a darme alguna oportunidad algún día! Pero sí te tengo miedo. No me siento capaz con vos. No sé. Veo como un sacrilegio mirarte a los ojos mientras te recorro con fuerza e insistencia. Te juzgo tan angelical que la culpa eyacula prejuicios sobre mi mente estúpida. Tal vez sería todo lo contrario y uno y mil coitos sintetizarían todas nuestras pasiones. Misterio.

  De todas formas, no me importa hallarte desnuda. Tu gracia me basta. Te veo y tomo todo lo que necesito para sentirme bien. Y creo, modestia aparte, que mi compañía te agrada. ¿Viste que nos llevamos de diez? Pero vos estás con alguien. Mejor no cortar esta bella amistad incipiente por un beso inoportuno o algún comentario fuera de lugar. 

  Conservadurismo al máximo.



Azul Schlimberg



  Tus ojos tan Azul, que veo en días sabáticos y grises, ¡y uno que sufre con la contemplación idiotizante! Me genera pasiones tormentosas el mirarte. Una sucesión imparable de no sé qué.

   Sonreís, te sonrojás, estirás las piernas. Lucís con orgullo un cuerpo que salió victorioso y sensual de una dieta estricta. Te observo el éxito de tu gesta y me aceptás los cumplidos con simpatía y buena voluntad.

  Como no podía ser de otra manera, tenés novio. Las lindas, buenas e inteligentes nunca están solas. ¿O será que nunca llegué ni llegaré a ese intersticio microscópico que una mujer deja entre una pareja y otra? Entre el tren y el andén, quedó un joven que casi pierde la cabeza...

  Suave, pero diosa al fin. La serenidad no te hace humana. ¿De qué cielo viniste? No hay en vos celos, enojos ni maldad. Me cuesta imaginarte en el amor, pero no dudo de tu buen hacer. Una inteligencia como la tuya domina hasta el último gol de la materia.

  Seguramente nunca vas a leer esto. O pasará mucho tiempo hasta que haya suficiente confianza entre nos. Tal vez seas una anécdota: "Hace unos años, me gustaste fuerte. Pero no te dije nada por tu novio". Ahí puede que te llegue este amor hecho internet y nada.

viernes, 5 de octubre de 2018

Sueños locos CXXII (La Decana)



 Llegaste a decana, rubia. La universidad quedó sin un peso de presupuesto, literalmente. Pero vos te hiciste cargo. Tiene mucho valor bancar los trapos en una parada así. Me acuerdo de que los troskos rajaron todes porque sus papis gorilas piraron a Europa cuando cayó Macri. Quedamos los peronistas. Como siempre. 

  Yo, recibido y todo, asumí como catedrático de la parte de limpieza. Ad hominem de verdad, eh. Sin becas de ningún tipo ni chance alguna de viajar a Europa para algún congreso. Como siempre, el negrito de Lugano 1 y 2 quedó con la gloriosa tarea de fregar. Echaron a todos los no docentes y nadie dijo nada. Mucho estudios de género y poca defensa del laburante. "Machirulos". Y bueno, uno, docente, acabó como simple conserje. 

  Me acuerdo, rubia, cuando me hiciste levantar la barricada detrás de la puerta. Puse sillas a lo loco. Armé un búnker más seguro que el Pentagono. Por esos días, nos querían desalojar para vender el edificio. Nadie deseaba ir a estudiar a Provincia. Vos tampoco tenías ganas de viajar de más.

  Confieso que siempre entraba a tu oficina y saqueaba comida. Te tomaba todo el café. Liquidaba las facturas. Masacraba las milanesas. El hambre. Una vez, cuando yo estaba dele que dele con las sillas, me recriminaste, con justa razón, por mi tendencia irrefrenable al hurto famélico. Vos, tan flaquita, tan linda, no concebías cómo esta bestia patriarcal podía ingerir tantas calorías. Te podría haber explicado la ansiedad que me generaba la falta de sexo. Pero me lo habrías pasado por acoso, pese a tu posición jerárquica superior. Bah, no sé. Por las dudas, siempre me hice el tonto. Tus ojitos celestes no me llevarían nunca al abismo de los escraches y las falsas denuncias. Nunca fuiste así, pero yo, santo y puro...

  Me colgué. Te decía que me achacaste por robarte la comida. Yo me hice el indignado y dije que "trabajo sin cobrar por amor a la educación pública. Como acá porque no tengo nada en mi casa". Lloraste. Me pediste disculpas. Me sentí mal por la situación, pero me sorprendí de lo buen actor que soy. Me acuerdo de que me abrazaste y me inventaste un cargo de secretario de no sé qué. Hasta ofreciste pagarme con tu plata. No te acepté la propuesta porque rechazo el fruto de toda manipulación. Increíble lo benigna que fuiste conmigo en esos días de crisis.

  A las semanas, me tomé el palo. Aparecieron los papeles y huí como un zurdo. Te pido disculpas por no haber avisado. Odio las despedidas. Un día cualquiera aparezco en tu despacho y te llevo facturas y unos frascos de café. Gracias por todo. 

  

  

El solitario Alan (por Juan Tierradentro)



  
Los dejo con un cacho de arte que Juan Tierradentro ha dedicado para mí. Y sí: hace seis años que no tengo sexo. 

El hombre se levanta y la luz del sol disuelve la pereza de la mañana, dice. Dice que para él ni siquiera hay amor en polvo. Ni un sucedáneo: le alcanzaría con el simulacro de un rojo beso que humedezca sus labios, que perdieron la memoria de la yuxtaposición. Afirma que se ríe de todos y en parte es verdad, pero no le es dado sentir el vértigo de un orgasmo en donde el tiempo se detiene y cuatro paredes atestiguan la presencia de su espalda jadeante. Le digo que es autoboicot, me dice que es muy exigente, que no se va a regalar. La ausencia de un abrazo dice que le duele demasiado en ciertas noches: me contó que cada tres meses sufre "la crisis de la soledad". Sé que de esas sale sólo (quizás habla un poco con Dios). Le digo: Girondo casi muere una vez que se dio cuenta de que lo que más necesitaba era alguien que le pase la mano por la espalda y no había nadie. Me confiesa que aunque sea le gustaría echarse un polvo. Le sugiero que quizás las ideas, las letras, la filosofía, o tal vez el enorme temor a perder la libertad lo alejan del éxito en el amor. Se llama: A. Sabe mirar los cielos aunque viva en una urbe que afana impunemente parcelas de estrellas con luces y esmog, con fachadas gigantescas y peligro (en un lugar hostil, es difícil mirar para arriba). Sabe cómo tratar una mujer: conoce sus virtudes, cómo manipulan, cómo buscan avanzar para ocupar el primer lugar, cómo gimen cuando reciben lo que quieren en la cama. Me dijo que una vez escribió un texto que se llamaba "Mi lamento": lo escribió para no suicidarse. En ese entonces, hacía un año que no tenía sexo. Hoy, hace seis. Se llama Alan.

Definitivamente mañana



  No hay colectivo para mí. Tal vez no lo haya para nadie en verdad. En mentira, en infiernos apretujados, puede que abunden pesadillas andantes de la ciudad densa y condenada así misma. Rechazo todo este todo y me lanzo a caminar por las calles de siempre y jamás, por las aceras manchadas de sangre, semen y lágrimas. Paso a paso, descubro que Dios permitió el encierro en este laberinto con un fin que tal vez nunca hallaré...

lunes, 1 de octubre de 2018

Mañana mientras



  Arranco otra página y sigo sin arrancarte la ropa (siempre con tu consentimiento, obvio). Tengo ganas de hacerte arder en la cama (lo de arder es una forma de decir, no hablo en sentido literal). No sé qué me pasa. Quiero que seas mía (no me refiero a la esclavitud). Bueno, todo así (con las correspondientes aclaraciones entre paréntesis).

  Me parece que me conviene no decir más nada. Toda expresión hoy levanta polvo y uno debe andar por ahí a pura sacudida. ¿Será que el matriarcado nos impone esperar la muerte en silencio? Tampoco tanto. 

  Más allá del chiste, puede que haya una realidad: hay que cambiar el lenguaje de las relaciones entre hombres y mujeres. No lo digo por la dictadura oscurantista de la ideología de género, que en todo ve pecado. Simplemente manifiesto que nos debemos más sinceridad. Por ejemplo, aunque no apoye el fenómeno mediático del momento macrista, el poliamor, con su blanqueamiento de cuernos, tiene bastante de verdad.

  Uno, que ha leído algo de literatura de otras épocas, ha notado que a la calentura la llamaban amor. Moría la gente de tanto calor en la concha y en los huevos. Se suicidaban por sobredosis hormonales. No había una lengua lícita para expresar tantas pasiones bajas que, al final, eran comunicadas en una expresión casi religiosa. Sacralización de la paja. Usar en vano el Nombre de Dios. Mejor abrir los caminos profanos.

  Todavía queda campo por recorrer a plena revolcada: antes, ellas eran guardadas por la fe y los hábitos. Hoy, las facultades de humanidades retienen a las descendientes de las musas de la Antigüedad. Cosas que pasan y pisan. En fin. Yo también caí en el pecado de escribir demasiado. Mejor decir que te quiero coger y chau, nos vemos en Disney.

Mientras mañana



  Pruebo escribir de pie, una parte del cuerpo apoyada contra la pared. Desde lo alto de un monoblock de la grasa porteña, miro los villeríos del Sur del Konurmalo y sueño con Singapur, Corea del Sur, Suiza o, al menos, Gran Bretaña. Este país está condenado al éxito en materia de comedia...