Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

viernes, 23 de febrero de 2018

Sueños locos CXV (La Banda de Boulogne)





  Tiroteo en Córdoba deja dos ladrones y un policía muerto. El enfrentamiento se produjo luego de que un grupo de siete delincuentes fuertemente armados saliera de un departamento del barrio Nueva Córdoba de la capital provincial con un botín de más de tres millones de pesos. Se intercambiaron más de 120 disparos. Hay un detenido y cuatro prófugos, además de dos efectivos policiales heridos. Horas después de los hechos, fue detenida la supuesta entregadora del dueño de la vivienda, que resultó baleado en una pierna: una mucama de 69 años que le habría pasado el dato a su sobrino nieto. En el allanamiento, se encontró la suma de cien mil pesos. Continúan las investigaciones para dar con los prófugos, todos argentinos mayores de edad y de frondosos antecedentes penales.

  Tiroteo en el microcentro porteño: más de 40 disparos, dos detenidos y tres heridos. En una joyería ubicada en la intersección de la calle Libertad y la avenida Corrientes, un grupo de al menos cuatro ladrones se llevó un botín millonario, pero en la huida se toparon con efectivos de la Policía de la Ciudad, que se enfrentaron a tiros con los malvivientes. Uno de ellos se encuentra internado en el Hospital Argerich luego de recibir un balazo en el tórax. Su vida corre peligro. Otro delincuente se halla detenido bajo custodia en el Hospital Ramos Mejía. Recibió heridas leves. Los otros dos asaltantes se dieron a la fuga y son intensamente buscados en la Zona Sur del Conurbano, de donde se cree son oriundos. 

  Los dos párrafos anteriores son reconstrucciones de robos ocurridos en febrero de 2018. Quizás me equivoqué en algo. Pero más o menos se dieron así los hechos. Comparto estas noticias para poner en contexto algo que me ocurrió a mí en estos últimos días. Entiendo que la Doctrina Bullrich le da vía libre a las Fuerzas de Seguridad para enfrentar la delincuencia. A su vez, los delincuentes son conscientes del fin del garantismo. Por ello, salen a matar o morir. Dicho todo esto, puesto el marco, puedo proceder al relato de lo que me aconteció en algún lugar de la Zona Norte del Conurbano.

  Día de semana. Un martes. Había parado a cargar gas en una estación de servicio Shell. Solo. Salía de un almuerzo de trabajo que tuve en un lugar de alto poder adquisitivo (ahorro precisiones porque hay una investigación en curso y podría hacerla peligrar). Me alejé de la zona de expendio para poder hablar por celular. Tenía que contarle a algunas personas los resultados de la reunión, que fue muy positiva en términos generales. De todas formas, pese al éxito laboral, todo quedó opacado por un grupo de chorros, que hasta la alegría le roban a la gente trabajadora. 

  Vi que cuatro tipos se bajaron de una camioneta Ford Ecosport negra y fueron derecho al minimercado. Me llamó la atención la actitud de los sujetos. Todos mayores. Tengo un radar para este tipo de situaciones. Sabía que iban a robar. Se notaba en sus caras, en la forma de caminar y mirar. En ese momento, me pareció reconocer en ellos a los líderes de La Banda de Boulogne, un grupo de piratas del asfalto y ladrones de bancos muy pesado. Cayeron algunos de la segunda línea, pero nunca pudieron dar con los cabecillas. Reconocí a uno por un tatuaje de una rosa en el cuello. Su foto había sido publicada hace una semana en algunos diarios. 

  Sin hacer gestos, sin alzar la voz, llamé al 911. Ellos no podían oírme, yo me hallaba en diagonal a la puerta del minimercado, cerca de la rejilla perimetral de la estación de servicio. Mi carga de gas iba para largo porque mi coche tiene un tanque grande y se tiene que llenar despacito porque si no revienta el o-ring (me ha pasado que playeros pelotudos me han abierto la manguerita muy rápido y bueno, ha saltado la gomita y tuve que pasarlo a nafta tres días, hasta ir al service. Un garrón. Me va bien en el laburo, pero tampoco tengo la guita para pagar todo lo que quiere el burro de Aranguren). 

- Policía, ¿dónde es su emergencia? -

- Estoy en la Shell de ... Cuatro tipos están robando el minimercado. Son los capos de La Banda de Boulogne. Llegaron en una Ecosport negra patente %&!.?X. - 

  No puedo dar lugar exacto de los hechos ni dominio del vehículo. Sí puedo decir que la policía llegó muy rápido. Arribaron ocho efectivos. Cuatro a bordo de una Surán de la Policía Local y otros cuatro en un taxi blanco de letras celestes de esos que andan por el Conurbano. Nunca entendí lo de los policías taxistas, pero bueno, bajaron decididos a detener a los cacos. Llegaron en menos de un minuto.

  Casi me atropellan. Me quedé parado en el medio por temor de ir a un costado y que uno de los coches haga lo mismo en su afán de esquivar mi posición original. Así que me mantuve estático como un conito. Los ochos uniformados bajaron corriendo, con las armas en las manos y fueron derechito al minimercado, donde más de diez personas, entre personal y clientes, estaban siendo asaltadas. Los ladrones salieron rápidamente y comenzaron a disparar. Yo me arrojé al suelo porque sabía que se venía una balacera feroz.

  En un abrir y cerrar de ojos, tres delincuentes cayeron abatidos. Sus cuerpos quedaron en la puerta del minimercado. Murieron en el acto. Un cuarto hombre consiguió irse a un costado sin importarle la suerte de sus compañeros del hampa. Cuando un oficial quiso bloquearle la escapatoria, cerca del patrullero, el criminal fue más rápido y logró efectuar un disparo seco sobre la frente del subcomisario, que murió a mi lado. Cuando se iba "Popeye", el ladrón con el tatuaje en el cuello, creí que yo tenía por destino un tiro en la nuca. Pensé que se dio cuenta de quién llamó a la gorra. Nada de eso. Me ignoró completamente. Siguió su camino y se perdió en una corrida digna de Usain Bolt por un pasaje a media manzana. 

  Pasaron algunos minutos y yo seguía en el piso. Temía otro enfrentamiento. Imaginaba a familiares y amigos de los difuntos irrumpir en el lugar de los hechos a los tiros. Gracias a Dios, estaba equivocado. Un grupo de mujeres grandes de una parroquia pasó caminando. Les pregunté si todo había terminado. Me dijeron que sí. Yo las seguí hasta la iglesia. Quería tomar algo de agua, rezar y ser consolado. Me sentí culpable de la muerte del subcomisario por haber llamado al 911.  

domingo, 11 de febrero de 2018

Lejitos


 Y muy lejos se hallaba cuando se dio cuenta de que acercarse demasiado puede implicar un choque, una caída, un peligro. En vano, igual, ese darse cuenta tardío. Más habría sido no ver, no ser lo menos. Pero parece ahora que otros caminos se presentan por delante. Ya se dijo mucho antes: "Nada pasa porque sí". Aunque la consolación tenga gusto a poco, o gusto a disgusto, hay algo de verdad en ella: en el futuro, habrá un futuro. 

viernes, 9 de febrero de 2018

Partes iguales



  Al estar tan expuesto, se vuelve vulnerable. Huye del suplicio, se decanta por dolores más refinados. Retorna así a la fuente aúrea de dolor y de percibir cosas. 

  Mundo más mundo. Mañanas que han vuelto en mañanas lejanas. Y hoy, celeste del mirador, te escribo esta frase por tu admiración hacia mí. En otro momento, será otra dicha la que dé cuenta de los detalles y del aire que estalla con el sol. 

  Alguno lectoreará y mantendrá su repudio. Hará bien su mal si yo, mientras tonto, sigo con el mientras monstruo. Y de tanto en tanto, unas pocas letras desharán milagros falsos y utopías verbales.

  Un ascensor, un oso y una botella. "Quiero mostrar tu amor", dijo el cenante. Y mucho menos de lo que parecía, el tiempo se suicidó. 

   

sábado, 3 de febrero de 2018

Monstruito



  El monstruo pequeño tiene sueños que son pesadillas de otros. No le importa por dónde va. Él sólo va. Y sólo va por var. Entonces, la hierba nunca más vuelve a crecer luego de su paso. Ni un sol, ni una flor contra el lecho de sonrisas. Ya no queda fruta ni pasto por probar. La carne se hizo tierra. El hambre lo comerá hasta el final de su vida. 

  Y luego se trata de poner huevo y de comerse lo que hay. Y la gallina comer. Y al mundo olvidar. Y escribir mal, muy mal, porque después no habrá memorias que mendiguen la masacre de hoy. 

  Alejarse y morir. 

  

Sin perdón

  

  La tuya, mala causa. Se te da por robar. Abusar de la caridad. Así es cómo pagas lo que te da la sociedad. No importa lo que digas. Ya es tarde. Siempre lo mismo con vos. Esto no va más. No tenés perdón de Dios. Sos un ladrón. 

  Las excusas no sirven. Tenés que pagar con cárcel, con soledad, el haber tomado el camino equivocado. Mejor no hablarte más. Ya no te quiero ver. 

domingo, 28 de enero de 2018

Viaje a Europa



 Ni yo me lo puedo creer: estoy en Europa en este momento. Inicialmente, estuve en París. Luego fui a Münich. Cinco días más tarde, conocí Budapest. Hoy por la mañana, tuve un paso por feliz por Praga: no conseguí hospedaje económico y decidí marchar. Vuelvo al punto de partida. Especulo con ir a Londres. La idea sería dejar las maletas en casa de la Virgen Atea, Reina y Madre de Francia y Argentina, e ir liviano a Inglaterra. Se verá. Mi presupuesto es más que escueto. El pasaje, por caso, me lo compró mi madre y debo hacer la correspondiente devolución en cuotas tal vez no tan cómodas. 

  Es un viaje iniciático. Tal vez tendría que haberlo hecho a los dieciocho, diez años antes. Pero no se dio. Hoy me siento con la misma de ayer, con la mejor. La energía me acompaña, claro. Aunque he vivido mucha necesidad en la vida como para dar mil vueltas por una cama en un hostel. Voy a lo seguro: a lo de mis amigos, aunque a esta altura me quieran comer en una cazuela de pescados. Los amo. Son lo más lindo que me regaló Dios, luego de la gracia de creer en Él.

  Escribo desde una tablet, en un micro de Flixbus que está cruzando Alemania. Pasé por Dresde. Parece ficción que allí hubo un genocidio. No puedo creer que en estas ciudades que vi en estos días se hayan desenvuelto tantos horrores. La condición humana. Decía al principio de párrafo que redacto este humilde texto con un formato un poco heterodoxo para mí. Quizás por ello se nota cierta rigidez en mis líneas, más duras que nunca. La computadora de escritorio es mi soporte favorito. Aunque desearía poseer la tecnología que me permita escribir con lapicera en un cuaderno universitario y que luego ello se vea plasmado en mi página de internet. Seguramente que ya existe ese invento. Pero yo no lo sé a ciencia cierta. Un pobre pibe burro que viaja.

  Siento que cumplí con lo único que me quedaba pendiente en la vida. Puedo morir tranquilo. Doy gracias a Dios por no deberme más nada. Aunque claro, el terminar la universidad no se me hace poco...

  Viajé en avión por primera vez, hablé idiomas, conocí gente de otras culturas, visité lugares maravillosos. Confío que en esta segunda parte del viaje pueda hacer lo propio. Reconozco que me faltó planificación. Dejé todo esclavizado al azar, que en esta ocasión no supo o no quiso perdonarme. Cuando el dinero es poco, cuando no se cuenta con cien euros por día como mínimo y hay que pagar alojamiento, viaje, comida y otros gastos, se hace indispensable utilizar al máximo la inteligencia y calcular hasta el último paso en suelo extranjero. Erré feo y lo admito. Ahora, ya ya, a diez días de comenzada mi travesía, no estoy pasando necesidad, pero no tengo resto como para expandir demasiado el imperio de mi andar. Quizás consiga recorrer un trecho más. Aunque debo ser prudente. 

  Pasó todo muy rápido. Se dio de tener amigos en Europa, pasaporte al día, ahorros y ayuda familiar. Y uno se mandó a conquistar al continente conquistador. Pero en el teatro de operaciones, se han sucedido imprevistos. Así que lidio con ellos a la espera de que el tiempo convierta las peripecias del hoy en las graciosas anécdotas del mañana, con la consabida indulgencia al ayer y a los pecados de juventud, los mismos que, a fuerza de doler, nos llevan al camino de la virtud. 

sábado, 13 de enero de 2018

Anyway



  •   Bien, ayer hablé con ella. Ya se olvidó. El pibe éste no duró nada. Un pobre negro feo. ¿La llave la tienen ustedes?

martes, 9 de enero de 2018

Sueños locos CXIV (Piedras)





  Salí del Coto de Lugano con las compras para el fin de semana. Iba rumbo al puente peatonal que conecta con la tira donde está el kiosco del barbudo, sobre Soldado de la Frontera. Se puede ir de una tira a otra de los monoblocks sin tocar la calle. Maravilla de la ciudad planificada. 

  Antes de llegar al puente peatonal, en la pasarela que bordea Coto por el lado de atrás, comencé a recibir piedrazos a repetición. No sabía el motivo del ataque. Solamente veía al individuo encarnizado contra mí: convertido en una catapulta viviente, arrojaba todos los proyectiles que tenía a disposición en el piso, a modo de un arsenal previamente preparado para agredirme. Las municiones no eran muy grandes, no voy a mentir. Sin embargo, no hace falta contar con artillería pesada para abatir a un individuo en soledad...

  Las piedras me pasaban muy cerca. Pensé en huir. De hecho, quise irme hacia atrás y bajar las escaleras para tocar la calle y ver de refugiarme en otro lugar. Pero me di cuenta de que el agresor estaba del otro lado del puente, que contaba con mucho poder de fuego y que, en mi retirada, le daba la espalda y la iniciativa para perseguirme. Así que me decidí a encarar para su posición, con intención de alcanzarlo y darle muerte.

  Los monoblocks de Lugano 1 y 2 constituyen una estructura compleja y difícil de describir. Casi todos los edificios tienen, en un primer piso, locales comerciales que dan a la calle. Los mismos están conectados por puentes peatonales que cruzan la Avenida Soldado de la Frontera. En un contexto así, cualquiera puede ser blanco de ataque por los cuatro costados: un forajido, chiflido mediante, puede convocar a todos sus secuaces y, en cuestión de minutos, las pirañas harán su trabajo de manera letal...

  Las piedras matan. Una piedra mató a Goliat. Eso de que los pobres palestinos tienen piedritas se trata de un cuento: un proyectil arrojado a gran velocidad a la cabeza es un arma mortal. No hay otra. Lo mismo con los izquierdistas que en diciembre del 2017 arrojaron 15 toneladas de cascotes contra la policía frente al Congreso. Cuando mi agresor me acosaba a las pedradas, pensaba en todos los comunistas del mundo entero que ven como algo inocente el lanzar objetos contundentes contra el prójimo. Creo que no está mal responder con balas de plomo, aunque me digan que dicha respuesta no guarda proporción ni mesura. Desconfío de las "buenas intenciones" de los progres.

  Solamente un puente me separaba del Bombardero Humano de Lugano 1 y 2. Podía acortar la distancia y asaltar a mi victimario. Aunque no era empresa fácil: al subir la escaleras para cruzar el puente, perdía de vista a mi rival. Bien podía ser que para ese entonces él ya se haya apostado en los escalones del otro lado, con la consiguiente ventaja de montarme un recibimiento del tipo emboscada. No podía perder el tiempo: si me quedaba de pie, perdía. Si huía, moría. Y si avanzaba, podía sucumbir a una lapidación islámica. Todos los caminos me llevaban a Babilonia.

  Con paso rápido, dejé atrás los escalones y pude subir al puente. Las piedras no paraban. Como Apolo, el que hiere de lejos, el eximio arquero me hostigaba con sus flechas de fuego. Yo llevaba los brazos en guardia tipo boxeo para proteger mi integridad. Las piñas rocosas comenzaban a dejarme los antebrazos ensangrentados. 

  Aunque él no me vio al subir las escaleras del puente, sabía que iba a su encuentro. Por eso mismo, con gran tino de su parte, no dejó de lanzar balas de cañón. Ahora que la distancia era menor, utilizó munición gruesa. No tenía ya problemas de alcance. Pese a ser un joven muy delgado, se notaba con gran fuerza en el brazo derecho. Además, daba pasos hacia adelante para tomar impulso. Se lo notaba ligero. Pese a que los artilleros no son tan valientes como los soldados de infantería, no podía subestimar a un delincuente que sabe moverse como un mono. Yo apostaba al favor sorpresa, a dejarlo sin reacción. Porque los que agreden a distancia nunca imaginan que van a tener a su blanco cara a cara.

  Ya casi estaba por llegar al otro lado del puente. Yo, Alan, el de los pies ligeros, tenía muy cerca a mi atacante. El problema era que no podía apurar el paso porque, al bajar los brazos del rostro para correr más rápido, quedaba sin guardia a pocos metros del punto de lanzamiento. Conservé la cordura y mantuve los miembros superiores arriba, a la manera de una jaula protectora. Avanzaba veloz con pasos en zig-zag para desorientar al gamberro de tez marrón. Noté el susto que delataba la mirada. No podía creer que hubiera ido a su encuentro. Me insultaba para tomar valor: "¡Te voy a matar, gil! ¡Tocá de acá, vo'!" 

  Era vivo el sujeto: amagaba con los lanzamientos ahora que había bajado del puente con saltos rápidos. Quería ver si bajaba la guardia en un segundo. Yo seguía con los brazos en alto para protección. Si me tentaba con irme al humo de una corrida, perdía el rostro y no me iba a reconocer ni mi madre. Tenía que aguantar. 

  Corrí unos pocos metros y le grité que pelee mano a mano. Le dije "hijo de puta". Sabía que iba a perder la compostura: este tipo de gente marginal suele tatuarse el nombre de su madre. "¡Ahora vas a ver!", me tiró. Ya no podía seguir con las piedras porque tenía que agacharse para aprovisionarse, lo que equivalía a dejarse patear la cabeza por mí. Se paró firme y amagó con darme algunas pataditas. Visto y considerando la diferencia de cuerpo, - yo le saco una cabeza de altura - supe que me iba a imponer por peso, estado físico y agresividad. 

  Arremetí con todo hasta empujarlo contra una pared. Sus piñas y patadas sólo conseguían enfurecerme como Toro Salvaje, aquel boxeador italo-americano que se dejaba dar algunos golpes para alimentar su rabia. Una vez que estuvo acorralado, comencé a trabajarle la zona hepática con golpes a repetición. A su vez, le daba cabezazos cortitos al rostro y algunos rodillazos y pataditas a los tobillos. Con mi hombro derecho, le hacía presión sobre el pecho para que no pudiera escapar. Se hallaba agitado. Pero tuvo el aire suficiente para lanzar un chiflido de llamado a la manada... 

  Los monoblocks de Lugano 1 y 2 tienen una puerta de salida en los primeros pisos, las cuales dan a los negocios. Sentí el ruido de un ascensor y segundos después vi salir a cuatro sujetos con gorras y zapatillas deportivas que reclamaban por su hermano, el mismo que yacía inconsciente en el piso luego de que le diera el último golpe. Antes de que pudieran abrir la reja, me lancé a correr con desesperación para el lado de Avenida Roca: había visto que dos de los tipos agitaban armas de fuego.  

martes, 2 de enero de 2018

Análisis de la cuarta temporada de Black Mirror




  Hay spoilers en este texto. Si no vio la serie Black Mirror, recomendamos que no lea la presente entrada del blog. Gracias. 

  Por las dudas, acá hay spoilers; es decir, se cuentan sucesos de los episodios de la cuarta temporada de Black Mirror. No es nuestra intención arruinar finales ni que usted vea un capítulo a sabiendas de lo que pasará. Perdón si somos reiterativos con las advertencias. Sucede que no queremos ser desleales. Dicho esto, procederemos con nuestro análisis.

  Ahora que entramos en confianza, paso a la primera persona del singular. Creo que la cuarta temporada de Black Mirror comenzaría a revelar cierto desgaste creativo por parte de Charlie Brooker. Por ejemplo, el primer episodio de la última entrega, lanzada por Netflix a finales de 2017, tiene un final similar a Playtest, segundo episodio de la tercera temporada. Sí, U.S.S. Callister también finaliza con un tipo frito por un videojuego. Esta vez, el guiño es a una serie de ciencia ficción: Viaje a las estrellas. En Playtest reina una atmósfera que homenajea a Edgar Allan Poe, ¿lo recuerdan? Cuando miraba ese episodio, me parecía plagado de clichés. Hasta que el desenlace me dejó muerto frente al espejo negro. Brooker tiene eso: gran capacidad para salir de pantanos en cuanto a la construcción. Pero ahora noto que, poco a poco, se va copiando a sí mismo. Por lo menos así lo veo yo. 

  Además de la similitud decepcionante entre Playtest y U.S.S. Callister, veo otras marcas de agotamiento intelectual. Por ejemplo, en varios episodios vuelve la idea fija del dispositivo implantado en el cerebro. Arkangel y Crocodrile muestran la acción de sendos aparatos sobre el cerebro. En el primer caso, una madre le implanta a su hijita un objeto que le permite monitorear todo lo que ella hace y ve. En el segundo caso, una empleada de una aseguradora tiene una maquinita que, puesta en la sien, hace que afloren los recuerdos de personas que vieron o padecieron accidentes de tránsito. A su vez, en Black Museum, vuelve a aparecer una miniatura que se adhiere en la sien (cuando la muchacha le extrae la conciencia al científico loco que esclavizó a su padre hasta más allá de la muerte). Ahora que lo recuerdo, en U.S.S. Callister también se ve el redondelito adherido al costado de la cabeza de un personaje (el gamer). En verdad, cualquiera de ustedes, queridos lectores, podrá decirme que quizás se intente ver la tecnología en todas sus variantes de actuación. Sin embargo, ver seres con los ojos en blanco - en una suerte de estado de trance 2.0 - una y otra vez comienza a aburrirme. 

  Hang the DJ me pareció un muy buen episodio. Con una clara alusión a las redes sociales de conquista, muestra un Tinder perfecto. O casi. Hace unos meses, escribí un texto que en partes se "adelantó" a este capítulo: https://surferpunks.blogspot.com.ar/2017/03/simulador-de-extremos.html  Dicho sea de paso, sería un honor para mí que el amigo Charlie Brooker tome mi idea (además de un honor, resultaría un alivio para mis arcas, no voy a mentir).

Nobleza obliga, Crocodrile merece una mención especial: el final es increíble. Muy buen episodio. Hermosa locación: Islandia. Grandes actuaciones. La construcción de la atmósfera fría, nórdica, resultó genial con la protagonista, sus acciones y su obra como arquitecta de vanguardia. Acá hay un trabajo muy bueno en varios aspectos. Pese a que yo me queje de la repetición del aparatito conectado a la cabeza como recurso creativo. En The Entire History Of You hay algo de eso, que lo hermana a Arkangel. Realmente, creo que no está bueno copiarse a uno mismo. Sin embargo, Crocodrile se escapa de las limitaciones del guionista. Una obra maestra. 

  Metalhead es un capítulo bueno. Seis puntos. Nada más. Tiene una onda ciberpunk interesante. Pero no ahonda demasiado en ningún tema en especial. No llega a la genialidad de Men Against Fire, quinto episodio de la tercera temporada. 

 Black Museum sí me gustó. Curiosamente, en el museo se ven algunos elementos que aparecieron a lo largo de la serie. Como la paleta que en U.S.S. Callister sirvió para "clonar" al niño. O la pantallita de control que utilizaba la madre en Arkangel. A mí entender, hay algo de despedida en este Museo de Black Mirror. A su vez, se nombra a San Junipero y hay guiños a otros episodios, como Fifteen Million Merits. 

  Otra gente ya ha dicho que Black Museum recuerda a White Christmas, en tanto historias enmarcadas en un mega-capítulo. No descubro la pólvora. Sí veo la posibilidad real de que pueda tratarse del último episodio de la serie. 

  En Black Museum interpreto un alegato interesante contra la pena de muerte: el condenado que muere una y otra vez, una y otra vez, hasta morir definitivamente (una persona condenada a la pena capital fallece miles de veces en su mente por causa de los nervios, la incertidumbre, el dolor y el miedo. A propósito, White Bear es un capítulo muy interesante para abordar la cuestión). A su vez, en la historia del médico loco, veo un hiperbolismo de la figura del sádico sublimado: en algún punto, a los doctores les gusta el dolor y la sangre al igual que a los militares. Lo mismo con los bomberos: ¿podrían vivir si no existiera el fuego? En la otra historia, la de la chica atropellada cuya conciencia acaba en un monito de peluche, se ve qué poca cosa es el alma disociada del cuerpo en nuestra cultura actual. ¿Será una apología de la eutanasia? No lo sé. Pero veo que la serie brinda ocasión para grandes debates, para reflexiones de todo tipo, para charlas de amigos, para análisis académicos. 

  Amo Black Mirror. Es una serie genial. Una de las mejores de la historia. Sin embargo, creo que ha llegado a un punto de inflexión: muere, o se renueva por completo. Creo que no se perdonaría el autoplagio en una hipotética quinta temporada. Desde ya, espero no haber ofendido a ningún fanático. Por lo demás, acepto críticas, sugerencias o refutaciones a mi presente artículo. Muy buen 2018 para todos. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

Julio 2017




1)      Todas las mañanas desayuno con Karin Cohen. Me cae bien. Dicho esto, me sorprende que mantenga el acento de los judíos que no han salido del gueto. Nunca le había prestado atención. Suena bonito.

2)      Cerruti es una mierda. Como todo el progresismo. Son los padres de la derrota. Los aborrezco profundamente. Gracias a Dios, tuve la dicha de decirle en la cara a esa pelotuda comunista de Caballito que yo soy de Berni, que banco a Scioli, que soy peronista old school y que estoy en contra del aborto. Pura porquería el kirchnerismo, lleno de bolcheviques entristas que el mismo General Perón mandaría a guardar en el ropero de la historia...

3)      Un amigo le dice "la tota" al acto de masturbarse. Yo acuñé la expresión "tota total": cuando el desborde es tal que mancha remera, calzoncillo, sábanas y acolchado. Voy por más: "tota totalitaria" es cuando te clavás cinco en una noche...

4)      Les tiro la frase del domingo. Es la creación de un buen hombre perteneciente a una familia de destacados intelectuales nacionalistas católicos: "Sin la gracia de Dios, somos todos una mierda". Gran verdad. Nada somos sin Él. Por otro lado, me gusta la sencillez y la claridad de estilo.

5)     Conste que luego de que yo visité Rafaela sucedieron dos hechos increíbles: el primero fue la aparición de una hostia ensangrentada en una iglesia cercana a la estación terminal de ómnibus. El segundo hecho, hace pocos días, fue el de la planta de marihuana en la plaza principal...

6)      Fíjense que a todo el que piense distinto le va mal en este país: Ricardo Iorio, Baby Etchecopar, Carlos Maslatón, Yayo... No se puede hacer ni decir nada. Todo es censura. Es una mierda. Vamos hacia la dictadura de las pelo cortitos de Puan, esas tipas de axilas peludas que odian la vida.

7)      Si no te gusta tal cosa, te dicen lxs zurdxs, no lo hagas, no lo veas. Ahora bien, si no te gusta Yayo, no vayas a su espectáculo. Son gente de mierda. Esto es una dictadura, viejo. Ustedes pueden decir a mis espaldas que soy un loco pero los invito a debatir cara a cara a ver si me pueden refutar algo, soretes.

8)      ¿Vieron lo del humorista Yayo, el cordobés? ¡Pobre! Todo mi apoyo hacia él. Otra vez más, se demuestra mi don de clarividencia: las femibolches existen. Esto es una dictadura, hermano. Tengo las bolas llenas. Pero venceremos.

9)      Dijo Pinedo,en referencia a Cristina: "Es un producto de la Argentina, una persona que viene de una familia pobre de los suburbios de La Plata". Enhorabuena el oligarca le reconoció cierto mérito a CFK, que vino de muy abajo. En ese sentido, ella fue una de las pocas personalidades de nuestra política que nació en cuna de barro, en un barrio. Tolosa no existe, hasta el nombre suena feo. Bien por la Morocha. Históricamente, hemos sido gobernados por ricos salvo excepciones.

10)  Gente: yo no soy violento. Tengo un problema hormonal, nada más. Si contesto de forma beligerante, si no soy de mostrarme mansito, no es porque me falte educación o porque no quiera a la humanidad: hace cinco años que no tengo sexo. Entonces soy todo power, todo acción y reacción, locura y descontrol. Si tuviera, al igual que ustedes, la grata magia de echarme tres polvos cada noche, o uno que dure all the night, andaría como vosotros, hecho una seda. Les cuento algo: un amigazo de Jesús que vivió siete meses conmigo ha dicho que soy un demonio de Tazmania por mi energía. Y sí...

11)  La Muse que never left, que was always under sun - según palabras de ella, que habla un inglés perfecto -, me ha vuelto a escribir. Dijo que ha leído mi blog incluso estando de viaje por Japón. Ya me parecía raro tener visitas de allí. Lo único que puedo decir es que la conozco personalmente y nada más. No es la Judía, no es Piba Troska, Virgen Atea ni otras amiguitas que salen en fotos with me. No. No tiene Facebook. Es todo misterio. Y bueno, me la quise coger y no pude. Y yo, a paja y agua, papá.

12)  El otro día vi, en un supermercado de Lugano, a un hombre cuya barba le llegaba hasta el pecho, no se le veía el cuello. Estaba rapado a los costados, con el cabello canoso peinado hacia atrás. ¿Edad? Entre cincuenta y sesenta, bien podría ser mi padre. Vestía ropas deportivas. Medía uno noventa o algo más, dueño de intimidantes ojos claros. Realmente, me generó mucha impresión, misterio. ¿Un sacerdote de la Iglesia Ortodoxa con ropa de calle? ¿Un miembro del ISIS? ¿Un judío de Jabad? Le miré la nuca: le colgaba un rosario color celeste, católico. En un momento, creí que era un cura de la Iglesia de Roma. Pero es raro que tenga tan buena condición física. Agresivo el sujeto: nunca me bajó la mirada. Ambos esperábamos en la cola para pagar. Pensé en la posibilidad real de intercambiar golpes con ese individuo ante una eventual agresión. Llegué a sospechar que se trataba de un mafioso. De repente, el enigmático caballero se esfumó. Cuando yo me retiraba, vi que se acercaba a la línea de cajas con una canasta llena de rollos de cocina, ocho conté. Camino a mi casa, se me ocurrió que podría tratarse de un proxeneta visto y considerando lo que compró...

13)  Les voy a contar una anécdota bien peronista de hace unos años: trabajaba como empleado de seguridad en el mayorista Vital de Avellaneda, sobre la calle Pienovi. Me había hecho amigo de un fletero, un tipo grande, muy buena persona. Una mañana fría le pregunté si tenía recuerdos de la época de Perón. "Alan, ¡la conocí a Evita! Ella fue a visitar el hospital de acá cuando era chico. Mi vieja estaba internada. Recuerdo que me vio ahí solo y me compró churros con chocolate". Ni bien dijo esto, los ojos claros del viejo fundieron en lágrimas de patria. Me contuve para no llorar en el trabajo. Ahora que lo recuerdo, en la soledad de mi cuarto, puedo soltar los lagrimones reprimidos desde antaño. ¡Viva Perón carajo!


14)  Hay dos tipos de gente: los que se mean con las pelis de Woody Allen y los que miramos Walker Ranger de Texas. A mí me va el Deep South. Simpatizo con los republicanos. No me desagradan los WASP pese a no ser yo de ellos sino todo lo contrario. Nueva York, en cambio, es una ciudad que se me hace más de izquierdas, cosmopolita. Ojo, Giuliani es neoyorquino, italiano y católico y es terrible héroe. Pero en general, en New York abundan los izquierdosos como Buby Allen.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Muy de tarde


  Toc-toc: alguien golpea una puerta. Toc-toc: todavía no abrieron. Poco después, ingresa una obsesión al texto. Dice que en alguna parte del mundo podrá haber alguien que nos ame de verdad. Del mismo modo, en algún lugar puede que haya un radical dispuesto a matarnos a todos. Ya que estamos, podemos decir que también está el hombre que hará justicia y acabará con el terrorista. Y bueno, el sepulturero, que se hará rico con tanto trabajo. Y la esposa, que le quitará el dinero y le será infiel. Y el amante, que vivirá de la mujer que vive de los muertos. Y Dios, que está en todos lados, solamente hará milagros en Buenos Aires.

Sueños locos CXIII (Ciudades marginales)




  Estuve toda la noche con un amigo. Compartimos un maratón de drogas y prostitutas en una ciudad grande. No sé por qué, pero hablábamos todo en inglés. Realmente, no tengo una conversación fluida en otra lengua que no sea la mía. Pero el alcohol tal vez me desinhiba e inspire. Sinceramente, no sabía si estaba en Buenos Aires o en New York City. Veía luces por todos lados y se escuchaba música de Lady Gaga, Ricky Martin, Madonna, Shakira y otras bestias del pop internacional. Para el caso, todo era más o menos igual. ¿Eso se llama globalización? Me ahorro juicios de valor al respecto. Cada cual tiene sus pensamientos. Sí confieso que los años, la madurez, me hizo volverme más burgués, más cosmopolita, más otro, menos yo (si alguna vez existió algo semejante a un "yo nacional" en mí, sujeto llamado Alan, nombre no muy criollo que digamos).

  Drogas, sí. Muchas drogas. No voy a entrar en detalles, no sea cosa que me investiguen, o que me crean dealer. Fue una noche nomás. Cocaína y marihuana. Hemos compartido las sustancias con mujeres, con muchas mujeres. Creo haberme acostado con cuatro chicas en muy pocas horas. Si no pago, no hallo refugio vaginal. Las feministas que están por la abolición de la prostitución me odiarán, ¿pero qué puedo hacer al respecto? ¿Aguantarme las ganas? ¡Vamos! ¡Eso es religión 2.0! 

  Mi amigo, que no voy a nombrar por su seguridad, me dejó en auto al costado de las vías del tren. Lejos, muy lejos quedaron las luces de la ciudad central. Tuvimos que viajar casi una hora para llegar a ese suburbio oscuro. Ya no se escuchaba el ladrido de Shakira ni el de Justin Bieber; ahora había perros de verdad, con hambre y ganas, pero no de dinero, como los talentos que suenan y sueñan en la radio.

 Obvio que no sabía dónde estaba. El amigo de la fiesta me despidió con sonrisa malévola y se fue a toda velocidad por la avenida que corta las vías del tren. Quedé solo, en medio de la noche y la nada. Relato trillado, sí, pero es lo que me pasó. ¿O tengo que decir algo distinto para ser original? No voy a inventar exotismos ni empatizar con un ambiente que me hizo sentir en peligro en todo momento.

  Hacía frío. Cada vez que exhalaba, salía vapor. Me convertí en una locomotora humana. Tenía guantes y un buen abrigo. Pero hacía frío. Mucho frío. Pasó un camión a mi lado. Tocó bocina fuerte como flatulencia de Satán. Me asusté. Todo me asustaba esa noche, en ese lugar. El camión era americano: grande, con dos caños de escape a los costados, cabina trasera para dormir, marca desconocida en la Argentina. Sí, volví a creer que deambulaba en los suburbios de Nueva York o de alguna ciudad grande de los Estados Unidos. En esa zona, no había carteles con el nombre de las calles. Tampoco se veían comercios que digan, por ejemplo, "Casa de comidas Juancito". De todas formas, ¿no existe en Norteamérica una gran comunidad latina? Todo se prestaba a confusión. Lo peor es que la noche cerrada no dejaba ver mucho más allá de donde vagaba. El alumbrado público era escaso, quizás un foco de luz por cuadra. Por lo menos no oía gente alrededor. 

  El silencio de la noche fue arrollado por el paso de un tren celeste con letras blancas: "Ferrocarril Belgrano Sur", decía la locomotora. Me había vuelto la conciencia: ya no estaba en los Estados Unidos. Recordé que mi gira de mujeres y drogas comenzó al bajar del avión, en el Aeropuerto de Ezeiza. Además, por el temor a las leyes que existen en el Norte, me abstuve de cometer cualquier acto que pueda ser considerado inmoral en la cultura protestante. ¡Cierto que yo había vuelto al país a hacer todo lo que no podía allá!

  No quise cruzar las vías y ver qué había del otro lado. Preferí tomar la contraria y adentrarme en lo que creía el sur. Sentía que debía ir un poco sur y mucho este, mucho este. Aunque, la verdad sea dicha, me hice a la idea de que "todos los caminos conducen a Roma". Dentro de una ciudad, o de los suburbios de la misma, siempre se puede llegar a buen puerto, ¿no? ¿O existe la posibilidad de terminar en el medio del campo si uno está en las afueras? Peor sería quedar perdido en medio de la Patagonia o de algún desierto en Nuevo México.

  Tomé una calle a mi izquierda. Hice trescientos metros a pie, a paso no muy rápido, pero tampoco lento. Llegué hasta la pared de una casa. Otra vez tomé la izquierda y seguí por un pasaje peatonal cercado por casitas bajas cuyas paredes no llevaban revoque: se veían los ladrillos y sentía con mis dedos las ranuras de los mismos. Los techos de chapa, con una leve inclinación hacia el suelo, casi que me tocaban la cabeza al caminar. Se ve que la gente de la zona no es muy alta, ¿no? O tal vez se agachen dentro de sus viviendas. Todos estos pensamientos absurdos trataba yo de acrecentar para que no me asalte una y otra vez el temor de ser asaltado. 

  Llegué a una encrucijada de pasillos. Esta vez, tomé a la derecha. Vi a cuatro mujeres de tez trigueña con poca ropa en la puerta de una casa. Me hicieron comentarios sexuales, tal vez eran prostitutas. Pero yo no quería volver otra vez a caer en desgracia por una noche de juerga. Seguí caminando. Solamente sonreí y saludé para no ser descortés. 

  Sentía el barro pegarse en mis zapatos. Al costado del sendero, algo de pasto, pasto no muy alto. Temía que se me aparezca una rata rabiosa en la noche y que me muerda un tobillo. Los ruidos se hacían fuertes: ladridos, chillidos, llantos, disparos, risas, gemidos, golpes, aplausos. 

  Otra vez salí a las vías del tren. Tuve la suerte de llegar a una estación y ver, de milagro, un mapa: estaba yendo en la dirección correcta. Si conseguía caminar dos horas a buena velocidad, conseguiría ingresar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la civilización. 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

De junio veinte diecisiete






1)      Me encanta la Griega. Nos perdimos una ministra de lujo. Campeona de la austeridad fiscal, nada que ver con los macristas, endeudadores seriales. Ahora bien, me pregunto una cosa: ¿a la Griega Batakis le gustará el así llamado "sexo griego"? Creo que sí. Los griego-descendientes son sodomitas por naturaleza, no como los semitas (?) Los hijos del desierto, por mera higiene y pragmatismo, aborrecen el ingreso al templo por la puerta de atrás. Judíos, cristianos y musulmanes de Medio Oriente conservan la clausura ancestral de ciertos espacios. Los helénicos, por más ortodoxos que sean, adhieren a las prácticas amatorias de sus antepasados paganos (sobre la Griega Batakis).

2)      Nunca entendí ese amor desmedido por el tristemente célebre "arrebato": es de cobarde pegarle a alguien desprevenido. De valiente es ir, proponer mano a mano y combatir hasta el final sin importar el resultado.

3)      A veces me dan cosa los pobres animalitos. Me pinta la conciencia vegana. Pero luego veo que en la Biblia comen carne y se me pasa. Dios me lo permite.

4)      El otro día compartí uno de mis sueños locos que trataba sobre el linchamiento de un pibe por robar un celular. Días después, en Córdoba, cagaron a palos a un adolescente de trece por ese mismo motivo. Es increíble cómo le vengo acertando con mis visiones. Escribo algo y pasa un hecho de esa naturaleza. Y no es que uno busca en la realidad para legitimar lo soñado y lo escrito, al contrario. Hay un mundo previo a los hechos en el que Dios y los demonios conocen las posibles acciones de los hombres. Predestinación no hay pero sí tendencias manifiestas. Hay algunos que por mucho albedrío que les des irán a robar un teléfono aún a sabiendas de que serán cagados a golpes. Libertad para que tu destino sea morir bajo la irracionalidad de una turba cordobesa...

5)      Yo le critico muchas cosas al boludo de Esteban Bullrich. Pero estuvo bien en hablar de la enseñanza del Evangelio en las escuelas. Pasa que lo quitaron de contexto: él habló de dar Teología Comparada. Sería una genialidad implementar una materia así.

6)      Es interesante que mi amiga Verónica Magario haya escrito, en una de sus tantas propgandas, "todos" y no "todxs". ¿Será que en La Matanza no se comen el verso progre del "lenguaje no sexista"? En cualquier caso, ciertas formas de hablar y de escribir en nuestros días vienen de la maldita secta universitaria, de las estúpidas castas profesorales, de gente rubia que toma café en los exclusivos bares de Pedro Goyena. Yo soy un infiltrado peronista en ese antro elitista que es Puan. Es gracioso porque los sectores letrados reivindicar la forma de hablar de los pibes chorros, la no "estigmatización" y hasta se intentan mimetizar con los villeros y llevan adelante iniciativas poderosas. Ahora bien, cuando se trata de la boludez del "género", te corrigen con rigor jansenista ni bien te salís del libreto, doble moral que le dicen. Son terribles. Ojo, igual hay que hacer una salvedad: se está utilizando mucho el "todes". Se dieron cuenta de que es propio de enfermitos escribir algo que no se puede pronunciar. Y más en una lengua fonética como la nuestra, donde casi que no tenemos letras al pedo en las palabras como el caso del inglés o del francés, que son puro relleno ortográfico nomás. El peronismo tiene que elegir: es Berni o María Rachid. O, como diría Mussolini, "Gloria o morte!"

7)      Gracias a gente como uno, el mundo es un lugar más bello, más feliz. Fíjense que casi todo el tiempo me río, a menos que tenga que aplicarle mafia a un chacal de los caterings. Pero en general, con fe, con esperanza, combatiendo al capital, activa como nunca, no fue magia y la mar en coche.
   Con el estilo viril, solar, patriarcal y alegre que me caracteriza, les doy mi bendición, les deseo un buen domingo y les envío mis mejores deseos. Sepan que yo siempre estaré con ustedes hasta el fin del mundo y el principio de una nueva era. No olviden que soy un amigazo de Jesús, que me sobra el aguante y que somos todos leche de los huevos de Menem.
  Ah, saludo a mis amigos Donald Trump, Guillermo Moreno, Daniel Scioli, Papa Francisco y tantos otros chacalazos del mundo entero. Por una sociedad de hombres libres e iguales, in God we trust...

8)      Es maravilloso que todavía haya espacios libres de mujeres. En eso se parecen ciertos clubes a la Masonería, la Iglesia, los cuerpos de élite de Fuerzas Armadas y de Seguridad, las direcciones ortodoxas del Judaísmo, etc. Reivindico siempre y en todo lugar lo patriarcal. In God we trust.

9)      Sigo sosteniendo, a riesgo de que me caguen a puteadas, que sí hay gente que finge discapacidad. Por ejemplo, nunca faltan las viejas que en los colectivos inventan operaciones imaginarias para que algún boludo les dé el asiento...

10)  Nunca pero nunca te pelees con un rafaelino. En su gran mayoría, miden casi uno noventa, van al gimnasio, saben artes marciales, comen carne todos los días y se la pasan en la pileta. Te matan esos tipos. Yo los vi con mis propios ojos. Son temibles. Es preferible entregar la cola: te la arreglás en el bidet, de última. Pero la cabeza y la cara no tienen arreglo a menos que tengas mucho dinero y vayas con los mejores cirujanos...

11)  Desde ya, no estoy a favor de que a una persona discapacitada le quiten su pensión. No soy liberal, quiero un Estado presente. Ahora, una cosita: ¿se dieron cuenta de que en Buenos Aires hay miles y miles de coches con la calcomanía de discapacidad, la de la silla de ruedas? ¿Somos la capital mundial de los paralíticos? A los que se inventaron una incapacidad o problema que no tienen, a esos hay que dejarlos maltrechos a palazos por mentirosos e hijos de puta. Y obvio, hay que quitarles el subsidio y mandarlos a la concha del pato a los bifes.

12)  La mayoría de los k son chetos. Todos de Caballito, Palermo y otros barrios de clase mierda.

13)  Jajajaja. ¡Ay, ay,ay, qué risa que me da: ellas culpan al "macho" y son la pura maldad! #NiUnaMenos las pelotas! Hace años que vengo denunciando a las SCUM. Luego dicen que uno es un loco. Sus días de gloria se han acabado para siempre.

14)  Ayer fue terrible la chacaleada que me mandé al caminar desde Beiro y General Paz hasta Lugano 1 y 2. Increíble. Son esas pruebas de carácter que te hacen crecer mentalmente, que te muestran que la superación es posible y que con esfuerzo se consiguen grandes cosas.
15)  Los menores delincuentes deberían recibir penas más duras.

16)  Si Macri le da un boleo en el orto a Pete Robledo, a Rodríguez Berreta y la onda progre, lo apoyaría. Es necesario pulverizar los espejitos de colores de la ideología de género. Igual, nada de eso pasará. "Gato" y sus secuaces son progres, lamentablemente.

17)  Pasó Mister Tomorrow y dijo: "Fúmate un porrou!"

18)  Una mujer le dijo a un sujeto: "¡Ya verás!" Acto seguido, le mostró su maldito trasero.

19)  Estoy en clase y hay una rubia a la que me cogería hasta que Macri se acuerde de los pobres. Puan es una tortura.

20)  Una mujer le dijo a un sujeto: "¡Te daré tu merecido, maldito!" Acto seguido, ella le practicó sexo oral.

21)  Un tipo le dijo a otro: "¡Acabaré contigo, maldito bastardo!" A los cinco minutos, eyaculó.

22)  Ni en pedo crío a mi hijo feministo. Yo quiero que sea un asesino serial, un criminal, un loco, un chacalazo fatal, un toro, un guerrero, un tigre, un masón, un cruzado, un musulmán, un tiger, un romano, un judío, un insurgente, un barrabrava, un nazi, un bolchevique, un boxeador. Cualquier cosa menos un pelotudo que escribe "tod@s" y habla todo suave para hacerse el buenito. El feminismo de ahora es una mierda.


23)  Una masa el GOU.

martes, 26 de diciembre de 2017

Sin darse cuenta


  Alguna vez, en el fragor de ser casi la otredad misma, quiso ser muerte. Pero el tiempo le recuperó el tiempo perdido y el aire le dio nuevos aires. Es así que la vida da la vida. Entonces, casi sin darse cuenta, conoció a su persona. 

Nada viejo bajo la luna


  Un contar para dormir, un conteo de seres, situaciones y objetos; un recuento de anécdotas y sueños reflejos y pesadillas miedo. Reconteo: Dios, en el cielo; una chica, en la ciudad; un hombre, en soledad. Un abismo, entre los dos.

Sus ojos


  Ve ver sus ojos, beber de los despojos, de ver de sus antojos.

Para el celular


  Leés con tu celular este texto. Se mantiene la práctica de la lectura a pesar de los siglos y las tecnologías nuevas. Quizás en algunos años haya otro formato, mejor que la pantalla incluso. Todo se renueva. Pero la Biblia, o el Corán, guardan su encanto libro en el tiempo. 

  Encanto libro. Y encanto mujer. Porque por más que inventen un posmundo, una poshumanidad, y hasta un género de degenerados que forniquen con robots, no vas a dejar de sentir atracción por la chica de tus sueños, la que se alejará de vos en una nave espacial con rumbo a un planeta de feministas...

sábado, 23 de diciembre de 2017

Sueños locos CXII (La caída de Macri)





  Aclaro que no celebro lo que pasó con Mauricio Macri en diciembre de 2018. Pero diez años después, me siento lo suficientemente lúcido y maduro como para elaborar una crónica de lo que vi. Aunque no me crean, lamenté los hechos: un presidente que renuncia en medio de desmanes callejeros es una pésima imagen para el país, un monstruo que espanta inversores foráneos y cerebros nacionales. Todavía estamos pagando las consecuencias de que ningún gobierno no peronista no pueda terminar su mandato desde los días de Alvear. 

  Todavía no entiendo cómo fallaron los servicios de inteligencia de todo el país. Quizás no los teníamos. No sé. Pero no puedo explicar la falla casi simultánea de toda la seguridad pública. Fue como si todas las fuerzas del crimen y de la izquierda se hubieran unido en un mes. Mejor dicho, no "fue como si" sino que, efectivamente, todo el espectro kirchnerista, comunista y delincuencial se aunó contra un enemigo en común.

  Según me contaron, hubo una reunión de militancia en Villa Lugano, en los primeros días de diciembre. Cincuenta personas había, quizás algunos más. Tengo entendido que se trataba de una interesante "multisectorial": referentes barriales, pibes chorros, troskos, kirchneristas. Alguien muy pesado pidió que no haya celulares en la juntada. Se revisó a todos los presentes, cosa que ningún servicio informe sobre lo que habría de suceder a la madrugada...

  Treinta hombres armados irrumpieron a las 2 a. m. en la Comisaría 52. En menos de cinco minutos, aniquilaron a todos los policías y prefectos apostados allí. A su vez, se hicieron de las armas de los abatidos, de los vehículos, celulares, dineros, uniformes y de otros elementos. Media hora después, los insurrectos consiguieron desarticular otros destacamentos de la zona, incluidos aquellos emplazados en Villa Soldati y el Bajo Flores. De más está decir que los presos fueron liberados, pero con una condición: sumarse a la revuelta.

  En una suerte de populismo extremo, se incitó a las masas a saquear los supermercados y centros comerciales de la zona, como Jumbo Parque Brown, sito en las avenidas Cruz y Escalada. La chusma, agradecida por la "redistribución de la riqueza", apoyó el accionar subversivo. Todos los barrios del sur de la Ciudad se convirtieron en menos de 24 horas en fortalezas inexpugnables de la revolución en marcha. Por dar un ejemplo más concreto, los monoblocks de Lugano 1 y 2, con sus puentes peatonales y los departamentos situados en pisos altos, daban un refugio ideal para francotiradores. A esto hay que añadir que la mayoría de los vecinos se sumó a la construcción de barricadas para impedir el ingreso de las fuerzas especiales. Solamente algunos helicópteros sobrevolaron la zona durante las primeras horas. Pero uno de los aparatos, perteneciente a la Policía Federal, cayó por el fuego de una ametralladora. Tampoco servía el envío de drones porque caían como moscas ante el veneno de los fusiles robados a la Gendarmería Nacional. 

  Las redes sociales ayudaron a propagar el incendio: millones de anónimos se sintieron motivados a tomar todo lo que querían. Los saqueos se expandieron sin obstáculo alguno. ¡Hasta se llevaban autos de agencias y fábricas! El único delito prohibido fue la violación: tribunales populares ajusticiaban a todos los que fueran acusados de semejante bestialidad. Es más, cuando se liberaron a todos los presos del país, los libertos se encargaron de finiquitar a aquellos que fueron condenados por crímenes imperdonables contra niños y mujeres.

  En algún momento, Macri pensó en sacar los militares a las calles. Pero las leyes no se lo permitían. La Ley de Defensa Interior es clara. Aunque la Constitución permite ciertas interpretaciones... No obstante, tampoco las tropas del Ejército querían prestarse a una guerra civil. Y menos con el riesgo de terminar en el banquillo de los acusados por crímenes de lesa-humanidad. Por otro lado, tampoco había armamento, transporte y combustible para semejante despliegue. Se sabe que las Fuerzas Armadas cumplen un rol ornamental desde el regreso de la democracia. Así que los pocos efectivos de los grupos GEOF, Halcón, Albatros y Alacrán que sobrevivieron a las matanzas se dedicaron a cuidar a los políticos y sus familias. Ya estaba todo perdido. 

 La Blitzkrieg fue imparable: en 48 horas casi toda la cuenca del Río Matanza-Riachuelo había sido tomada. Primero, como dije antes, cayó la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Al día siguiente, fueron conquistadas todas las dependencias policiales de Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y La Matanza. Cada preso liberado se convertía en un soldado fanático de la Revolución. La gente aprovechaba para hacerse de autos, zapatillas, ropa, comida. Los policías que vivían en los barrios eran pasados rápidamente para el otro vecindario y sus armas quedaban en poder de los verdugos. La oposición se acallaba con argumentación de fuego: nadie podía manifestar queja alguna so pena de fusilamiento.

  En verdad, no había liderazgos visibles en todo este proceso. En los vídeos difundidos en redes sociales, los sujetos aparecían con las caras tapadas. Decían que el capitalismo nos esclavizó durante siglos y que era hora de recuperar lo nuestro. En tres días, solamente resistía Puerto Madero. Macri se había fugado a Uruguay junto a todo su gabinete. De allí, fue a Estados Unidos, donde lo recibió Donald Trump.

  Muchas empleadas domésticas, cansadas de los malos tratos de sus patrones, acometieron revoluciones a escala y mataron a los zares y zarinas que tanto dolor causaron a miles. Cada obrero, cada obrera de la Argentina, aprovechó la ocasión para vengar las afrentas cometidas por patrones y mandones. La Avenida del Libertador se convirtió en el lugar de residencia de los que antes eran los más bajos de la escala social: empleados de limpieza, vigiladores privados, mucamas.

 Hay que decir, en honor a la verdad, que esta locura se vivió solamente en las grandes ciudades de la Argentina: Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Bariloche, Mendoza. En el Sur, la RAM, Resistencia Ancestral Mapuche, tomó algunas tierras, pero no pudo avanzar más porque mercenarios altamente entrenados, contratados por los grandes terratenientes, defendieron la propiedad extranjera del suelo patrio. En Malvinas, hubo algo de zozobra, aunque los kelpers se sintieron respaldados por una de las flotas navales más poderosas del mundo. 

  Al cuarto día, seguía resistiendo Puerto Madero. Desde allí, los poderosos se fugaban a Uruguay. Muchas familias querían ingresar, pero las más eran rechazadas. Cada cual aguantaba en su casa lo mejor que podía. Los medios de comunicación acabaron en poder los insurrectos, claro está. Lo mismo con el Aeropuerto de Ezeiza. El mundo miraba con asombro lo que se desarrollaba en nuestro teatro de operaciones.

  Desde los países limítrofes, llegaban refuerzos para la causa revolucionaria. En un momento, los gobernantes de Chile, Paraguay y Brasil, hombres liberales, quisieron parar a sus connacionales de izquierdas, pero reflexionaron que lo mejor era dejar que la bomba estalle en otro territorio.

  En todo Occidente, especialmente en Latinoamérica, se reforzó la seguridad de las capitales para evitar un efecto contagio. En YouTube, los vídeos provenientes de la Argentina causaban furor. Los principales diarios del mundo exageraban los sucesos de acá, pero de nada servía. También se mentía mucho y hasta se hablaba de canibalismo. 

  Al quinto día, comenzó el envío de alimentos a Venezuela y Corea del Norte: la producción agraria fue expropiada. La gente de la Sociedad Rural ya se había exiliado. Con alimentos baratos, los regímenes dictatoriales habrían de estabilizarse. Europa y Estados Unidos miraban con preocupación el porvenir. Los jóvenes de los suburbios iniciaban protestas violentas en todas partes. Vladimir Putin festejaba.

 Al sexto día, la Prefectura Naval Argentina abandonó Puerto Madero rumbo a Uruguay. El barrio más caro de la Argentina era ocupado por las clases más pobres del país. A causa de la "movilidad social ascendente", las villas dejaron de existir. 

  En honor a la verdad, mucha gente de dinero se plegó a la movida. Los jóvenes blancos y universitarios servían de voceros ante el mundo. Muchos chicos vieron a sus madres asesinadas por las empleadas domésticas, aunque el impulso revolucionario podía más (o el miedo a viajar con mamá, no lo sé). Una de las pocas cosas buenas de aquellos días de sangre fue el amor interclases: antes, era pecado mortal que una chica o un muchachito bien se juntara con alguien pobre de tez trigueña. Ahora se había convertido en la última moda. 

  La gente grande de dinero siguió distintos caminos: exilio, fusilamiento, suicidio, o infarto. Ojo, hubo viejos bien posicionados que se acomodaron y aprovecharon la coyuntura para hacerse de algo más. La verdad, existieron muchos matices en todo lo acontecido. No se puede explicar de forma lineal el complejo entramado social argentino.

  A la semana, ingresaron por el Puerto de Buenos Aires miles y miles de soldados de la OTAN dispuestos a pacificar el país. Otros tantos entraron por la Patagonia, por la Cordillera de los Andes y por aire, mediante paracaídas. En tres días, medio millón de hombres recorría la Argentina en medio de combates cuerpo a cuerpo. Una semana más tarde, todos los subversivos armados fueron asesinados o capturados. La mayoría decidió pelear hasta la última bala. El poderío extranjero y su vasta experiencia se hizo sentir: los tanques de guerra y toda la tecnología de punta consiguió aplastar a guerrillas urbanas que jamás imaginaron una intervención extranjera tan rápida y eficiente. 

  Pese al resultado de la contienda, los argentinos exiliados prefirieron no regresar. Eso sí: pudieron recuperar el control de las grandes empresas y capitales. El campo, el petróleo y toda la actividad regresó a sus dueños nacionales y extranjeros. Y, obvio, se cortaron los suministros para Venezuela y Corea del Norte. Estados Unidos y Europa vieron un grave peligro en la conformación de un eje del mal con nuestro país. Se prefirió cortarlo de raíz.  

  En los primeros días de 2019, se consensuó entre todas las fuerzas políticas, y entre las potencias extranjeras, que Sergio Massa asuma el mando provisorio de la República hasta octubre. Ese mismo mes, resultaría elegido con casi el 75% de los votos (recuérdese que buena parte del electorado macrista fue muerto o exiliado). 

  Hay que reconocer que, gracias a la #RevoluciónVeinteDieciocho, las villas dejaron de existir: los humildes pasaron a vivir en los mejores barrios de la Ciudad. A su vez, como parte de un nuevo pacto social, se garantizó el acceso real de los jóvenes de bajos recursos a la universidad (mediante asistencia económica, alimentaria y habitacional).  

  Al día de hoy, luego de dos mandatos de Massa, un peronista moderado, y gracias a la eliminación de sectores muy recalcitrantes del macrismo, se vive mejor que hace diez años. Se goza de paz social, se cerró la famosa "grieta" con los kirchneristas - muchos perecieron en manos de la OTAN - y se evita todo conflicto, so pretexto de no repetir errores del pasado.