Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

lunes, 22 de octubre de 2018

La invención de un proyecto alternativo



  Lejos y en silencio. Provisto de lo justo, lo bueno y lo perfecto. El tiempo de las asambleas incendiarias quedó atrás. Uno vale por todos, pero ninguno vale por uno.

viernes, 19 de octubre de 2018

Leyenda alternativa



  Un joven rico en palabras. Rechazado por las mujeres, odiado por los hombres, pero lleno del misterio de la literatura. 

  Escalera de libros que lleva al sol. El tiempo inventará un lugar en la historia, un nombre, una justificación y un discurso absolutorio para la generación que desestimó a su profeta.

  La verdad vuela.

El agua sobre la piedra



  ¿Qué hay de cierto en eso de que una gotera tiene la capacidad de vencer a una roca con el paso del tiempo? Una gota tras otra. ¡Glup! ¡Glup! ¡Glup! 

  Desconfío de la idea izquierdista de transformar la realidad a través del lenguaje. No obstante, siento que mi palabra puede agujerear un corazón de piedra.

Ciudades para después



   Una ciudad que sea el después, el orbe, el Norte. Un nuevo nacimiento. Otra lengua. Otro yo. Pero siempre y en todo lugar, el mismo dios: Dios.

Retexto



  En la calle o en la cama. En el mar o en el campo. En riquezas y pobrezas. Tiempo de hacer tiempo y de mirar cómo transcurre lo que no se puede cambiar. Los culos y las tetas que pertenecen a damas que no desean compartir. Imaginar vaginas en soledad y esperar hasta mañana y hasta mañana y mañana y mañana nunca de un beso que jamás llegará. 

jueves, 18 de octubre de 2018

Tardes en mi ciudad



  Cuando celeste se hace el cielo y los miedos no alcanzan - no me alcanzan -, prendo un fuego nuevo y miro con satisfacción la obra de Dios en el rostro de esas mujeres que me observan con curiosidad y algo de lujuria. Pasiones que nunca se consumarán. Cruce de millones que no podrán conocerse. No hay Happn ni Tinder que venzan la soledad de la gran ciudad.

  

martes, 16 de octubre de 2018

Capaz de todos los colores



  El sol, siempre el sol. El cielo, inmenso misterio capaz de todos los colores del universo. Todo perfecto, en orden sucesivo de estrellas, nubes, lluvias y ciclos cósmicos. Celebro la belleza del mundo, la gracia de la naturaleza, pero lamento que ninguna chica bonita me preste su vagina para chupar un buen rato...

lunes, 15 de octubre de 2018

La crisis de la soledad y la soledad en la crisis



  Hablé varias veces de la crisis de la soledad, de mis 6 años sin sexo; hablé sobre la falta de cariño cerca de cumplir los 30 años. Hoy quiero profundizar un poco respecto de los días de tocar fondo.

  Lo del suicidio nunca estuvo en mi menú. Tal vez por otros motivos, como dormir en la calle y no tener para comer. Pero matarme por la soledad no pasó nunca por mi cabeza. Exageración literaria de mi amigo y biógrafo Juan Tierradentro. Siempre pensé que el castigo eterno del suicida pasa por contemplar lo que hubiera pasado si... Capaz que alguien desiste de ultimarse y, sin embargo, sigue en las malas. Digo, lo de mirar por siempre qué habría ocurrido si uno no se hubiese fugado obedece a una burla divina, a un misterio de la Divina Providencia. Pongo un ejemplo: de haberme arrojado bajo el tren hace diez años, ahora estaría en un infierno especial cuyo tormento es ver una y otra vez lo bien que me iba a ir en el amor. Evidentemente, no me maté. Tampoco tengo éxito con las mujeres. A esto vamos a ponerle Teoría del Efecto Alan. Tomen nota en los Estados Unidos, que sé que hay gente rubia de la universidad que me sigue. Como diría el gran Leo Mattioli, "presten mucha atención porque ésta es la última vez que les enseño".

  Lo de "la última vez que les enseño" apareció a modo de homenaje a un gran cantante santafesino. Santa Fe, tierra de grandes valores (y valoras, ahora que estamos con la mierda feminista). Sigamos con la crisis de la soledad y la soledad en la crisis (macrista).

  Suicidio, definitivamente no. Yo les seguiré enseñando. A mí me van a bajar a los tiros. Amén de eso, hay días en los cuales me siento para el culo. Mal mal. Lamento mi pobreza, pero más lamento la imposibilidad de seducir. Sufro y me resigno. Me masturbo muchas veces, como un enfermo. Círculo vicioso que acaba con mi vida. Mi cerebro libera sustancias sedantes. Luego, duermo toda la noche como un muerto. La masturbación tiene algo suicida, de puñalada a uno mismo. No hago estas reflexiones desde una culpa religiosa. Soy un alma liberada. Confío en la misericordia divina. Mi punto de vista tiene una raigambre espiritual, pero va más allá incluso. Piensen conmigo los goces vanos: un orgasmo de mano y las sábanas chorreantes de semen. En días de baja temperatura, una sensación molesta en la punta del glande y ganas de orinar durante varios minutos. Otro ejemplo de los engaños de la carne: alguien toma cocaína. El corazón, bien arriba. Minutos después, viene lo malo con estornudos, sed, diárrea, deseo de más y angustia al ver el plato vacío. Parecido a comer como una bestia y, acto seguido, lamentar el terremoto digestivo. Como ven, los placeres mienten. ¡Pero ay de nosotros si prescindimos de ellos! Ah, otro ejemplito, para vos, linda: noche de pasión y luego estás llena de los jugos del otro, que se te caen por la entrepierna. Vas corriendo al bidet (si es que hay un ejemplar de tamaño lujo argentino).

  Hoy lamento mi sequía sexual. Algún día, tal vez lamente otros asuntos. Como aquel miembro del cuerpo social que entró por la cloaca a la casa y luego chilló por estar cubierto de mierda. Abundan los ejemplos. No doy todas estas explicaciones a modo de autoconsuelo. Simplemente muestro la cara de la marginación sexual y afectiva y la contracara de los grandes fornicarios que, pese a su jactancia en redes sociales, no son realmente felices.

  En fin. Parece que deberé seguir a paja y agua, como los caballos...

domingo, 14 de octubre de 2018

Conversaciones de la nada



  Vamos con la prosa conversadora. Propongo que tengamos una conversación de la nada: "Hola, ¿cómo te va?" No te voy a tratar de usted porque no. Creo que tenemos confianza. ¡Decí algo! ¡Y no vale decir "algo"! Acá cualquiera puede decir cualquier cosa. Fíjate lo que publica Juan Tierradentro si no me creés. Bueno, ahora no sabría bien qué preguntar ante tu silencio. ¡Ah! Pienso en voz alta: me gustaría leer diálogos de otros en redes sociales. En vez de un programa de radio o televisión, un intercambio en vivo. Pero con cierto nivel, no una "sala de chat" o grupo de WhatsApp. Ya haremos una selección para una Masonería 2.0. A no desesperar.

  ¿Qué decís? Sigo hablando entonces. Mirá, otro tema que me obsesiona son las mujeres: ¿en qué piensan? ¿Qué quieren de un hombre, si lo quieren? ¿O quieren a varios? Si pudiera elegir un poder, me quedaría con el que obtuvo Mel Gibson en What Women Want. ¡Mucho mejor que ser invisible! 

  En fin. Me voy a dormir.

Reflexiones malsonantes



  ¿Seré un recuerdo o parte del olvido? Imagino una tarde en que haya gente que diga, con nostalgia, que me ha conocido. Concibo una época donde me transforme en referencia de lejanía.

  Veo también un regreso breve, sin aviso. Las manos llenas de toda la justicia poética que no pude dar. Personas a mi alrededor me harán muchas preguntas. No querré devenir centro de mesa. Pero la curiosidad me llevará a esa posición.

  Podré ver con ojos más grandes a los hijos y nietos de Fulano, Zutano, Mengano y Perengano. Las anécdotas brotarán en una atmósfera de fútbol, sueños y arrabal. 

  La esquina verde de la Ciudad.

  

sábado, 13 de octubre de 2018

Diálogo con un peronista metafísico (Juan Tierradentro)



Diálogo con un peronista metafísico

La noche fluía con mansedumbre, el aire estaba impregnado con la fragancia de mil flores invisibles; en el cielo, la luna plateaba el fondo oscuro de estrellas primaverales. El Peronista, empotrado entre el asador y la pared. El piso, lleno de cenizas. Una cerveza a mitad tomar transpiraba al lado de la silla en la que el Peronista leía, absorto, una novela policial. Me senté en un banquito y lo comencé a mirar. El cabello blanco revuelto, la piel cobriza, chaleco, pantalón de gabardina y zapatos castigados; leía mientras aspiraba el humo del cigarro. Dejó el libro de golpe, me miró con sus ojos turquesa apagado y empezó a comentar la situación del país desde la perspectiva de lo “nacional”, “popular”, desde un aparente sentimiento patriótico inigualable. Dadas las cosas, al espanto de las circunstancias actuales, a pesar de mi repugnancia por todo lo ideológico, me vi obligado a congraciarme con su forma de ver (además, en esa hermosa noche, no tenía la mínima intención de polemizar con nadie). Luego de denunciar el caos del presente, con el país tomado por un “gobierno cipayo”, el pájaro peroncho, enigmático, con contornos proféticos, voló hacía el pasado. Habló del Cordobazo y casi lagrimeó al recordar el acoplamiento entre trabajadores y estudiantes para derrocar a Onganía,; habló del ERP, Montoneros, las FAR y FAP, aduciendo que no eran gente pobre ni lúmpenes, sino pequeños-burgueses ilustrados, universitarios y con tiempo de sobra para intentar la Revolución. Él había estado en la EAS, una especie de centro de estudiantes en la escuela secundaria, y no tomó el camino de las armas porque se vio obligado a trabajar a destajo por su situación desfavorable. Pero si hubiese tenido los medios, no habría dudado un segundo en sumarse a la fiebre revolucionaria: los efluvios de la actividad del Che enloquecían a las mentes jóvenes. Cada diez minutos metía la mano en el bolsillo de su camisa, hacia saltar el atado de puchos, sacaba uno y lo prendía. Me habló de las operaciones de los “medios hegemónicos”, de cómo presentan los hechos, de cómo manipulan los sentimientos de la gente y de cómo, finalmente, crean una realidad paralela, ilusoria, mientras los capitales multinacionales saquean a las naciones pobres. Todo era denunciado de forma correcta, precisa, detallada. El diagnóstico de la enfermedad era muy claro: el médico que ofrecía la cura, debería ser, claro está, peronista. Celebré sus denuncias, pero advertí que omitía, al igual que los medios que a él lo espantaban, parte de la verdad: es decir, la corrupción de los suyos. Se refería al peronismo como “nosotros”, de la misma forma en la que un padre habla de su clan familiar, un hincha de fútbol de su club, etc. El nosotros era “yo y los míos versus los otros”. Nosotros, la encarnación de la verdad, lo bueno y lo justo y los otros, la representación del mal. Maniqueísmo ancestral: malos y buenos, ángeles y demonios. El hombre formaba parte del plantel de funcionarios políticos de la ciudad: estaba comprometido con el partido desde su juventud, era parte de un movimiento y la energía de su vida estaba enfocada a defender una causa, en luchar por las banderas, las verdades del grupo. Al igual que un sacerdote, un militar, un abogado, al igual que cualquier hombre que no es libre porque su existencia se agota en las tenazas de la frenética lucha humana. 

La potencia de sus gestos, el vigor y el brillo de sus ojos, los gestos bruscos de toda su contextura cada vez que enunciaba un verdad se fueron desvaneciendo como se desvanece la realidad de un sueño. “Son las once y media”, dijo, en clara señal de retirada. Le estreché la mano y me despedí. Aprendí mucho de aquel peronista casi sobrenatural, que fumaba en la oscuridad.

Divagaciones acerca de la sexualidad (por Juan Tierradentro)




Divagaciones acerca de la sexualidad

Hay algo de impuro en el sexo, es verdad. El sexo no es lo que dice el diario Clarín o Alesandra Rampolla: no es como comer, ir al baño, ducharse o salir a correr. Es un acto de intercambio energético, fluídico, donde nuestra energía experimenta una alquimia y las defensas de nuestro yo se derrumban, dejando afluir un sinfín de impulsos, imágenes, intenciones y conductas animalescas inconcebibles e inhallables en otros planos de la vida. La pureza y la inocencia del no sexo está clara en los niños, o en los animales, que lo hacen de forma mecanizada, con fines reproductivos. No estoy apelando a los ridículos pretextos religiosos que buscan aniquilar los instintos y reducir al ser humano a un despojo de represiones brutales y fantasías peligrosas: ese sexo clandestino y subterráneo que ocurre en un escenario enfermizo donde se desata una verdadera batalla simbólica. Pero una vez que hemos ejercido el sexo por primera vez, hay algo que se corrompe dentro nuestro y la mente comienza a cultivar pensamientos conspicuos, a desear más relaciones, formas, personas y la variedad erótica que la imaginación concibe a veces llega a fantasear lascivias hasta con seres extraterrestres. Tengo un amigo, muchacho sensato que disfruta del sexo, que dice que en las temporadas ausentes de orgasmos la pasa mejor, está tranquilo, tiene más energía, etc. Luego, cuando retoma el raid "orgasmal", se siente perturbado, distraído y falto de ánimo para emprender otras actividades. El problema aquí, quizás, no sea el sexo en sí, sino cómo lo expresamos, sublimamos o reprimimos, es decir, lo que pensamos que el sexo es, lo que pensamos antes y después del sexo.

Cuando el deseo brota de la conflictividad, seguramente el acto será conflictivo, confuso; deje una sensación de vacío espiritual, culpa e insatisfacción. Porque la dirección del deseo es la mera satisfacción y solaz de su propia fruición. Esa agitación conecta con alguien en la misma sintonía y uno termina frotándose con un cuerpo: una especie de masturbación encubierta e inconscientemente pactada con un ser extraño y pasajero. Aquí el placer es asustadizo, se sacía el desfogue, pero no pasa mucho tiempo hasta que extrañas sensaciones suben por el ascensor de nuestra psique y nuestra consciencia se plaga de nuevas insatisfacciones. Cuando el deseo se manifiesta y expresa ligado a sentimientos más profundos, de afectividad y conexión en otros niveles, la resultante es menos conflictiva, y, culminado el acto, los amantes se regocijan en la miel de una dimensión más elevada y aquiescente. Pero hay más: esto último, los impulsos eróticos básicos en consonancia con el "amor" mutuo, no bastan para que yo deje de pensar que hay algo corrupto, impuro y hasta deleznable en los jadeos, la agresividad, las caricias, las palabras y el orgasmo final (no me puedo desapegar de un sentimiento de rechazo que a veces roza con la repugnancia). El elemento de corrupción e impureza en la primer forma de sexo es más letal y perceptible. En el segundo, menos visible, más desdibujado. Pero el niño, el árbol y el animal siguen presentando ese halo de pureza que no está presente en el adulto humano activo sexualmente. ¿Qué es, pues, eso que se "ensucia", que se "pierde" cuando maduramos en el arte del erotismo y en la necesidad recurrente e imperiosa de tener relaciones sexuales? Dejo la pregunta abierta, porque aún no he podido dar con la respuesta.

Pesca en Tinder (por Juan Tierradentro)



Pesca en Tinder.

No es fácil separarse, pero Lucrecia me dijo que si nos divorciábamos, ella no iba a perder tiempo: ese acicate me estimuló a buscar alternativas y probar cómo andaba, después de tanto tiempo, en el inframundo de la seducción.

Los primeros meses intenté dominar y sublimar el deseo a través de el asectismo, el orden, el deporte y la pintura. Pero la líbido presionaba incontenible. No había actividad que logre reemplazar al orgasmo, todo lo contrario: después de la tortuosa represión, venía la masturbación. La calle estaba jodida: en esta enorme ciudad es difícil filtrear con alguien en plazas, calles, avenidas y bares; la bulliciosa humanidad se te viene arriba como un torrente descontrolado, pero nadie te mira la cara. Por consejo de mi amigo Alan Christian, me bajé la aplicación Tinder y salí de pesca. Había de todo: mamás luchonas posando procaces con sus bebés en brazo, como advirtiendo que para montarlas había que hacerse cargo del huerfanito; mujeres obesas de ojos saltones, poseídas por una necesidad obsena de ser serruchadas; estúpidas instragrameras que tenían Tinder por mera expansión de su infinita red de histeria asexuada; veteranas que en vez de fotos atractivas subían memes de frases orientalistas y berretamente panteizantes; maricones desvergonzados que se hacían pasar por mujeres, universitarias mojigatas en busca de nerds solteros, mamás burguesas y veteranas en a la caza de jóvenes de la edad de sus hijos: un extraño maremágnum de voluntades en busca de encuentros eróticos que nunca ocurren. En fin... Tiré un par de "matchs", recibí otros, pero decidí retirarme de ese corso enloquecido de levante estéril. Prefiero seguir con la faena sublimatoria que ser un payaso copulador de ese circo de soledades penosas.

Lleva en el viento



  Se valoran todas esas omisiones que nos han facilitado la vida. Lo que no dijiste ayudó mucho en mi andar, quizás también en el tuyo.

  La tierra, el sol y el viento. Entre el cielo y el pasto, en una ciudad que no me quiere, miro hacia dentro y te veo, otra vez, con la paciencia de ayer. Sí, me renuevo en tu recuerdo.

  Nada nuevo. Frases tontas amontoné recién. La sinceridad y la sencillez no hacen arte, no llenan. Este escrito surgió simplemente como expresión de desahogo. 

  Me pregunto dónde estará la Damita del Porvenir. ¿Y si ella solamente existe en mi torpe esperanza? Quizás me inventé una excusa para ir al frente. Admito que muchas veces no tengo el valor para ser yo solito en el mundo. Cada tanto, la soledad me quiebra y me entrego por entero al sueño de que un día todo lo malo acabará.

  No solamente de pan vive el hombre...

viernes, 12 de octubre de 2018

Observaciones ciegas



  Lo último, que me abismo en un ocaso de mil mañanas, mañanas de mis noches, noches de mis noches y acá se corta por ahora. Pero vuelvo sobre los pasos de antes y hago, una vez más, el dibujo imposible de stop and go. Juego, mundo frenético de corridas, sueños locos, tiros, barrios monobloqueros del Sur e inasibles tipos que entregan su reino por una felación estrella.

Mis trampas



  Hablar de bueyes perdidos puede hacerte rico. Porque los animales de la conversa bien llenos podrían estar  de algo prohibido. Drogas. U otras cosas. El lenguaje como disfraz.

  Tal vez pueda yo generar bronca con mi jueguito de párrafitos pálidos. Pero hay constelaciones por descubrir en mi textualidad vacilante, degenerativa, temblorosa e inmoral.

  No existen bueyes perdidos sino gente que no sabe buscar...

Oscilaciones para variar



  Me sigue viva la pasión por la frase evasiva, vacía. Hago discurrir las palabras sin esmeros ni planes. Aburro. Pero repentinamente dejo entrever un pene erecto, una vagina depilada, una boca húmeda, un ano roto, una nariz blanca, un corazón verde, una cabeza hueca.  

jueves, 11 de octubre de 2018

Un discurso que se repite



  ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde oí que el artista no ama en la mujer más que el reflejo de su propia obra, previamente ejecutada en su cerebro? Digan ustedes, ustedes mundo, quién dijo tamaña verdad hecha para mí, verdad finita, verdad personal...

  ¿A qué viene este torbellino de ideas fuertes? Hace unos días, alguien me comentó, a través de estas páginas, lo siguiente: "Acaso pasaa tu vida enamorado y contemplativo??? Buscas mucho Alan.".


Respondo a lo que me escribió esa personita, probablemente mujer, probablemente una rubia del Interior que vive afuera: no paso mi vida enamorado. Y, contrariamente a lo escrito en el primer párrafo, no proyecto mi obrita en chicas que veo ni busco correspondencias entre mis gustos y virtudes ajenas. Funciono con un esquema clásico: las musas motivan mi creación.

 No sé por qué, pero mi don de clarividencia me dice que me comentó la Rubia de Kill Bill. La saludo entonces, te saludo entonces. Habrán visto ustedes, vos, cómo cambio de tiempo y persona con bastante fluidez, aunque esta última palabra no me simpatice por ser la heroína que se inyectan los posmo.

  La mujer fundamental en mi vida, la que me salvó de la muerte, es la Virgen Atea. Junto a ella, ha obrado la Piba Troska, versión más terrenal y accesible de la primera, que ha tomado muy malas costumbres de Europa, construcción cultural decadente en muchos aspectos. Digo, ella sigue siendo la misma. Pero parece francesa a esta altura. Destino fatal de los expatriados olvidar el acento de su patria.

  Bueno, la Virgen Atea se fue a Europa. Ya la hice trabajar demasiado en mi obra. Descansa. La Piba Troska vive en Argentina, no es cosmopolita. La tengo cerca. Pero descansa también. Me queda, entonces, la Señorita de Amargo, pero no sale de un pasado lejano, de un amor precoz  de 2012. Y de la Rubia de Kill Bill no supe más nada. Murió ahí, en una orgía con tipos bellos que no la quieren como la quise yo, castamente, en ese glorioso verano porteño de 2016.

  Ahora conocí a Azul Schlimberg. Hay una amistad incipiente, tibia. No creo que el tiempo, la vida y Dios jueguen en mi favor. Como era de esperarse, tiene novio, condición que ostentan las mujeres que me gustan (no sé por qué, pero las solas no suelen atraerme físicamente ni desde el trato y la conversación).

  Vuelvo al comentario que suscitó todas estas reflexiones: no vivo enamorado, pero sí soy muy contemplativo. Eso sí: yo no busco mucho sino que encuentro poco y nada. Pasan los años y estoy cada vez más solo. Voy a llegar a los 30 sin contar aunque sea con una amiga "con derechos", como se dice hoy.

  Como le dije a mi amigo Juan Tierradentro, columnista de este humilde espacio, cada tanto sufro la crisis de la soledad. Me angustio y me siento mal. Más de una vez no le hallé sentido a la vida. En sí, tuve una trayectoria afectiva y sexual muy desgraciada. Me inicié con una prostituta a los 14. Volví a tener relaciones a los 18 recién, también dinero de por medio. Hasta los 21, todos los meses, cada vez que cobraba mi magro sueldo, iba a algún prostíbulo a reventar mi bolsillo y mis testículos, llenos de frustración. Meses antes de cumplir 22, pude tener mi primera vez con una no profesional, una amateur, "lo normal". Dos años después, una relación fugaz con la Señorita de Amargo. En síntesis, tuve intimidad no rentada con dos chicas nada más. Fracaso total. Como si fuera poco, llevo seis años sin sexo. Me desafié a no ir con rameras. Lo considero "trampa". El problema estriba en que no consigo el éxito ni en persona ni a través de medios como Tinder, donde se reproduce la gloria de los machos alfa y el infierno de los pobres miserables como uno.

  No digo, a todo esto, que tenga esperanzas en desarrollar un vínculo íntimo con la señorita Schlimberg. Pero me consuelo al verla. Me hace bien. Ella no sabe nada de estas miserias humanas que cuento aquí. Creo que ni siquiera en un estadío de mayor confianza le participaría todas estas penas. Me basta la gracia de verla y de escucharla. Mi soledad se apacigua en compañía de Azul.

martes, 9 de octubre de 2018

Plan de chamuyo



  ¿Y si me convierto en un musulmán de la seducción? El creyente islamista guerrea sin importarle si gana o pierde. Cumple su cometido. ¿Qué pasaría si avanzo en la conquista sin cálculos de por medio? Jihad afectiva. 

  A ver: no habrá avances contra la voluntad de nadie. Lo del párrafo anterior fue circo para estorbar a los progresistas. Realmente, sólo quiero conversar con alguien que me agrada. Crear confianza. Dejar pasar el tiempo. Obrar a conciencia.

  Debería mantener el pulso durante meses. Preservar las intenciones. No entregarme a la resignación. Veremos...

Tu turno



  Feliz fatiga. Más que mirar los principios del partido, de la secta, mirar los finales. En el medio se tergiversa todo, ¿no?