Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

viernes, 11 de julio de 2014

Sueños locos XXVI (Los Federales)

  





       El viento acosaba a las tristes paredes del lugar. Una postal más en una tarde invernal que todos recordarían. Cosas de la vida que mueren en las calles del olvido comentado por todos los comensales (todo vuelve aunque ahora pretenda construirse un silencio universal sobre los hechos que consignaré a continuación).

      La palabra "cosa" es tachada de vaga, imprecisa y carente de significado. Tal vez si dijera "cosas" estarían filosofando en las grandes ligas de los charlatanes y embaucadores alemanes. Yo solamente digo que de aquellas situaciones que se presentan en mi mente en forma de recuerdos, voy a transcribir la que me parece más significativa.

       Recuerdo un lugar al Sur pero no muy lejos de la Capital (creo que llegué con un ramal del Ferrocarril Roca). Campo, verde, algunas plazas y calles tramposas. Así era el paisaje que visité en un viaje de ida. ¿Cómo explicar que cortando la manzana en diagonal con la vista alcancé a percibir a esos hombres que venían por mí?

        Los locos que me seguían eran más verdes que los del Ejército y la Gendarmería juntos. Tal vez eran el rejunte de ambas fuerzas. Sólo puedo decir que me siguieron por Glew, Guernica, Alejandro Korn, Cañuelas, Tristeza y Soledad y algún lugar más que no alcanzó a recordar. No sé qué estaba haciendo ahí. Sólo recuerdo que escapaba de los vigilantes yendo en círculos o volviendo a la escena del crimen. Me pierdo en aquella geografía suburbana, lejana. Encuentro como explicación que todo da igual: hasta pisé La Matanza en mi agónica huida.

        Sabía muy bien que no podría salirme con la mía. Debía pagar mi crimen con la vida si fuera necesario. Ellos conocían lo que hacían en ese teatro de operaciones: buscar y destruir. Una hippie me dijo en la sucesión de imágenes finales "conoces tus derechos". Yo adivinaba mi final. El jaque mate se avecinaba. Mi intención fue morir de pie aunque más no sea prolongando la huida hasta el abatimiento total de mis fuerzas físicas y mentales.

        Era más que seguro que me iban a reconocer: hombre blanco, pelo largo, ojos miel con verde, tez sonrosada y semblante de joven despreocupado hacen a una descripción más que perfecta e inequívoca en un entorno de hombrecillos marrones y masificados por sus gorritas gringas tejidas en China. A esto hay que agregarle que llevaba puesto un perfume importado poco común entre los moradores de la zona. Con suerte podía desarreglarme un poco pero ya era tarde para volver a nacer o ser otro ser.
      
     Ya dije al principio que el viento acosaba a las tristes paredes del lugar: la estación de micros daba señales claras de que iba a morir junto a mí. Se caía todo como un castillo de naipes soplado por un negro saxofonista. Moría. Estaba escondido en el baño simulando ser un pasajero en emergencia intestinal.

      En esa secuencia de adrenalina pura, el Alférez are la puerta y ve que no estaba haciendo nada inherente al inodoro. Comienza a sospechar y a mirarme fijo a los ojos. Lo secundaban dos cabos de tez trigueña y ojos pardos como la noche misma envuelta en sus misterios provincianos...

- ¿Qué está haciendo usted ahí? - Preguntó el Oficial.
- Ya me estaba yendo. Pasa que el viaje es largo y...-
- ¿Quiere ver si puede alivianar equipaje antes de la partida?-
- Sí, aunque tenga los pantalones puestos... -
- Esto se llama "especulación de un cagador". - bromeó uno de los milicos.

       Entre risas, risas y más risas, me ruboricé y me hice el desentendido para salir del trance fatal. Un fugitivo de las Fuerzas Federales no puede perder el tiempo bromeando con sus verdugos. Zafé. No se dieron cuenta de que yo era yo. Y yo sabía que debía huir antes del atardecer pues ellos habrían de buscarme por cielo, mar y tierra con perros y helicópteros. Más si pasaban las horas y yo no me entregaban a sus afilados machetes.

       Entre un chiste y otro, me tomé el micro a Retiro pero me bajé en Leandro Alem y Corrientes. Era consciente de que nunca iba a estar fuera de la jurisdicción de las Fuerzas Federales y sus comandos adiestrados para matar sin piedad. Aunque parezca mentira, llegué hasta La Plata en mi huida desesperada (el 129 me lo tomé ahí). Entre corridas maratónicas y pedaleadas fantasmales logré esquivar los controles mentados para detenerme. Ya en mi ciudad natal de Buenos Aires temía por Prefectura pero los navales estaban bien adentro de Puerto Madero. Gracias a Dios conseguí tomar el colectivo que me dejó en casa (allí escribí este cuento).

       A pesar de que mi rostro fue dibujado por expertos, la reproducción fue inexacta. El identikit no iguala la magia de una fotografía, que jamás llegaron a tomarme. Para completar la fuga idealizada, evité usar la tarjeta magnética para abonar los pasajes de los trenes, colectivos y micros que tomé (la bicicleta me fue prestada por la novia de un amigo que vive en Monte Grande. Como la bici era plegable, me la llevé en mi mochila). Siempre pagué en efectivo para que los servicios de inteligencia criminal no puedan encontrarme. Impunidad total para este prófugo que escribe su diversión.

        ¿Qué hice? ¿Maté? No. ¿Robé? No. ¿Violé? No. Solamente le dije un piropo a una mujercita guerrera que resultó ser la hembra de un jefe lleno de estrellas, soles, planetas y constelaciones. Cuando pasé cerca de ella le dije "hagamos el amor y no la guerra". Salieron a correrme pero los ladronzuelos de Villa Lugano aprovecharon la situación para llevar a acabo sus fechorías. Los de verde volvieron al trabajo correspondiente y me dieron ventaja. De todas maneras, cuando desistieron de atraparme porque le reventaban los teléfonos con denuncias de hechos grosos, me advirtieron que me fuera muy lejos porque iban a buscarme por todos lados. Luego me enteré por boca de unos de ellos de que el capo del escuadrón, el que se sintió mal porque le dije algo a su tajo, pedía mi cabeza pero sus hombres demoraron la ejecución de la orden so pretexto de que estaban ocurriendo bardos más heavies (la leyenda urbana diría que se demoraron en ir tras de mí porque los subalternos despreciaban a su superior. Supuestamente, era un acosador de las jovencitas recién incorporadas a la Fuerza. O sea, el tipo me la tenía jurada por una frasecita pero él hacía cosas mucho peores, era un guaso consumado, un bandido sin igual en lo sexual).

          ¿Ya ven por qué las mujeres no pueden estar en la milicia?

4 comentarios:

  1. Jajaja...bastante Ad hoc el "piropo" que por cierto etimológicamente tiene bastante de fuego. Dificilmente la mujer pueda ocupar un lugar de autoridad con sujetos que en lugar de considerar el reluciente metal que adorna su costado se ocupen de lo que pretende ocultar su uniforme.

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    1. Halando estrictamente desde lo personal, me cuesta mucho ver a la mujer como policía, profesora, doctora o lo que fuere: siempre la veo como mujer, como hembra. Es más: quizás el esfuerzo sobrehumano que hace la dama para esconderse en su profesión, para tapar su femineidad en pos de una igualdad castradora y ficticia, digo, esta "virilización" forzada tiene algo muy sensual, que vuelve más atractiva a la persona que la adopta como forma de vida. Un ejemplo de esto que digo es la boxeadora argentina Carolina Duer, campeona mundial de su categoría. Muchas gracias por comentar. Saludos.

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  2. La manipulación del cuerpo de las mujeres en la p…: http://youtu.be/z_ApLcH82gg

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