Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

jueves, 30 de junio de 2016

Sueños locos LXIX (Alfonso Prat-Gay)

 


 Esa mañana de domingo, en medio de una lluvia que golpeaba mi ventana, me levanté muy enfermo. No me dieron ganas de comprar el diario a sabiendas de que no podría leerlo. Porque, a decir verdad, no leo ni estudio si la fiebre me consume el cuerpo y la mente. Como un muerto vivo, caminé el angosto y corto pasillo que conecta las habitaciones y el baño con el comedor, la estrechez de Lugano 1 y 2, la austeridad forzada de la vivienda social. Me costó llegar a la mesa del desayuno. Como no iba a haber La Nación,  tampoco facturas. Si salgo por algo, salgo por todo. Pero bueno, nunca faltan café y galletitas. Con expresión apesadumbrada, me senté y miré a Alfonso, la nueva pareja de mi madre. Lindo tipo, buen aspecto. Ella merece alguien así, de la misma edad y bien parecido. Mi vieja, pese a ser de clase obrera, se ve que tiene lo suyo como para seducir a un rico que se encarga día a día de fundir nuestro amado país.

  Mucha plata no tenía encima. No había cobrado por los trabajos que hago por ahí y por el mecenazgo de un judío generoso amante de mi blog. Dicho sea de paso, siempre estoy abierto a que colaboren con este pobre servidor. Bien, tenía que comprar urgente antibióticos. Se podría decir que mi garganta "lo pedía a gritos" pero ni podía hablar. Como pude, le dije a mi vieja que me preste dinero para los remedios. Ella me iba a dar más de lo que necesitaba inclusive. Pero Alfonso, Alfonso Prat-Gay, no tuvo mejor idea que darme un discurso de ajuste: "Tu mamá te va a dar solamente cuarenta por ciento del valor de las medicinas. Estamos en una época de austeridad. Vos vas a tener que sacar el resto de la guita de donde sea. El país está mal. Cada diez años viene un caudillo de alguna provincia lejana y arrasa con todo. Hay que moderar el consumo. No se puede tirar manteca al techo. La fiesta se acabó. La prioridad es combatir la inflación y alcanzar la pobreza cero".

  Ni bien terminó con su discurso, lo agarré a los sillazos. Después, por temor a las represalias de este loco y de mi madre, corrí por el pasillo y, una vez en la puerta del baño, comencé a arrojar objetos de allí y de las habitaciones. El comedor parecía un campo de batalla de Siria. Alfonso se fue apaleado y ensangrentado. Cortó con mi vieja. Ella, por despecho, me rajó. Priorizó el chongo antes que al hijo. Pero la perdoné porque, pese a ser un hijo de puta, no una buena persona como Kicillof, es lindo tipo y las mujeres suelen ser frívolas y muy pocas entienden de política. 

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