Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

martes, 7 de abril de 2015

Sueños locos XXXV (León del aire)





    Arriba de todo colgaban los jardines que yo menté, que yo legislé. Para llegar a ellos, había que subir escaleras hasta el final de los edificios del Nuevo Lugano 1 y 2 que yo inauguré. Sueños de progreso social y urbanismo para el tercer milenio. Las islas flotaban en el aire para dar verde y vida al complejo habitacional. Los monoblocks florecían de sol y paz. Los subtes cruzaban todos los puntos de la ciudad. Buenos Aires era la capital que todos los argentinos queríamos...

  Yo la inventé: la ilusión de una Buenos Aires renovada. Subí un montón de escaleras en medio de la angustia de la madrugada sólo para verla, quería saber que allí estaba, que era verdad. Todos dormían. Yo hice ese futuro pero tenía miedo de no poder acceder a él. El centinela era otro. Un hermoso hombre rubio de ojos claros cuidaba esos jardines que yo hice flotar al lado de los pisos más altos. Les digo la verdad: sentí temor al ver a ese tipo tan bien constituido. Era como una especie de Jesús. Fue casto durante años. Guardaba mucha fuerza de la adolescencia. Me atrevo a decir que jamás vi a varón más hermoso con la excepción, claro está, del mismo Dios hecho hombre...

   Me congeló esa mirada celeste azulada, si existe tal color. Ojos así no he vuelto a ver. Alucinante. Quedé helado. El hechizo de los rayos polares me fulminó. No pude avanzar. Quedé admirado ante tanta belleza viril. El sol le caía en forma de risos al individuo de contextura hercúlea. Cuando se me pasó ese efecto, quise avanzar pero el tipo amenazó con matarme...

- ¿Quién sos? - 
- Yo soy Alan, el hacedor de estas inmensidades de verde y vida. -
- Hubieras empezado por ahí. -

   El muchacho me abrazó. Me quitó la vida entre sus brazos de tan fuerte que era. Todavía recuerdo su dulce perfume de brisa marina y el aliento a menta. También tengo en mi piel el tacto de la suya: era suave como la crema. A pesar de ser tan duro de carnes, tenía un algo muy femenino, muy delicado...

- ¿Puedo pasar? -
- Yo tendría que preguntarte eso a vos, gran Legislador. Adelante. 
- Bueno, tu presencia y tu corazón me superan en todo. -

   Después de esa noche de ansiedad, angustia, soles de artificio y miedo, nos hicimos muy amigos. Él no sabía que yo soy el hombre que reinventó Buenos Aires. Yo me había retirado hace rato. Vivía en la austeridad del olvido, del destierro voluntario. Casi nadie me tenía en mente. Ejecuté los planes de mi visión y me fui al retiro de la soledad. Me consagré a Dios, a los libros y al estudio. También me dediqué a escribir. Es verdad que fui leyenda de muchos porteños pero eso no me importaba. No digo estas cosas con jactancia sino que hablo con ánimo de verdad.

  El rubio de barba de oro y melena soleada fue nombrado por mí Director de Artes. Yo conservaba mucha influencia pese a estar en las sombras. La música porteña de la noche era suya. La ciudad tenía un sonido distinto cada madrugada. No me olvido más cuando me apareció un holograma suyo enteramente trajeado: dijo que estaba feliz de la vida por mi movida y que quería tomarse unos cuantos vinos conmigo. Yo sonreí. Me gusta la gente agradecida. Yo inventé todo esto. No me quiero levantar mi propio monumento pero soy mentor de todo lo que está entre la General Paz, el Riachuelo y el Río de la Plata.

   El "León del aire" y yo teníamos algo en común, una misma pasión...

Enlace de interés:
http://surferpunks.blogspot.com.ar/2013/01/centinelas-del-aire.html

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