Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

sábado, 4 de octubre de 2014

Felicidad de arrabal...

       






         Tan solo una tarde más. Una tarde de ayer. Sí, ayer otra vez. Viernes 3 de octubre del año del Señor 2014. Año de pocas bendiciones y pocas plegarias. Año de dolor y soledad. Nada más. Pero por un rato pude ser feliz. ¿Cuándo? Sí, ayer. Iba en el 36. Viernes otra vez. Iba para Lugano, un lugar muy oscuro de esta tierra. Miraba por las ventanillas del colectivo. Siempre voy mirando. La vista es un sentido muy importante en mí. Me encanta mirar. No me gusta mucho ser mirado pero sí mirar. Miro todo. Perdido en mis pensamientos, mis suspiros y mis reflexiones, la avenida Rivadavia había quedado lejana como la nada. Mi quietud se cortó cuando vi a una rubiecita preciosa de ojos verdes hablando por celular. Sentí un acento foráneo, otro idioma. Yo estaba sentado frente a ella, cara a cara. Tal los asientos de algunas de nuestras líneas. No entendía bien en qué hablaba la chica. De fondo, el murmullo del resto de los pasajeros, el ruido del motor diesel, el tránsito y la lluvia. De golpe advertí que la gringuita tenía una "Guía T". Estaba pérdida la pobre. En un momento, cuando estábamos en la Autopista Ricchieri, me preguntó cómo ir hasta Palermo. Le dije que estaba yendo para el otro lado, al revés. Sí, para Villa Celina. Una rubita divina en medio de la pequeña Cochabamba que tenemos del otro lado de la General Paz. Una experiencia verdaderamente antropológica. El precio que tiene que pagar la "raza superior" por tanto racismo.
            A la altura de la calle Murguiondo subió la Gendarmería para pedir documentos. Ella mostró su pasaporte. A la vuelta, en la Avenida Cruz y Cafayate, bajamos. Yo la acompañé a la parada. Llovía. De noche. Ella y yo solos ahí, hablando de todo. Me contó que es alemana, que tiene 18, que está acá haciendo un voluntariado y que vive a una hora de Suiza. La sonrisa perfecta de ella y esos ojitos verdes me alegraron mucho. Me sentí vivo: adrenalina, ansiedad, locura, vértigo y pasión. Todo lo que busco en una mujer, en una relación, una experiencia o lo que sea. No quiero otra cosa. No me gusta lo "común". Anhelo con toda el alma que un día cualquiera venga antes que la muerte esa dama que me haga feliz y que corte con esta vida de miseria, soledad y marginación en pos de un mundo nuevo de amor, alegría e imaginación. Quiero todo. Desespero de esta nada. No doy más. Odio estar solo, no tener un empleo estable, no poder irme a vivir fuera de la casa materna; y odio sentir que no tengo futuro. Estoy necesitado de una nueva epifanía, de una manifestación real de lo divino en nuestros días. Quiero cambio. Quiero cambios. A pesar de querer tanto en tan poco tiempo, no me atreví a pedirle el número de celular: no quería que se sienta invadida, acosada. Es una señorita europea en Sudamérica. Así que yo le escribí mi nombre y le di mi teléfono. 22 hs en un barrio periférico de la Capital. ¿Se podría sentir bien una extranjera con un desconocido?
              Ojalá que me llame. Ojalá que se acuerde de mí. Sería un sueño tener una novia así. Pero bueno, si no llama, no importa. Por lo menos vi a una diosa en mi barrio, ahí en el cruce de las avenidas Cruz y Cafayate. Es lo que hay. No hay más. Por mucho que uno pida, no hay más, no hay nada más. Solo hay un dios que no existe. Y no hablo de Dios, que existe pero lejos de todos nuestros problemas y dolores. A mí me toca sufrir en esta tierra, llorar y lamentarme por la soledad. Ver morir mis días sin nadie alrededor. Tengo 25. Me dicen que "ya va a llegar". Cuando tenía 16 me decían lo mismo. No va a venir. El Mesías fue colgado, no va a venir. Cuando vuelva, va a ser para moler a palos al resto de la humanidad. Es terrible. El mundo es una gran tragedia por mucha comedia que yo le ponga. No sé, no sé nada. No puedo pensar ni escribir. Solo sentir esas ganas locas de que suene el teléfono con algún mensaje de texto o algún llamado. No sé si va a pasar. Lo quiero con toda el alma pero no está en mí manejar la voluntad ajena. Solo me tengo a mí mismo. Me siento solo en el mundo. No veo nada más. Desesperación. Haber probado la miel y que me haya sido arrebatada hizo que mi hambre se multiplique, que mi deseo explote en este punto de alienación y delirio. Qué sé yo. No puedo escribir más. Dejo acá.

2 comentarios:

  1. Yo la hubiera acompañado hasta su destino. Nobleza obliga!!! Carlos Villa.

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    1. Pasa que la chica es alemana. Son personas frías. Y pueden interpretar la situación de mala manera. Hay que saber entender el contexto: de noche, en Sudamérica... Muchas gracias por leer y comentar. Saludos.

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